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En busca del relevo vecinal

Las asociaciones de vecinos, tal y como las conocemos, parece que tienen un futuro algo oscuro. La gente joven no sustituye a quienes llevan sus riendas en la actualidad y aunque todas las realidades no son iguales, hay preocupación.

Un reportaje de Arantxa Lopetegi. Fotografía Javi Colmenero - Domingo, 23 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:14h

Niños juegan en el parque junto al frontón de El Antiguo

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Niños juegan en el parque junto al frontón de El Antiguo

en Donostia están registradas 35 asociaciones de vecinos con realidades muy dispares que se explican no solo por las diferencias existentes entre los barrios de la ciudad sino también por su propia idiosincrasia. Son distintas, funcionan de manera desigual y afrontan el futuro de forma variada. Tanto es así que en una decena de casos las asociaciones registradas no tienen actividad constatable desde hace ya un tiempo.

Mientras en algunas el relevo generacional parece garantizado de momento, sobre todo en barrios de nueva construcción y en los que las asociaciones abarcan ámbitos de actuación muy dispares, en otras se vislumbran serias dificultades para seguir adelante aunque, en todos los casos, resulta complicado encontrar un número nutrido de personas que quiera entrar en la dinámica diaria de la asociación. Siempre son más las que se aproximan a estas entidades cuando existe algún problema que solucionar o una reivindicación que apoyar en el barrio y que participan mientras la cuestión está candente para, posteriormente, volverse a alejar.

Esa mirada “amplia”, esa visión de barrio con la que las asociaciones vecinales echaron a andar hace ya varias décadas se mantiene, aunque en muchos casos hayan “caducado” los motivos que provocaron su nacimiento. En otros, las asociaciones han acabado siendo cautivas de esas acciones que iniciaron con el objeto de crear comunidad, como la puesta en marcha de fiestas de barrio, y su actividad casi se ha reducido a seguir impulsándolas.

Toda esta diversidad hace que plantear un trabajo conjunto entre asociaciones resulte una tarea de complicada gestión. Tentativas en este sentido se han dado, aunque sin frutos. La última, la creación del Foro de Asociaciones de Barrio, que ya ha sido desactivado. Pese a que parece existir interés por generar un espacio de encuentro, el mantenerlo activo significa asumir un esfuerzo añadido que pocos están dispuestos a aceptar.

Con mejor o peor salud, las asociaciones, y más concretamente sus cabezas más visibles, siguen siendo referentes en el barrio. Se les para en la calle para preguntar sobre los proyectos en marcha o se les reclama cuando las reivindicaciones vecinales son desatendidas. Pero, observando la realidad de las asociaciones, parece que queda pendiente dar con la forma adecuada de abrirse al barrio.

En un momento en el que los procesos participativos de distinto cariz toman fuerza y las instituciones apuestan por generar nuevas formas de trabajar con la ciudadanía, las asociaciones vecinales tradicionales se tambalean y, en numerosos casos, miran al futuro con preocupación.

Con todos estos ingredientes sobre la mesa, queda por delante realizar un nuevo planteamiento que permita que la actividad de estas asociaciones atraiga a la gente joven, de la que carecen la práctica totalidad de las mismas.

Madurez y entusiasmo

La de Aiete es una asociación vecinal activa y, en palabras de su representante, Félix Pérez, un tanto “atípica”, por no ser “reivindicativa”. Pese a que no tienen problemas para que la gente se incorpore e impulse las actividades, reconoce que la mayor parte de sus miembros rondan los 60 años. “Es muy difícil conseguir que venga gente de entre 30 y 50 años para tomar parte en la estructura permanente”, explicó Pérez.

Pero Lantxabe, subraya, no puede quejarse. Siempre cuenta con un grupo de personas entusiastas y con energía para que cada una de sus propuestas tome cuerpo. “No tenemos que plantearnos el no llego, el no puedo hacerlo”.

Pero los jóvenes, afirma, “no vienen, están muy ocupados”. Tanto es así que decidieron que las reuniones se volverían a llevar a cabo a las 17.30 horas en vez de las 19.30, ya que no conseguían que con ese horario fuera más gente. De momento, explica, en Lantxabe están más cerca de “colapsar” por exceso de actividad que lo contrario, aunque a Félix Pérez le consta que hay asociaciones con serios problemas para mantenerse vivas.

Realidades distintas

La realidad de cada asociación es diferente, como diferente es cada barrio. Parte Zaharrean Bizi es optimista con el relevo generacional en gran medida porque, desde su génesis, aglutinó a colectivos muy variados.

Parte Zaharrean Bizi ha cumplido cinco años trabajando por mejorar “la calidad de vida” en el barrio. Xabier Arberas reconoce que esta es una labor complicada que abarca muchos aspectos y en la que hay momentos de adhesiones y deserciones.

Para lograr cierta “centralidad” Parte Zaharrean Bizi creó el Consejo Social del barrio, fruto de una reflexión: la línea roja que les separaba de una situación inasumible a distintos niveles. Para poner en común a los agentes que trabajan en ámbitos diferentes nació el citado consejo, foro en el que trabajar sobre el modelo de Parte Vieja que quieren los vecinos.

Ese foro es el que permite, en gran medida, garantizar el relevo o la pervivencia ya que profundiza en ámbitos dispares en los que se involucran colectivos varios. El turismo, la cultura, los espacios de convivencia, las dotaciones... La preocupación sobre la deriva del barrio, “con nuestra intimidad invadida”, es patente, y Parte Zaharrean Bizi ha querido que distintos colectivos, desde los juveniles a los de los padres y madres de la ikastola, pasando por los mayores, tomen parte en el proceso de “repensada” sobre el barrio.

Para ello se han constituido distintos grupos de trabajo, como el que evalúa las afecciones del turismo o el que analiza los espacios públicos, y las necesidades existentes en esta materia, que se reunirán en sesión plenaria antes de que acabe el mes.

Quieren elaborar sus propios informes y avanzar en la presentación y defensa de distintos proyectos de interés para grupos y edades muy diferentes. Fruto de un debate en el seno de la asociación se concluyó que “necesitamos una participación abierta con todos los agentes implicados en el barrio”. “Algunos estamos en casi todo y otras personas están cuando se trabajan algunos temas concretos”, con reuniones que se celebran cada dos meses “sin jugar a políticos ni a técnicos”.

Iñaki Olasagasti lleva media vida luchando por su barrio y por sus fiestas. Está cansado y ha llegado a intentar dejar la presidencia de la asociación Amara Berri, aunque al final le puede que son “una piña” y la esperanza de que las cosas cambien y los vecinos más jóvenes se acerquen para poner su granito de arena.

No duda en decir que está “preocupado” por la falta de relevo y lamenta que las iniciativas para conseguir atraer a más gente hayan caído en saco roto. Hasta en dos ocasiones, una por las fiestas y otra para convocar al vecindario a tomar parte en las actividades de la asociación, se han buzoneado cartas en 9.500 domicilios. “Para fiestas no contestó nadie, y para acudir a la asociación, cinco personas, de las que se han quedado tres que esperemos que sigan echándonos una mano”.

Pese a todo no tira la toalla, aunque no confía que sean muchas las personas que acudan a la asamblea general que se celebrará el próximo miércoles, día 26. “De 30.000 vecinos que tiene el barrio no acuden más de una decena”, lamenta Olasagasti, que sabe que el mismo problema lo tienen otras asociaciones de la ciudad.

“Amara Berri es muy grande y nos gustaría tener ojos en todos los rincones”, afirma el presidente de la asociación que asegura que a quienes trabajan en ella “ya no se les puede pedir más de lo que dan”. Así las cosas, parece que las fiestas del Carmen este año se quedarán en la mínima expresión, aunque Olasagasti confía, como acostumbra, en que el próximo tomen fuerza.


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