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ochenta años del bombardeo de gernika

Descendientes del Ejército nazi se reconcilian con la villa

Asisten “conmovidos” al homenaje y accionan la sirena que ayudó a salvar “muchas vidas”

I. Fradua /A. Erdaide - Jueves, 27 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Dieprand von Richthofen y Karl-Benedikt von Moreau accionaron ayer la sirena que alertó a la población de Gernika.

Dieprand von Richthofen y Karl-Benedikt von Moreau accionaron ayer la sirena que alertó a la población de Gernika. (Foto: A. Erdaide)

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Dieprand von Richthofen y Karl-Benedikt von Moreau accionaron ayer la sirena que alertó a la población de Gernika.

Gernika- Ayer no fue un día más para Dieprand von Richthofen y Karl-Benedikt von Moreau. Descendientes del Jefe del Estado Mayor de la Legión Cóndor durante la Guerra Civil y un piloto de ese escuadrón que tiñó de fuego Gernika durante la tarde del 26 de abril de 1937, la conmemoración del 80º aniversario del ataque aéreo sirvió para que se acercaran a la realidad actual de un pueblo que, lejos de culpabilizarlos por lo acontecido hace tantos años, los ha escuchado con atención. Ellos hicieron lo propio e, incluso, accionaron la alarma que alertó a la población y que ayer resonó a las 15.45 horas de la tarde, al igual que hace ocho décadas. Ambos se mostraron “conmovidos” por hacer sonar “una sirena que logró salvar bastantes vidas”.

Von Moreau, nieto de un piloto de la Luftwaffe -la aviación nazi- que participó en el bombardeo, aseguraba sentirse “muy emocionado. Es una sirena como muchas otras que aún hoy en día se escuchan en otras partes del mundo y una forma de solidarizarse con esa gente que está en situaciones difíciles”, apuntaba poco después de que el ruido cesara sobre el cielo de Gernika. Su compañero de viaje, que anteriormente estuvo en la localidad en 2007 y 2012 -si bien no tomaron parte en los actos conmemorativos-, aseveraba que su país, pasado un tiempo prudencial, ha logrado desembarazarse de la negatividad del nazismo para pasar a abrazar un escenario de paz y de concordia con aquellos países a los que tocó sufrir la barbarie de la guerra. Y Gernika era una espinita clavada que el pueblo germano ha sabido sacar, ya sea mediante hermanamientos o con peticiones de perdón por lo ocurrido. “En mi país hemos aprendido teniendo presente nuestro pasado. En otros países también pueden hacer lo mismo. Espero que algún día el resto del mundo pueda estar preparado para lograr ese aprendizaje para conseguir un mundo en paz y que pueda trabajar conjuntamente”, agregaba.

Sin querer opinar sobre la postura tomada por España de no compensar a la ciudadanía gernikarra, pero apuntando que las heridas de los conflictos tardan muchos años en cicatrizar, Von Richthofen y Von Moreau señalaban la necesidad de garantizar una paz duradera, aunque diversos conflictos en la actualidad muestran que la humanidad parece tomar un camino contrario. El primero de ellos, además, reconoce que “no es fácil ver” la “figura” de su antecesor en reportajes o fotografías, a los mandos como uno de los cabecillas del Ejército nazi. “No fue una persona fácil, aunque durante años su figura estuvo cubierta de gloria”, asevera para después puntualizar que ve luces en la eficiencia militar mostrada pero también sombras. Los dos germanos, en todo caso, remarcaron que “hoy en día tenemos presente que lo sucedido fue un ataque contra los derechos humanos, es algo que está documentado y es algo difícil de aceptar sobre todo para los familiares”.

La voz de los descendientes de los atacantes, pero también de los que sufrieron el ataque, se entrelazó ayer en la localidad foral. En este segundo grupo entra Crucita Astelarra, gernikarra que tenía seis años cuando la Luftwaffe atacó su municipio natal. “Lo vi perfectamente, lo recuerdo vivamente”, resumía sobre una jornada que no escapa de su memoria. El de ayer fue un día de “emoción”, reconocía, al igual que elogiaba el gesto de perdón de los dos alemanes. “Ellos no tienen la culpa de lo que hicieron sus abuelos o tíos”, apostillaba. “Pero es un detalle que estén aquí, que lo agradecemos, tanto como los perdones que nos han llegado desde el pueblo alemán. Gernika no olvida, pero sí perdona”, concluía.


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