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“A los puristas les parecerá un disparate y nuestros seguidores se quedarán atónitos”

Rafael Berrio y Joserra Senperena traducen al lenguaje del pop la ópera chica ‘Adiós a la bohemia’, de Baroja y Sorozábal

Juan G. Andrés - Jueves, 27 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:12h

Ángela Molina y Rafael Berrio cantan un pasaje de ‘Adiós a la bohemia’ con Joserra Senperena al piano, en los ensayos realizados en diciembre en Madrid.

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Ángela Molina y Rafael Berrio cantan un pasaje de ‘Adiós a la bohemia’ con Joserra Senperena al piano, en los ensayos realizados en diciembre en Madrid.

Donostia- Rafael Berrio y Joserra Senperena son donostiarras baqueteados y bregados en infinidad de lides sonoras. Sin embargo, se antoja difícil encontrar en sus trayectorias un reto más inusual que el último al que se enfrentan ahora: traducir a su lenguaje, el pop, Adiós a la bohemia, ópera chica escrita por Pío Baroja y musicada por Pablo Sorozábal. La hazaña cuenta con el beneplácito de los herederos de ambos genios y con la participación de un estimable número de cantantes, entre quienes sobresale como estrella la actriz Ángela Molina. El resultado verá la luz en forma de disco en junio, mes en el que también se realizarán dos representaciones en versión concierto, una en Donostia y otra en Madrid. Los protagonistas confían en descolocar a propios y extraños: sus seguidores se quedarán “atónitos” y a los puristas les parecerá “un disparate”.

Un ‘Himalaya’ musicalBarojiano confeso e irredento, Berrio sintió hace dos años la necesidad de adaptar la única zarzuela firmada por el escritor donostiarra. La obra fue estrenada en los años 30 y transcurre íntegramente en un café madrileño en el que se reencuentran Ramón (Rafael Berrio), un pintor fracasado, y Trini (Ángela Molina), su antigua modelo, musa y pareja que ahora se dedica a la prostitución. El texto, dice el músico, tiene “mucha enjundia” y es una “crítica feroz contra la vida de la Bohemia madrileña” que Don Pío conoció de joven y con la que nunca comulgó. Es, en definitiva, un canto a la pérdida de la juventud y una historia de sueños rotos y de fracaso en el arte y el amor.

“¡Yo quiero cantar esto!”, se dijo Rafael Berrio, que rápidamente buscó la complicidad de Senperena, que produjo con mano maestra sus discos 1971(2010) y Diarios(2013). Tras vencer los recelos iniciales de las familias Sorozábal y Caro Baroja, el pianista comenzó a escribir los arreglos de la zarzuela para su instrumento, el único que suena en el proyecto. “No partimos de la partitura original, sino de una grabación de los años 60 con Teresa Berganza. Sacamos la música a oído y la adaptamos a nuestro lenguaje, incluso cambiando el tono en algunos casos”, asegura Senperena, que compara el vértigo inicial con “subir al Himalaya” o con “una etapa del Tour en la que de entrada hay tres puertos especiales”.

Por su parte, su colega destaca lo “complicado” de acercarse a un “registro” que nada tiene que ver el suyo: “Esto es lírica, música para orquesta, sopranos, barítonos y tenores. No guarda relación con el pop, que es lo que hago yo”. Aunque han respetado el texto del libreto íntegramente, la música orquestal se ha destilado en melodías de piano que, en un par de casos, han tenido que cambiar porque la partitura original era demasiado abstracta o atonal. Por lo demás, en la temática de la obra, alejada del costumbrismo del género chico, se atisban algunas conexiones con el universo de Rafael Berrio, a quien es fácil imaginar, defendiendo con expresiva teatralidad, números como Yo, poeta fracasadoo Absurdo, absurdo.

El discoAmbos recuerdan sorprendidos lo fácil que fue involucrar a Ángela Molina, “una artista maravillosa” que aceptó el órdago a sabiendas de no estar ante una superproducción, según advierte Senperena. Más complicado fue completar el resto del reparto, que debía incluir “buenos cantantes y buenos actores”, dado que algunos fragmentos son hablados. Antonio Bartrina, del grupo Malevaje, encarna al vagabundo, mientras que el actor Josean Bengoetxea interpreta al hombre que lee el Heraldoen el café. Además, hay dos coros, uno de pintores y otro de prostitutas, en los que suenan, entre otras, las voces de Rafa Rueda, Petti, Miren Iza (Tulsa) y Alondra Bentley.

En contra de lo que es habitual, Berrio saldrá a escena sin guitarra y se limitará a cantar en un escenario sin decorado, atrezo ni vestuario especial, sólo con su voz y su característica expresión dramática. “En los dúos Ángela y yo parecemos Pimpinela, todo el tiempo moviendo los brazos y lanzándonos pullas”, bromea. Con la única compañía de Senperena al piano, los mencionados intérpretes participarán en las funciones en directo, que no contarán con otras colaboraciones especiales que sí brillan en el disco;es el caso del actor Eusebio Poncela, que pronuncia el breve discurso de un sátiro. El álbum ha sido financiado “al cien por cien” por Donostia Kultura y la Fundación Otxoa de Barandika. “Sin ellos no habría disco”, dicen de un trabajo que ha sido grabado durante los últimos meses en los madrileños estudios Audiomatic de JM Rosillo. Sergio Cruzado, de Ginmúsica, ejerce de director de producción del montaje.

La acogida, una “incógnita”Adiós a la bohemianunca gozó de éxito comercial -la mujer de Sorozábal se refería a ella como Adiós a la taquilla- y en su día pasó más bien desapercibida. Se estrenó en 1933, en el Teatro Calderón de Madrid, ante una audiencia formada en gran parte por soldados, furcias y chulos, según relató el compositor donostiarra en sus memorias: “En esas condiciones, en ese ambiente y con ese público, se estrenó mi mejor obra, la que creo nada menos que es un hito en el teatro lírico español”.

Pese a arrastrar siempre un cierto halo de malditismo, después ha sido llevada a escena varias veces, y en alguna ocasión reciente bajo la dirección de creadores tan reputados como Mario Gas, pero jamás había sido abordada por gentes tan ajenas al mundo lírico y teatral. Por ello, Berrio y Senperena permanecen expectantes ante la “incógnita” de cómo será recibida la propuesta. En su entorno, reconocen, “hay mucha expectación, sobre todo por lo extravagante del proyecto”, pero creen que a los “puristas” de citas como la Quincena Musical “no les va a gustar mucho” o les parecerá “un disparate”, bien porque no contiene la riqueza instrumental del original o bien porque no consideran adecuadas las voces. Pronósticos al margen, ellos niegan haberse metido en esta embarcada para cometer una herejía contra la zarzuela;al contrario, dicen haberla adaptado en un trabajo “muy riguroso”.

¿Y su público? ¿Qué pensarán quienes llevan años siguiéndoles por caminos cercanos al pop y al rock? “Se van a quedar atónitos . Voy a pasar de cantar a Ciorán y decir barbaridades nihilistas a representar un papel romántico a ritmo de habaneras, chotis y romanzas”, apunta Berrio antes de que su compañero añada: “No sabemos cuál será la respuesta pero en cierto modo esto es algo natural;coger una obra clásica y versionarla es algo que se ha hecho miles de veces en el pop”. “Y los cantantes de musicales de Broadway tampoco provienen de la lírica”, tercia su camarada.

La conversación prosigue y puestos en la tesitura de elegir una etiqueta para este Adiós a la bohemia, el periodista propone “ópera chica pop”. “Bueno, de pop no tiene un pimiento. A ver si la gente va a pensar que suena a los Beatles o a La Buena Vida”, replica Berrio. Senperena disiente y asegura que hay varios números que sí hablanese lenguaje en el que se sienten cómodos: “Yo me refiero a pop en el sentido de música popular, con melodías reconocibles que puedes tararear por la calle”. “Pues yo lo relaciono más con un rollo camp, antiguo, con el cabaret de Kurt Weill o las canciones de Gardel cuando no hacía tango”, interviene su pareja artística...

Habida cuenta de las diferencias que mantienen los creadores del espectáculo, lo mejor será que cada cual lo descubra en su estreno, el 25 de junio en el Teatro Victoria Eugenia de Donostia, o dos días después en el Teatro La Latina de Madrid. Antes, el día 9, el disco se presentará en Itzea, la casa familiar de los Baroja en Bera, donde se mostrarán los escritos originales de Adiós a la bohemia, corregidos a mano por su autor.


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