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agónico

Dos triunfos en 90 minutos

la real sumó su quinta victoria en siete visitas a mestalla en un duelo que tenía sentenciado con 0-3 y del que salió viva casi de milagro

Mikel Recalde - Jueves, 27 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Los jugadores realistas celebran con alegría el tercer gol obra de Mikel Oyarzabal.

Los jugadores realistas celebran con alegría el tercer gol obra de Mikel Oyarzabal. (Foto: Efe)

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Los jugadores realistas celebran con alegría el tercer gol obra de Mikel Oyarzabal.Mikel Oyarzabal celebra su primer gol de la temporada en Liga, el tercero de la real ayer ante el Valencia, junto a Xabi Prieto.

No digan que no, se echaba de menos. Ahora sí que ha llegado la hora de la verdad. El momento del sufrimiento extremo. Después de todo lo que ha conseguido y de la forma en que lo ha hecho, la Real va a necesitar ganar los últimos seis encuentros de Liga. Ni más ni menos. Esto conlleva lo que todos sabemos, sudores fríos, miradas perdidas, ganas de dejar de ver sus partidos y uñas arrasadas por los nervios. Lo de ayer solo es el principio, así que vayan preparándose. Van dos y le quedan otros cuatro.

La gran Real de Eusebio se llevó los tres puntos de nuevo de Mestalla. Aunque no cuente para las estadísticas, en realidad ayer lo hizo en dos ocasiones en solo 90 minutos. La primera en los 64 minutos, en los que venció y en teoría sentenció el duelo al colocarse con un contundente 0-3 gracias a los goles de Juanmi, Willian José y Oyarzabal. Sí, han leído bien, Oyarzabal tuvo que volver a la portería en la que anotó su último gol para recuperar el olfato y acabar con su mal fario. Seguro que no será el último que anota en esta Liga. La segunda consistió en salir vivos de los últimos 25 minutos, en los que el Valencia anotó dos goles y estuvo cerca de empatar con tiempo por delante.

No se puede pasar por alto el inestimable cable que le echó Del Cerro Grande. Los realistas denunciaron en 2007, en aquel inolvidable partido de Gijón que perdieron por un gol en fuera de juego por cinco metros de Bilic que a la larga decidió el ascenso, que les dijo en algunos momentos “es que ellos se juegan mucho”. El lunes Pedro León afirmó al final del Eibar-Athletic que les había esgrimido que a Kike no le iba a dar nada por “el penalti que le pitaron a favor en Vila-real”. El trencilla de la buena memoriadebió pensar que le daba mucha pena el Valencia por la triste situación que pasa y decidió regalarle un penalti que le metió de lleno en el partido. Habría que analizar la estadística arbitral de las penas máximas con las que le han castigado a la Real después de que le pitaran una a favor. El problema es cuando no hay nada que compensar como ayer, ya que la infracción de Siqueira a Odriozola, con un manotazo de libro, es tan absurda como evitable. Afortunadamente, la entrada de Granero compensó al equipo txuri-urdin que supo mantener la sangre fría en una situación extrema, con el Valencia desatado sin parar de poner balones en el área, y salvó una victoria que puede ser decisiva al final de la Liga. Al tiempo.

Eusebio anunció cambios para oxigenar al equipo y estos llegaron en ambas bandas. Aparte del anunciado regreso de Odriozola, entraron Canales y Juanmi por Vela y el tocado Oyarzabal. El técnico prefirió arriesgar con Willian José, que también llegaba a la cita con molestias. La apuesta le salió perfecta a la primera, puesto que a los 34 segundos la Real ya mandaba en el marcador gracias a una acción entre las dos grandes novedades. Iñigo envió uno de sus pases en largo medidos, que parecen muy poco valorados para la importancia que tienen en el juego txuri-urdin, el cántabro lo bajó con la cabeza en forma de asistencia y el malagueño, tras un mal control, envió un centro-chut que se coló en la portería después de que rebotara en la pierna de Diego Alves.

Ponerse por delante en el marcador suele ser vital para los blanquiazules. En el caso de ayer, era una cuestión trascendental. El gol era una dosis de enorme confianza y moral, después de las afortunadas victorias de Villarreal y Athletic, además de ahondar en la sensación de hastío y decepción que anida desde el inicio de la campaña en las gradas del estadio valencianista. Pese a que ayer no había demasiada gente, siempre es preferible que el viejo y exigente Mestalla focalice su ira contra los suyos que contra el visitante. Más aún cuando su equipo no se juega nada y se encuentra en tierra de nadie, sin objetivos marcados para el epílogo del campeonato.

La Real trató de hacer su juego, con posesiones largas, pero la verdad es que le costó bastante sentirse cómoda con el balón al faltarle la precisión de otras tardes y sufrir con la presión agresiva y adelantada de los locales. Sobre todo de Enzo Pérez a Illarramendi. Pese a todo, el control del juego era vasco y Canales y Juanmi estuvieron cerca de doblar su renta. El segundo llegó a la media hora, en un penalti claro de Siqueira a Odriozola por un manotazo que no venía a cuento. Willlian batió al parapenaltis Alves con frialdad y un disparo colocado más que potente. Por cierto, espectacular actuación una vez más de Odriozola. El correcaminos no paró de subir por su banda a una velocidad que le convierte casi en imparable. Se nota que sus compañeros no paran de buscarle. Una pena que la Real no machacara con el Valencia tambaleándose.

En la reanudación, los de Voro salieron enrabietados en un intento a la desesperada de recortar pronto distancias. Nani probó por fin a Rulli. El dominio había cambiado y era netamente levantinista, con una presión que provocaba muchas pérdidas de balón en una Real que notaba el desgaste de sus tres piezas clave en la medular. Eso sí, en la primera contra que elaboraron, Xabi Prieto proyectó en largo a Odriozola, quien sirvió atrás para que Oyarzabal, solo por el movimiento de arrastre Juanmi, estrenara su casillero esta temporada.

A renglón seguido, en un balón a la olla, Santos bajó la pelota y le golpeó a Navas en el brazo. El sevillano intentó retirarlo y lo tenía pegado al cuerpo en una posición natural, por lo que no era. Nani batió a Rulli y solo cinco minutos después, un servicio de Cancelo que rebotó en Yuri lo convirtió en gol Zaza. A partir de ahí el sufrimiento fue incesante y creciente. Una Real cansada no lograba estabilizar sus constantes vitales. La poca seguridad por arriba de Rulli convertía cada centro en un parto. Zaza dispuso de las dos ocasiones más claras. ¡Quién dijo sufrimiento ante el Deportivo! El reloj avanzaba más lento que nunca y el peligro era latente en cada pérdida realista. Del Cerro contribuía con una actitud repentinamente casera.

Pero la Real aguantó y firmó su quinta victoria en siete visitas en Mestalla. Un logro al alcance de pocos. Como el salir airoso de una misión como la de ayer. Había que pescar fuera para entrar en Europa y no fallar en casa. Estos tres puntos son de los que deciden empresas mayores. Ya lo verán. Nos acordaremos de este 2-3...


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