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Donostia

Parte de la Donostia de postal se guarda en almacenes

Una ciudad se define por su gente, sus edificios, su paisaje y por todos los elementos que la hacen singular, desde farolas a barandillas. Los almacenes municipales esconden los moldes con los que se fabrican.

Un reportaje de Arantxa Lopetegi Fotografía Iker Azurmendi - Domingo, 16 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:12h

Moldes de farolas, relojes retirados y modelos para elementos del paisaje urbano conviven en los almacenes municipales.

Moldes de farolas, relojes retirados y modelos para elementos del paisaje urbano conviven en los almacenes municipales.

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Moldes de farolas, relojes retirados y modelos para elementos del paisaje urbano conviven en los almacenes municipales.

Una ciudad la constituyen sus gentes, sus edificios, el paisaje... pero también esos detalles, grandes y pequeños, que le dan personalidad, que muchas veces pasamos por alto porque se vuelven invisibles por habituales, pero sin los que Donostia no sería la misma.

Farolas, bancos, barandillas o adoquines son el ADN de una ciudad y, en el caso de la capital de Gipuzkoa, en muchos casos son elementos singulares y únicos. Cada una de estas piezas tiene su historia y es fruto de un complejo proceso de fabricación que comienza con la elaboración de un molde.

Un almacén municipal situado en Igara guarda un buen número de martices, principalmente de farolas, aunque también de jarrones ornamentales o relojes, que tienen historia propia.

La elaboración de estas hormas, según explican desde los servicios técnicos municipales, tiene carácter artesanal. Para hacerlos se utilizan distintos materiales, desde pasta a madera tallada con esmero. Hechos los modelos, que pasan ya a ser propiedad del Ayuntamiento, se llevan a la fundición.

El proceso a partir de ese momento sigue distintos pasos: la caja de moldeo se llena de arena y sobre esa arena se graba la figura, para después realizar los “machos” de fundición, que se completan con acero “de mucha calidad” y que son los que dan forma a la parte hueca interior. El camino llega a su fin con la “fundición en hierro” de la farola.

En Igara se esconden los moldes de madera de las farolas de la avenida de la Libertad que se hicieron en la década de los 70 a partir de un diseño inicial de finales del XIX. Estas hormas se elaboraron con un objetivo: hacer una copia de las farolas originales para colocarlas en la avenida de Navarra, un proceso económicamente muy costoso.

Hay moldes que nunca han tenido que salir del almacén porque las farolas originales no han tenido que ser sustituidas jamás

Más tarde, ya en los 90, el modelo volvió a salir de su escondite para que se pudieran fundir, en una fábrica de Azpeitia, una decena de farolas que se instalaron en la avenida de Zumalakarregi. Pero para rematar el proceso antes de que echaran raíces en su hogar definitivo faltaba otra etapa, el mecanizado que hace posible que las piezas encajen.

Hasta ahí su viaje, ya que con posterioridad no ha resultado necesario volver a sacar los troqueles del almacén porque no se ha tenido que efectuar ninguna sustitución de este tipo de lámparas.

Al lado de los moldes de esta emblemática farola descansan otros no menos singulares: los de las farolas de Ondarreta. Para elaborarlos, al igual que en el anterior caso, hubo que retirar de su ubicación una de las primitivas. Con esta horma se construyeron una docena de luminarias que se colocaron junto al borde de la playa. Estas farolas tienen un elemento muy característico, su cabeza, cuya matriz también está en Igara y que es igual al de las luces del palacio de Miramar.

costeConstruir una farola resulta caro. Teniendo el molde, realizar la pieza de fundición de hierro costaría en torno a los 10.000 euros, a los que hay que sumar el precio del sistema eléctrico. “Si hay un derribo, por menos de 20.000 euros no se sustituye”, explican desde el Ayuntamiento.

No todas son tan valiosas, porque no todas son tan elaboradas. Este es el caso de una farola de menor tamaño que puede verse en multitud de puntos de la ciudad, como el paseo de Bizkaia. Es también un modelo que data de la década de los 70, pero que imita -en versión mejorada- una antigua farola de color verde que todavía existe en el parque de Cristina Enea. En este caso el modelo no está en Igara, ya que se utiliza con bastante frecuencia y está en la fundición de Hernani.

Hay farolas que nunca se han usado para hacer modelos porque jamás hizo falta, como las situadas en la terraza del Ayuntamiento o las “monumentales” del paseo de La Concha. En este último caso, y a causa de un desperfecto, se realizó el molde de una de las placas laterales y se desmontó una de las alas de dragón que la adornan. Partes de la farola pero nunca la farola entera, que sigue inamovible.

En Igara sí está el molde de un jarrón que adorna las barandillas de dos de los paseos más emblemáticos de Donostia: el paseo de Francia y el paseo de Los Curas. Para hacerlo se retiró uno de los que se encontraban en buenas condiciones y se hizo una forma en pasta, por la complicación que suponía tallarlo en madera.

Pero no solo los elementos grandes y vistosos necesitan un modelo. Muestra de ello es que las instalaciones municipales guardan todavía las matrices para hacer las protecciones metálicas que rodean los jardines de Ondarreta y lo que se sitúan detrás del hotel de Londres


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