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El beaterio

Las fases del sueño

Por Iñaki de Mujika - Martes, 11 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:12h

Joseba Zaldua disputa un balón con Elderson y Burgui.

Joseba Zaldua disputa un balón con Elderson y Burgui. (Ruben Plaza)

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Joseba Zaldua disputa un balón con Elderson y Burgui.El beaterio - IDM

El fin de semana lo he pasado leyendo cosas que se refieren al sueño, a las fases que se suceden antes de acabar como un lirón. Primero, un adormecimiento que precede a ir cayendo poco a poco. Luego, roncar y roncar hasta tal punto que, si la bomba de Hiroshima cae a nuestro lado, nos parecería una tormenta lejana. Luego, los estudiosos llaman fase REM al período del sí pero no, ese en que empiezas a poner en marcha la cabeza, a despertarte poco a poco, a imaginar la jornada…Esta es, según dicen, la historia nocturna de cada día.

Mucha gente duerme mal y le aconsejan algunos remedios caseros para evitar el insomnio. Por ejemplo, una duchita caliente media hora antes de irte a la cama, en plan relajación. No es conveniente atiborrarse cenando, sobre todo si te tiras al colchón poco después. También, fuera ruidos, pantallas iluminadas, móviles y artilugios similares. Lejos, igualmente, el tic-tac del reloj de mesilla. Sugieren que antes de acostarnos escribamos en un papel las preocupaciones, los problemas y demás cuestiones que nos afectan para liberarnos de la tensión que producen. Hay otras propuestas. Por ejemplo, esto lo añado de mi cosecha, pegarle una patada a quien ronca a tu lado, te pone el pie frío sobre el gemelo o invade la mitad del colchón que nos corresponde. Este será en todos los casos un asunto de conflicto.

Pero hay otros sueños, los que manejamos perfectamente despiertos. Además de que nos toque la primitiva o el euromillón, están los sueños deportivos que, a veces, se convierten en quimeras. Imaginamos ganar de nuevo una liga o una copa. Como el asunto cambió tanto desde aquellas lejanas conquistas, damos por bueno lograr una plaza que nos lleve a Europa y traiga al estadio rivales diferentes y menos habituales, aunque sea por variar de vez en cuando el guión.

El sueño realista se inicia en la pretemporada. Discursos esperanzadores, fichajes de los que se espera mucho, pilas cargadas… hasta que llega el momento de confirmar quién eres y qué pretendes. Vas haciendo camino y sumas puntos y te sitúas en una zona de confort, al acecho de los grandes y con el objetivo relativamente cerca. Queda mucho. Tras el parón navideño, entre Liga y Copa, el calendario es criminal y no hay cristiano que lo resista. La consecuencia es conocida. Van cayendo elementos con lesiones varias y las reservas de oxígeno para la resistencia y la velocidad se tambalean.

Las ilusiones se desvanecen. Las ventajas se pierden. Empezamos a creer que todo son espejismos y las dudas sobrevuelan sobre la cazuela en la que se cuece el menú del campeonato. Los demás arrean y de repente aparece el canguelo, que es lo mismo que el canguis. De repente, por fas o por nefas, dejas de jugar bien, de ser quien eras, de no meter un gol ni al arco iris, de entrar en racha negativa, de no chutar a puerta, de… casi casi dejar de soñar.

En este tipo de anhelos existen también las fases. Nos falta la última, la de las ocho jornadas finales del campeonato. Las de verdad, las que determinan si vas a conseguir sacar adelante el proyecto, o en mitad del sueño te despiertas y rompes con la bonita historia que estabas escribiendo.

En medio de estas vicisitudes llegó el partido con el Sporting. Una oportunidad para reivindicarte, ganar el partido, sacar los puntos y seguir recorriendo millas, aun sabiendo que en el camino encontraremos baches y socavones que nos complicarán la marcha. Por ello, necesitamos conductores con pericia que agarren bien el volante y lleven a buen puerto el vehículo, con todos los pasajeros dentro, incluso los que no creen que el éxito vaya a ser posible.

Eusebio resopló cuando pudo concretar un once tipo, el más habitual, el de mejor juego y resultados. Salvo en el lateral derecho, el resto fue ese equipo pinturero que anoche cumplió con el objetivo prioritario de sumar tres puntos después de unos cuantos encuentros sin hacerlo. Marcó muy pronto un gol y eso cambió la decoración y los planes. Willian José abrió la racha con un remate de cabeza y Juanmi puso la guinda a un pedazo de pase de Xabi Prieto que volvió a brillar, como el resto de sus compañeros de línea. El lugarteniente aguantó tan generoso como siempre y Zurutuza le puso un balón de gol que Yuri no desaprovechó. El Sporting no pareció estar para muchos trotes y la Real ganó sin demasiados sobresaltos. Eso sí, engatusando poco.

Quizás guardó fuerzas y economizó desgastes innecesarios, porque todo le va a hacer falta para su próxima cita en territorio indomable. Los partidos se imaginan, los sueñas. Así son los encuentros. Van por fases. Se mezclan el buen juego y las ocasiones, con los errores y los desencuentros que se relacionan con la falta de tensión y concentración. Anoche me pareció que de esto también hubo bastante. El sentido de la anticipación y la velocidad abrieron un partido que planteaba incógnitas felizmente disipadas.


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