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50º Aniversario

“Fuimos los que arrancamos la época de las dos ligas”

Los jugadores que consiguieron el ascenso de Puertollano recuerdan lo que este éxito supuso para ellos y para el club txuri-urdin

Iñaki Egibar - Sábado, 22 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:13h

Jose Miguel Arregi, Joseba <em>Pela</em> Arzak y Jose Mari Martínez, de izquierda a derecha, en Anoeta con la camiseta del equipo de veteranos.

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Jose Miguel Arregi, Joseba <em>Pela</em> Arzak y Jose Mari Martínez, de izquierda a derecha, en Anoeta con la camiseta del equipo de veteranos.

donostia- El ascenso de Puertollano es uno de los mayores hitos de la Real, y no muchos conocen lo que sucedió y significó para el club. Una historia que parecía pasar al olvido, sobre todo de los más jóvenes, y que con motivo del 50º aniversario de aquella histórica cita merece ser recordada para que no vuelva a caer en el limbo del olvido.

Para rememorar aquel 23 de abril de 1967 reunimos a Jose Mari Chino Martínez, Jose Miguel Arregi y Joseba Pela Arzak. Estos tres guipuzcoanos fueron artífices del ascenso de Puertollano, un ascenso consumado con una remontada épica, puesto que ese día la Real perdía 2-0.

Para Martínez “es el recuerdo de nuestra mejor época, es cuando teníamos 23 años. Aquel equipo era especial porque estuvimos cuatro años en el purgatorio”. El Chino se refiere a que antes de la temporada de 1966-67 la Real llevaba cuatro años en Segunda División. “Para nuestra generación subir a Primera lo fue todo”, dice Agirre. El objetivo del conjunto blanquiazul era volver a Primera División, pero temporada tras temporada las esperanzas de la afición disminuían al ver que su equipo finalizaba cuarto o quinto, sin llegar al primer puesto. Martínez entiende que “la gente se cansa, han estado un montón de años en Primera, ahora en Segunda cuatro años y a medio pelo, pues la afición estaba con la moral en los pies”. De los en torno a 16.000 aficionados que había por aquel entonces, la cifra descendió a 4.500. “No había dinero ni para pagarnos los sueldos. Vendíamos rifas, pusieron una tómbola en la calle Oquendo e íbamos por las tardes a vender boletos”, recuerda Martínez, algo de lo que Pela Arzak ya ni se acordaba. De estar en esa situación a ascender a Primera División. “Eso fue todo para nosotros” comenta Martínez, quien recuerda que le dijo lo siguiente a la virgen de Aranzazu cuando volvieron de Puertollano: “De aquí no nos baja ni Dios, y si un día nos baja voy a ir andando desde Donostia hasta Aranzazu”. Y sí, en 2007 se vio obligado a cumplir su promesa.

“Las palizas del hipódromo”Los tres se acuerdan de la pretemporada de agosto de 1966. “Las palizas del hipódromo, aquello era de muerte” dice Arzak, quien añade que “encima no se podía beber agua, no se me va a olvidar en la vida. Agotados, nos metíamos al autobús y no nos dejaban. Cuando llegábamos a Atocha, Perico ponía una perola grande para que bebiéramos, pero no nos dejaba hasta que nos ducháramos”. Los tres coinciden en que el esfuerzo realizado en agosto fue clave para llegar a la segunda mitad de la temporada con mayor fortaleza física que los rivales. “En la segunda vuelta estábamos muy fuertes físicamente” comenta Arregi. Martínez considera que “fue un ascenso que teníamos bastante complicado. Parecíamos los tontos del barrio. Perdimos en Tenerife el último partido de la primera vuelta y ya no perdimos más”.

Además de la preparación física, Arregi considera que lo que pasó en la segunda vuelta “fue de coco. Dijimos: Tenemos que ganar y tenemos que ganar, y ganábamos”. A mitad de temporada el Sporting aventajaba a la Real en ocho puntos. Parecía que otra temporada más el ascenso se escapaba, más aún teniendo en cuenta que la victoria significaba dos puntos.

Héroes en puertollanoEn la localidad manchega todavía se acuerdan de la afición de la Real. “Dicen que es el acontecimiento más importante que han conocido allí”, cuenta el Chino, al que llamó el concejal de Deportes de este municipio de la provincia de Ciudad Real mostrando gran interés en que el equipo donostiarra fuese a inaugurar el nuevo campo de fútbol.

A la Real le bastaba con puntuar para terminar primera de Segunda y volver a la máxima competición. En el viaje a Puertollano hicieron noche en Madrid. Al hablar del viaje comienzan a recordar muchas anécdotas de los viajes que realizaban en autobús y tren. Eran otros tiempos y desde que salían de Donostia hasta que regresaban tras jugar los partidos pasaban cuatro días. No pueden parar de reír mientras cuentan una historia tras otra. Martínez recuerda una en la que viajaban en “un autobús inglés, con el volante en la derecha. El que estaba en el lado izquierdo, de copiloto, se levantaba y movía los brazos en alto. Una vez, en una curva un ciclista se tiró, saltó de la bicicleta”. Arzak cuenta que “el masajista viajaba con la escopeta y la caña. Bajaba la ventanilla y desde el autobús tiraba a lo se viera, muchas veces palomas y pichones”. “Una vez, a media noche, mató a un búho y apareció el guarda. Juan Mari le llevó detrás del autobús y le untó”, interviene Martínez.

El viaje a Puertollano era diferente, era especial. “El día de Puertollano ni comí. Fui a la habitación y lo único que hice fue encenderme un cigarro”, se sincera Agirre.

A pesar de que los donostiarras se pusieran 2-0 abajo, recuerdan que tuvieron muchas oportunidades de adelantarse en el marcador. Llegaron al descanso 1-0 y en la reanudación el sueño del ascenso parecía alejarse más aún con el segundo tanto del Calvo Sotelo. Pero esa Real “tenía garra. Había gente con buena técnica, como Pela, Urreisti y Rafa Mendiluze. Luego había ocho que lo que hacíamos era correr, machacar y luchar” narra el Chino. Arregi reafirma a su compañero de equipo al decir que “era un equipo un poco mixto. Ahora, arrimar el hombro todos, porque menudos bocinazos había como no arrimaras el hombro. Andoni (Elizondo) ha sido el entrenador más listo que he tenido”. Pela añade que “sabía lo que tenía que decirle a cada uno en su momento”. La actitud de aquel equipo permitió la remontada y el ascenso a Primera División. Como el propio Arregi dice, “si pierdes en algo, pierdes. Pero, por falta de lucha que no lo pierdas”. Esa lucha en el momento más complicado fue lo que les permitió igualar el partido a falta de ocho minutos. Quedaba aguantar el resultado y ahí entró en juego Juan Mari. Cuentan los tres que el masajista hizo el partido de su vida. Martínez explica lo sucedido: “El arbitro era Medina Díaz. Cuando empatamos a dos Juan Mari salía con el maletín y allí ya no se jugó nada más. Iba por el campo y se le caía todo”. “Llevaba tijeras, cuchillos, el bisturí...”, añade Arregi. Entre risas, cuenta el Chino que en una de esas el arbitro se le acerco y le dijo: “Niño, te falta el bocadillo”.

Así concluyó el encuentro, y la Real volvía a Primera División después de varios años por Segunda en los que la afición guipuzcoana casi dejó de apoyarles. Tras el partido tocaba celebrarlo. “El tío que entraba al vestuario a la ducha que iba, algunos con traje y todo”, narra Arregi. Esa noche todos los jugadores lo festejaron, todos menos uno. “Yo me fui a la cama, de los nervios ni cené”, sorprende Martínez, quien añade que “luego estuvimos tres días de jota”.

El regreso a Donostia sembró el caos en las carretera guipuzcoanas. Arregi cuenta que “pasamos Tolosa y en la recta de Irura se paralizó todo. La N-I paralizada. Los coches habían venido para hacer la caravana y allí se armó una... Hasta se cambió el trayecto. Fuimos hasta Aranzazu antes de llegar a Donostia”.

Incio de la época doradaEste ascenso es el más importante en la historia de la Real, puesto que a raíz de lo que sucedió en Puertollano el equipo permaneció en Primera División 40 años. Esta es conocida como la época dorada del club txuri-urdin, en la que destacan en letras mayúsculas las Ligas de las temporadas 1980-81 y 1981-82, primeras y únicas que lucen en las vitrinas de Anoeta. “Fuimos los que arrancamos la época de las dos Ligas. El último año estuve con López Ufarte, Arconada, Diego, Zamora... Cuando nosotros los dejamos entraron ellos. Eran el relevo. Evidentemente con más calidad, con mejores medios, mejor preparación física y mejor alimentación. Puertollano fue el principio”, resume Martínez.

Agirre cuenta que había directivos que no confiaban en que el equipo pudiera mantener la categoría en Primera División, por lo que “cuando subimos algunos dimitieron. Estábamos en Segunda con unas fichas de Segunda y subimos a Primera y reivindicamos tener otras fichas. Algunos directivos decían: ¿Y si bajamos el año que viene qué pasa?”. La Real no solo no descendió, sino que se empezó a labrar el equipo más glorioso de su historia.

las claves

A mitad de temporada el Gijón aventajaba a la Real en ocho puntos. Parecía que otra temporada más el ascenso se escapaba

El esfuerzo realizado en agosto fue clave para llegar a la segunda mitad de la temporada con mayor fortaleza física que los rivales


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