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Tribuna abierta

Erasmus, ¿por qué solo para estudiantes?

Por Juan José Goñi Zabala - Viernes, 28 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:12h

Erasmus+ ekimenean parte hartu duen ikasle taldea, Holandan.

Un grupo de Erasmus+ en Holanda. (JASO IKASTOLA)

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Erasmus+ ekimenean parte hartu duen ikasle taldea, Holandan.

El programa Erasmus tiene como objetivo mejorar la calidad y fortalecer la dimensión europea de la enseñanza superior fomentando la cooperación transnacional entre universidades, estimulando la movilidad en Europa y mejorando la transparencia y el pleno reconocimiento académico de los estudios y cualificaciones en toda la Unión.

Iniciado hace 30 años, ha permitido que casi 500.000 estudiantes universitarios españoles hayan cursado estudios o hecho prácticas en otros países europeos, mejorando sus habilidades de autonomía vital en otros entornos sociales, durante su proceso de su adquisición de conocimientos y acreditaciones. En Euskadi, la cifra de alumnos en salidas, que participan en el programa, supera el 3% anual -unos 1.500-. El programa incluye además intercambios de docentes y prácticas en empresas. En este programa participan más de 600 instituciones europeas, principalmente de enseñanza superior.

Esto es sin duda un buen camino para acercar los modos de operar en un futuro de las organizaciones y sistemas docentes en el ámbito de la comunidad europea. Los estudiantes participantes también valoran positivamente estas estancias, y manifiestan las diferencias que perciben en los modos de organización académica y también en la gestión de las empresas a las que tienen acceso en sus prácticas.

Lamentablemente, a su retorno se encuentran con la inexorable realidad de un altísimo paro juvenil de titulados superiores, el doble de la media europea, cuando en los países del norte que pueden haber visitado en su etapa Erasmus, la incorporación educativa es mucho mayor. En muchas ocasiones optan por volver a esos países para encontrar un puesto de trabajo más acorde a sus expectativas o al menos a las competencias adquiridas en su etapa formativa. Nuestras limitaciones para poder responder a esta avalancha de jóvenes con saberes no utilizados, están en la escasa continuidad y en el nivel de cualificación del trabajo que se genera y ofrece.

La baja cualificación del trabajo será el problema central, del que se derivan muchos otros, si no se crean empleos que requieren de un conocimiento específico y una línea continua de progreso, formación y desarrollo profesional. Los problemas derivados de esta baja cualificación son la precariedad laboral, la ausencia de formación en las empresas, la desmotivación fruto de una falta de continuidad, los bajos salarios, la sobrecualificación de muchos jóvenes, el competir por costes, la falta de cotizaciones que puedan garantizar rentas pasivas, y así una interminable lista de problemas citados todos los días en los medios.

Seguir por la senda de crear empleo de muy corto recorrido, discontinuo y sin aplicación del saber, es abrir el camino a una nueva crisis, esta vez de la burbuja laboral sin futuro

En definitiva, existe un factor crítico y determinante de todos ellos que es la naturaleza de los trabajos que existen y van a existir. Los que se crean son valiosos si generan y aseguran rentas futuras, y si son trabajos de aportación de mucho valor basados en el uso de conocimiento específico, y que tienen alejados aún los riesgos de automatización informática. Los que se destruyen son los de poco valor, y que por su carácter repetitivo o burocrático caen en manos de los programas informáticos que los reemplazan.

Pero los trabajos que más crecen en España (INE 2015) son el comercio, los restaurantes, la sanidad y los hoteles. Son los individuales de tipo físico no automatizables en los servicios a personas, o de manipulación de instalaciones, herramientas y mercancías. Estos son trabajos operativos, salvo la sanidad y la educación, que no requieren de altos conocimientos ni tecnológicos ni sociales, y que se aplican a situaciones de temporalidad manifiesta por turismo o servicios, con contratos muy cortos, por subcontrataciones por puntas de trabajo, en campañas comerciales de periodos festivos o temporadas climáticas. Pero estos trabajos tienen un recorrido corto porque pueden ser rápidamente sustituidos cuando llegan otros modelos de negocio alternativos, una mayor oferta laboral o les llega una potencial de automatización por dimensión, con la utilización de sistemas automáticos, de robotización y de servicios de información computerizados.

Este tipo de trabajo que se crea es por naturaleza de baja productividad, con salarios reducidos por abundancia de oferta de mano de obra no cualificada o cualificada, y además requiere una edad laboral relativamente joven, lo que aumenta el paro en edades maduras en personas de baja cualificación. Pero, ¿quién define el tipo de trabajo y las condiciones del mismo en cuanto al valor generado, a la innovación necesaria y a la aplicación de un mayor conocimiento en los trabajos? En el sector privado ni público no son los estudiantes, lo hacen directamente los empresarios y también indirectamente los gobiernos, actuando sobre las regulaciones económicas y laborales, propias y ajenas. También lo hacen directamente los inversores dentro de los marcos económicos regulados, que apuestan por unas determinadas empresas en determinados sectores, incorporando formas innovadoras de desarrollo de sus productos y servicios, y de innovaciones en la gestión.

También los sindicatos y gobiernos están implicados con sus aportaciones en la regulación en esta necesaria transformación de las modalidades de trabajo, para que sea posible simultanear tres objetivos: innovar para hacer continuo el trabajo y eliminar la temporalidad aplicable a todos los sectores;incrementar el conocimiento aplicado, mejorando la gestión de personas, aumentando su formación y la inserción de jóvenes formados en la iniciativas empresariales existentes y nuevas;y por ultimo, transformar negocios en otros negocios que aporten mucho más valor añadido a los clientes, y por ello que sean más generadores de resultados y mejoras salarios. En definitiva, es un cambio de mentalidad colectiva desde la sociedad civil, de trasladar una economía que quiere desarrollarse desde la competitividad en costes a otra que apunta a una incorporación clara de más valor en los productos y servicios, y en consecuencia de más nivel en los trabajos que demanda.

Seguir por la senda de crear empleo de muy corto recorrido, discontinuo y sin aplicación del saber, es abrir el camino a una nueva crisis, esta vez de la burbuja laboral sin futuro, mientras dejamos de lado el saber que se ha acumulado en la población más joven, que no puede desarrollarlo, ni iniciar una vida social y productiva que tanto vamos a necesitar.

Tal vez este aprendizaje sobre la realidad de otras empresas de otros países que consideramos referentes en gestión empresarial y en calidad del empleo, podría ser un nuevo ‘Erasmus Prof.’. Un programa de movilidad profesional en la Unión Europea para empresarios, sindicalistas y políticos, que activando esta movilidad entre empresas e instituciones facilite ese cambio de mentalidad y ese necesario incremento de productividad en el interior de las organizaciones. Porque estas son las únicas capaces de aumentar la empleabilidad de calidad y con ello el valor generado por la economía en su conjunto. El programa Erasmus actual cuenta con un presupuesto de hasta un 3% de los fondos de la Unión y el Erasmus Estudiantes ocupa un 1,2%. No sería muy inteligente seguir creciendo en el actual Erasmus de estudiantes sin iniciar la experiencia en el otro, en aquellos países donde las situaciones de alto paro y bajo valor del trabajo, sea importante. Pero, tal vez, sería aconsejable emprender estancias profesionales de quienes son los máximos responsables de generar ese empleo deseable, que hará sin duda más capaces a las empresas en su proyección futura, junto a esos jóvenes que también hacen su Erasmus en los inicios de su desarrollo personal y profesional.

Un programa ‘Erasmus Prof.’, que tenga como objetivos mejorar la calidad y fortalecer la cualificación para el empleo del conocimiento en la economía, fomentando la cooperación transnacional entre empresas, estimulando la movilidad en Europa y mejorando la gestión de las personas y el reconocimiento de los negocios por su creación de empleo de calidad en toda la Unión. En definitiva, como nos decía Delors en los fundamentos de la educación: aprender a conocer, para aprender a hacer, para aprender a cooperar, para aprender finalmente a ser personas y países más avanzados.


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