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Colaboración

La visión de la realidad en Podemos

Por Lázaro Echegaray - Martes, 18 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:09h

La Trama. Este es el concepto que recientemente ha introducido Podemos en la semántica política. Lo hace a modo publicitario, sabiendo que aquel otro que tantos debates y ampollas levantará, el de La Casta, ha perdido notoriedad y a día de hoy ya nadie se acuerda del partido morado cuando el término sale a colación. Esto de hablar de la Trama, que en realidad se refiere a la organización del sistema financiero español y a la cantidad de trapicheos y tejemanejes que se generan en la interacción entre empresarios y políticos, se enmarca dentro de todas esas nuevas estrategias que desarrolla el partido para no perder comba y seguir estando en boca de todos. En este caso, como parece ser que siempre sucede en política, el fin justifica los medios y el fin no es otro que el de no perder presencia. De ahí que Podemos aparezca cada día en el circo político-mediático con una nueva, y extravagante, causa por la que batirse el cobre, a sabiendas de que van a la guerra con espadas de papel. Primero fue el intento de suprimir la misa del domingo de la parrilla de Televisión Española. Le tocó luego el turno a la famosa y manifiesta preocupación social porque a algunos perros sus amos les cortan el rabo, o las orejas. Lo último ha sido el boicot a CocaCola olvidando eso de que es más fácil que un camello quepa por el ojo de una aguja…. Todas estas acciones se inscriben dentro de lo que podrían considerarse demandas de la izquierda: anti clericalismo, anti capitalismo, pro animalismo.

Es posible que se equivoquen al extrapolar la ideología de sus votantes. Estos no tienen por qué inscribirse necesariamente en la izquierda

Con independencia de la oportunidad o no de cada uno de estos actos, y de su inscripción dentro del discurso de la izquierda, Podemos se empeña en convertirse en un partido excluyente cuando defiende cuestiones como la eliminación de la misa del domingo en la parrilla de la televisión pública. En realidad está es la única de todas las últimas propuestas que tiene cierto significado social;las demás no pasan de ser temas recurrentes. Olvida una de las cuestiones que le ha llevado a hacerse con más de cinco millones de votos: la defensa de la libertad y de la democracia en su acepción más amplia, con todas sus consecuencias, sin temor a los pensamientos o los colores del otro, que forman y son parte del juego. Preocupa la definición que hace de lo que debe ser el ente público y los contenidos que debe ofrecer. Abogaron en campaña por los medios públicos como condición imprescindible para asegurar la libertad, la pluralidad y la calidad de la información. Hoy lo cambian por la exclusión por religión. Hubo un precioso eslogan que definió durante mucho tiempo a la Segunda Cadena: Para una inmensa minoría. Desde un Podemos incipiente, ya se le gritó a esa minoría, en su día, y en su lugar, que arderían, como en el treinta y seis. El discurso de esta nueva izquierda se parece mucho al de la derecha tradicional;en los extremos, las dos ideologías han sido siempre muy similares y siguen sin salir de aquellos lugares comunes que tanto perjudican hoy al juego democrático. Lugares que adquieren cada vez más protagonismo, sobre todo si tenemos en cuenta las últimas sentencias judiciales contra la libertad de expresión que defienden abiertamente la simbología ultraderechista al condenar chistes de Carrero Blanco o del Valle de los Caídos.

Hoy que Podemos ha ocupado un espacio en el arco parlamentario, el partido pierde fuelle como un velero que se queda sin viento. Ofrece esa imagen de partido sin ideas, que tira de recursos insustanciales porque no es capaz de generar políticas capaces de adaptarse a la realidad y que le permitan mantenerse en un juego que le viene grande;fuegos de artificio y política de impacto sin grandes consecuencias, algo desenfadadas, pero que preocupan cuando cuestionan los derechos del adversario. En este sentido, es posible que se equivoquen al extrapolar la ideología de sus votantes. Estos no tienen por qué inscribirse necesariamente en la izquierda. Supieron verlo tanto Íñigo Errejón como Pedro Sánchez, cuando afirmaron que la esencia de la masa podemita no radica en el posicionamiento ideológico sino en la disconformidad e insatisfacción de muchos votantes con los partidos tradicionales y con el panorama político español;una marea humana que vacila en la búsqueda de una alternativa política y que encontró en los morados el clavo al que agarrarse en última estancia, no como una solución definitiva sino como una forma de gritar ¡aquí estamos, esto pensamos! En España, la frase del Apocalípsis, porque no eres frío ni caliente te vomitaré de mi boca, tiene todavía gran proyección política y a los resultados electorales nos remitimos. En ese panorama las viejas ideologías, los dos bandos, han decido marcar aún más las lindes sin ser conscientes de que hay una masa que pide moderación, equilibrio, ruptura con las posiciones tradicionales, el olvido de contiendas que no conocimos y la práctica de lo que podríamos llamar una neo realpolik;acciones políticas centradas en la realidad y en las demandas sociales, por encima de las ideologías, acciones que van mucho más allá de poner etiquetas a la corrupción, velar por la integridad del rabo de los perros, el imperialismo de la CocaCola, o la negación de los derechos del contrario. Vivir, en definitiva, en la realidad.


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