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Tribuna abierta

Ez da eten Aberri Egunaren katea

Por José Manuel Bujanda Arizmendi - Domingo, 16 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:12h

aberri eguna

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aberri eguna

hoy es el Aberri Eguna, el día de la patria vasca. 85 años nos separan de aquel primer Aberri Eguna del 27 de abril de 1932. Aberri Eguna cuyo lema ha sido, es y será aquella proclama política de Sabino Arana (Euzkotarren aberria Euzkadi da-Euzkadi es la patria de los vascos) y que sintetiza la columna vertebral del ideario nacionalista vasco. Quien escribe estas líneas, por abertzale, desea sinceramente que seamos precisamente todos los vascos los que en una fecha próxima lo celebremos tal como lo hacen, por ejemplo, los catalanes. Y tal como ocurría antes entre nosotros los vascos. Hoy nos contemplan 85 años de aquel primer Aberri Eguna convocado por el PNV tras la instauración de la República y que congregó a más de 60.000 personas en Bilbao (para entonces el nacionalismo catalán ya celebraba la Diada desde 1889 y el gallego el Día de la Patria Gallega desde 1919). El siguiente año fue en Donostia donde se celebró con el lema Euzkadi-Europa. Luego vendrían Vitoria y Pamplona. Más tarde, el inicio de la Guerra Civil conllevó que no hubiera una celebración unitaria aunque se festejó con actos menores en diversos lugares y durante la dictadura franquista fue proscrito. Es en 1947 cuando se produjo la primera concentración significativa en Bilbao. A partir de 1964 las convocatorias se realizan bajo fuerte presión policial en Gernika, Bergara, Pamplona, etc., con cargas y detenciones. A finales de la dictadura y durante la transición fue celebrado conjuntamente por todos los partidos vascos, los nacionalistas y los de izquierdas. Y así, en 1978 se produjo una convocatoria conjunta que reclamó un Estatuto de Autonomía para los vascos. Al año siguiente los socialistas vascos decidieron dejar de celebrarlo.

Hoy, de nuevo, en el Aberri Eguna de 2017, el futuro político de Euskadi nos vuelve a exigir a las nacionalistas vascos estar y actuar con coraje e inteligencia, siempre acorde con el tiempo real, y nos vuelve a demandar a los que entendemos que Euskadi es una nación a volver a pulsar la actualidad, a interpretar y saber leer correctamente las voluntades, ideas y sentimientos simbólicos, culturales, ideológicos y sociales de la sociedad vasca. Porque hoy, igual que ayer y mañana, el futuro de Euskadi lo va a determinar la voluntad de acertar en la selección de los objetivos que van a configurar en el futuro sus próximas etapas. Y es que la historia del pueblo vasco no es tan sólo la historia de un “yo” que se va explicitando en el tiempo, sino también la de un fenómeno evolutivo que recibe la mayor parte de su impulso, contenido y orientación de su interrelación con otros. Dicho de otra manera, el pueblo vasco, además de serlo en sí y desde sí, también está en el mundo condicionado por la evolución general. Y estimo por ello que lo fundamental es precisamente lo que todavía no hemos sido, es decir, lo que deseamos ser mañana, la voluntad manifiesta de querer seguir siendo, el objetivo irrenunciable de la Burujabetza del Zazpiak Bat: construir la nación vasca de los siete herrialdes por encima de las fronteras. El objetivo de ser cada vez más Estado vasco.

Pero quede claro, la patria, Euskadi, no puede ser fetiche ni abstracción. Euskadi, mi patria, no es patria etérea, es colectivo de ciudadanos, hombres y mujeres concretos. Somos vascas y vascos de carne y hueso, con nombre y apellido, con memoria histórica, símbolos, euskera y cultura, sentimiento de identidad e intereses económicos. Personas de a pie con preocupaciones vitales, necesidades reales y problemas a resolver, con un patrimonio colectivo de formas mentales, imágenes, vivencias, prejuicios, mitos, arte, hábitos, estereotipos, defectos y virtudes. Concibo a Euskadi como instrumento efectivo para servir a personas que estructuran una comunidad. Euskadi como plebiscito cotidiano que apuesta por seguir poder siendo según la voluntad ciudadana que conforma la sociedad vasca.

Euskadi es patria y es nación porque así lo dice la voluntad de sus ciudadanos que quieren poder autogobernarse y autodirigir su proyecto comunitario. Euskadi, nación y patria de los vascos, con capacidad para la realización de un proyecto en beneficio de una sociedad vasca en la que bien merezca la pena vivir. Somos un pueblo pequeño, pero una realidad en el tablero internacional, un pueblo que ha pervivido a culturas mucho más poderosas y a civilizaciones que han dejado su huella como legado permanente en la historia. Los vascos hemos sabido no perder el pulso y tras siglos continuamos siendo, continuamos con la conciencia de querer seguir siendo en el futuro. Ciertamente ha resultado sinuoso el camino que hemos labrado para convertirnos en una realidad sociopolítica, compleja, plural, dinámica y cambiante hasta configurar la Euskadi de hoy. Y a pesar de los bruscos cambios soportados y de las difíciles circunstancias a las que nos hemos tenido que enfrentar, hemos mostrado reiteradamente nuestra voluntad de permanencia y de preservar con nuestras señas de identidad y nuestros referentes histórico-culturales, con el euskera y con nuestro sentimiento de pertenencia a una comunidad histórica por encima de delimitaciones político-administrativas. El nacionalismo vasco político, el proyecto político de Euskadi, personificado fundamentalmente en el PNV, surgió y nació como agrupación natural y voluntaria de todos aquellos vascos que, más allá de la no aceptación del despojo político e institucional practicado en el siglo XIX en nombre de la nación española, afirmaron el ser nacional del pueblo vasco y se unieron para la consecución de los derechos políticos inherentes a tal condición. Hoy y aquí, el nacionalismo vasco, más de un siglo largo más tarde, sigue teniendo toda su razón de ser. Toda.

Un recuerdo emocionado, sí, un recuerdo emocionado a nuestros mayores, a aquellos y aquellas que en momentos humanos y políticos vitalmente muy complicados y extremadamente difíciles apostaron sin titubear por la libertad, la democracia y el autogobierno de Euskadi. Un muy emocionado recuerdo a nuestros mayores, padres, madres, abuelos y abuelas, tíos y tías, un muy emocionado recuerdo por aquellos valerosos y valientes gudaris que lo dieron todo, hasta su vida, por el autogobierno vasco, por la libertad de Euskadi, por la legalidad republicana y por la democracia. Un justo y merecido histórico recuerdo a todos aquellos que en la defensa de sus íntimos ideales vertieron coraje, valentía, honestidad, coherencia y su propia sangre. Un íntimo y agradecido homenaje a los hombres y mujeres que no se resignaron nunca en la dictadura, a todos los anónimos héroes, mujeres y hombres, jóvenes y mayores, conocidos y anónimos que, superando como buenamente pudieron el miedo, el terror y la represión más brutal, no se alquilaron ni se realquilaron por nada ni por nadie y que, aún vencidos y aplastados en la Guerra Civil, perseveraron indestructibles en su dignidad, y resistieron sin dobleces. A todos los que en la noche oscura del franquismo cultivaron la esperanza sin desesperar.

Bajo la alargada sombra de aquel primer Gobierno Vasco del primer lehendakari de Euskadi, José Antonio Agirre y Lekube (y de sus consejeros nacionalistas, socialistas, comunistas y republicanos), y con el recuerdo de los lehendakaris que le sucedieron (Leizaola, Garaikoetxea, Ardanza, Ibarretxe e Iñigo Urkullu), levanto solemnemente mi copa y me uno a todos los vascos y vascas repartidos a lo largo y ancho del mundo que creen, quieren, sueñan y sienten que Euskadi es su única patria. Creen, sienten, sueñan y quieren legítimamente, democráticamente y emocionadamente en una nación vasca, en una patria vasca, en una Euskadi libre y soberana, solidaria y compartida, abierta al mundo y que se construye a favor y en consonancia con la voluntad democráticamente explicitada por las urnas vascas y nunca en contra de nada ni de nadie. Patria inclusiva, amable y compartida. Patria vasca de mujeres y hombres libres, Patria de siete territorios (el “Zazpiak Bat” y la “Burujabetza”) incardinada en una Europa diversa, inclusiva e integradora de pueblos, naciones y estados referenciados en la bilateralidad, el respeto, la libre adhesión, el pacto mutuo, la interdependencia y las cosoberanías compartidas. Sin imponer, ni impedir. En libertad. Gora Euskadi Askatuta!


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