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A por ellos

Alma irreductible

Por Mikel Recalde - Domingo, 23 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:14h

Mikel Recalde

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Mikel Recalde

en el fondo, nos encanta. Porque siempre nos hemos considerado especiales gracias a esa alma de aldea irreductible capaz de plantar cara a cualquiera. Hasta a los más grandes y poderosos. A los abusones que, amparados en el altavoz mediático de su entorno, compiten con la red que proporciona la protección del miedo a fallar del colectivo arbitral. Es por este motivo por el que cuando un club de nivel intermedio, como el Celta, alcanza un éxito mayúsculo como es la clasificación para una competición europea, primero nos invade una inevitable sensación de envidia y, después, sobre todo tras escuchar reflexiones de aficionados realistas como “ya podremos llegar nosotros tan lejos alguna vez”, sacamos pecho para recordar que nosotros ya hemos hecho casi todo. Ganar Ligas, Copas, alcanzar unas semifinales de la Copa de Europa en la que otro gigante nos birló la gloria de la final... Y no lo digo por menospreciar a los gallegos, todo lo contrario, solo pretendo ensalzar el mérito de nuestro equipo adquirido a lo largo de muchos años poniendo en jaque el orden de los factores preestablecidos de antemano en función de su músculo financiero.

Por todo esto, que es mucho, por cumplir con destreza el papel del pequeño David frente a los indomables Goliats, no puede más que sacarnos de quicio lo que se está cocinando en los fogones de los clubes europeos más importantes. Como de costumbre, lo único que les importa es repartirse todo el pastel y tratar de que les molesten lo menos posible los William Wallace de turno, que osan tratar de derrotarles con sus armas menores, muy alejadas de su arsenal de largo alcance. Esto se desprende de la gran entrevista que hizoEl País la semana pasada al director deportivo del Bayern de Múnich, Mickael Rescke. A la pregunta de “¿Por qué cree que el grupo de clubes que compiten por la Champions es cada año más restringido?”. La respuesta no tiene desperdicio: “No estoy muy seguro. Pero esa restricción no solo se produce a nivel europeo sino a nivel nacional. Tal vez hace diez años para el Valencia y el Sevilla era más factible conquistar la Liga. Eso se acabó. Será muy difícil tener otro Oporto en el podio. Eso solo puede ocurrir si los grandes no trabajan. Si trabajan bien será totalmente difícil”.

Me genera mucha decepción y tristeza esta afirmación. No están hablando de equipos menores, sino de todo un Sevilla, vigente tricampeón de Europa League, y de todo un Oporto, uno de los grandes lusos, campéon dos veces de la Copa de Europa, una de ellas en formato Champions, de una Copa de la UEFA y una Intercontinental y la friolera de 27 títulos de Liga. ¡Si es como el Barcelona de Portugal! Ni qué decir tiene lo poco o nada que les inquietan los demás. Yo llevo tiempo denunciándolo y echándoselo en cara a mis amigos madridistas. ¿De verdad les divierte ir 19 partidos de Liga y ganar sin despeinarse y sin encontrar apenas oposición 16 de ellos? ¿Ese es el fútbol por el que luchan sus dirigentes? Pero bueno, que se puede esperar si el presidente de todos los conjuntos españoles no tiene problemas en declarar que la final de Copa debería ser siempre Barcelona-Real Madrid para contar los billetes al más puro estilo Tío Gilito.

Pues no pensamos ceder ni dar nuestro brazo a torcer. Vamos a seguir intentando plantarles cara, como dejó bien claro la Real la pasada semana cuando estuvo a punto de amargarle la Liga al Barcelona. Llegará el día en que nuestro conjunto txuri-urdin, cuyo potencial suele ser cíclico, encaje las piezas otra vez a la perfección para volver a codearnos con los más ricos. Con miras más altas incluso que en la actualidad. Volveremos.

Nos apasiona el fútbol, sobre todo por ser un deporte irracional en el que el resultado siempre es y será imprevisible. En el que no hay imposibles y en el que nos emocionan las gestas inesperadas como la del Celta. Por esa regla de tres, la Real es superior al Deportivo, tiene más dineo y estabilidad, cuenta con mejores jugadores, se juega mucho más y el encuentro es en casa, por lo que ganará seguro. Pero esto es fútbol. La situación en la ida era la misma y salió escaldada de Riazor con un doloroso 5-1. Estamos en las últimas seis jornadas, jugar bien y dejar gratas sensaciones es reconfortante, pero ya no vale para nada. Nos encanta ese factor incontrolable del fútbol que convierte cada encuentro en un melón en el que no sabes lo que te espera hasta que lo abres. Pero esto vale de la misma forma para un Real-Deportivo que para un Hamburgo-Real de semifinales de una competición europea. Y cuando deje de ser así, perderá toda su magia y atractivo. Los realistas no pueden fallar en casa. Es la única opción de poder soñar el año que viene con una gesta similar a la del Celta. ¡A por ellos!


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