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Colaboración

‘Caso Cabacas’, una comparación necesaria

Por Iosu Perales - Martes, 11 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Paraguay es un país que ha vivido décadas de dictadura. Alfredo Stroessner gobernó con puño de hierro desde 1954 a 1989. Hace muy pocos años que ha iniciado un camino a la democracia, atravesando dificultades que la colocan en permanente riesgo. Un dato más de su debilidad institucional es la reforma de la Constitución aprobada en el parlamento por 25 senadores oficialistas, de un total de 45, en reunión secreta y extraordinaria, para permitir al actual presidente Horacio Cartes presentarse de nuevo en las próximas elecciones, algo prohibido hasta ahora por la carta magna. Antes de que la iniciativa pasara a la Cámara de Diputados de 80 miembros, comenzaron las manifestaciones populares de protesta, llegando un grupo a ocupar la sede del partido gobernante, Asociación Nacional Republicana (Partido Colorado), ante lo cual la policía irrumpió y disparó fuego real matando al joven Rodrigo Quintana, militante del Partido Liberal. Pues bien, a las pocas horas de este asesinato el propio presidente Cartes se dirigió al país por televisión anunciando el cese inmediato del ministro del Interior, Tadeo Rojas, y del comandante de las fuerzas policiales, Críspulo Sotelo, dejando claro que además la justicia castigará al asesino ya detenido, Gustavo Florentín. Veremos si ese castigo llega, pero al menos lo de los ceses es real. Todo esto en Paraguay.

Aquí, en Euskadi, en Bilbao, el 5 de abril de 2012, un grupo de ertzainas disparó contra un grupo de aficionados del Athletic en las inmediaciones de San Mamés, a resultas de lo cual murió el joven Iñigo Cabacas. La autopsia desveló que su muerte fue a causa de un pelotazo de goma que impactó en su cabeza. Patxi López era lehendakari y Rodolfo Ares consejero de Interior. No dimitió nadie. Nadie cesó a nadie. Y de remate la justicia enredada en una investigación que no ha contado con las necesarias colaboraciones y ha tardado cinco años en abrir juicio oral a tres imputados de la Ertzaintza por homicidio negligente. La familia de Iñigo ya ha reaccionado indignada por el no procesamiento del llamado Ugarteko, que parece ser que dio una orden que escuchada recuerda a los sucesos de Vitoria.

En su auto la jueza reconoce que no se ha podido averiguar quién disparó esa pelota, lo que me deja perplejo y pensando cómo es posible que nuestra policía sea incapaz de dar con el ertzaina que hizo el disparo mortal. En Paraguay, a las pocas horas el autor del asesinato ya estaba detenido. Aquí pasa algo raro.

La Ertzaintza, como cuerpo policial al servicio de la ciudadanía, merece que la justicia llegue hasta el final y lo haga con coherencia

En Paraguay, resulta que un presidente más bien poco demócrata nos da lecciones de cómo se debe actuar ante un exceso policial. Me dan ganas de escribir “hasta aquí llego, punto y final”. No hacen falta más explicaciones. Que cada cual saque conclusiones de la calidad de nuestra democracia.

No soy experto en los meandros judiciales y por consiguiente no valoro los detalles de la decisión judicial. Pero sí sé algo de democracia. Y me indigna la ausencia total de responsabilidades políticas. La culpa de Iñigo fue ser seguidor de su Athletic y estar en ese lugar donde algunos ertzainas recibieron la orden fatídica: “Le repito las órdenes para que queden bien claras. Entren al callejón con todo lo que tenemos”. Después de eso el consejero y quien dio la orden siguieron en sus puestos. Al parecer Ares prometió que iba a abrir una investigación dentro de la Ertzainza, pero cuando se abrió el proceso judicial, decidió cerrarla. Simplemente se lavó las manos. Todo esto en Euskadi.

Bernardo Atxaga ha dejado dicho que quien quita la vida lo quita todo. A Iñigo le quitaron todo. Y se la quitaron quienes deberían proteger la vida de todas y de todos. No cabe mayor aberración. No se puede soportar. Al menos la muerte de Rodrigo Quintana ha castigado a altos cargos públicos Aquí, en nuestra tierra la vida de Iñigo Cabacas no vale tanto, se despeja el balón a la justicia y luego se ejercita una colaboración insuficiente y que pase el tiempo. Me temo que este asunto quedará en una condena que no conllevará cárcel. Al tiempo.

La Ertzaintza, como cuerpo policial al servicio de la ciudadanía, merece que la justicia llegue hasta el final y lo haga con coherencia. Su imagen debe quedar limpia. Lo de las responsabilidades políticas es otro cantar. Aquí no dimite nadie, igualito que en España.


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