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César StrawberryCantante de Def con Dos

“Todo ciudadano, por cualquier cosa que diga, puede ser enviado a prisión”

El grupo de rap-metal presenta su combativo último disco, ‘’#trending_dystopic’, sobre el que planea la pesadilla judicial vivida por su líder, César Strawberry

Andrés Portero - Lunes, 10 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:12h

Def con Dos.

Def con Dos.

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Def con Dos.

bilbao- El cantante, compositor e ideólogo del grupo Def Con Dos fue condenado a un año de cárcel por un delito de terrorismo tras escribir unos tuits sobre Ortega Lara. “El franquismo está infiltrado las más altas instituciones del Estado”, asegura Strawberry, que aboga por “no poner límites al humor” porque “tampoco los tiene el drama”.

Vuelven con nueva formación y cambio de discográfica.

-Es una etapa nueva y con cambios, sí. Hemos intentado ir a más y Dro/Warner no veía sacar disco ahora. Tras no entendernos, y de buen rollo, apostamos por Rock Estatal, ya que los cambios son buenos.

En lo musical no se advierten demasiados cambios, el rap-metal sigue ahí, aunque a veces suene más punk, funk o industrial.

-Casi cumplimos 30 años y somos esclavos de nuestros éxitos, como dice Dylan. El público marca la línea y el disco nuevo reivindica lo que somos y nuestra esencia, a nivel ideológico y también musical, donde nos abrimos a un amplio abanico de estilos. Nos enmarcan en el rap-metal pero abarcamos bastantes campos, del hip hop al rapcore. No íbamos a ponernos con las baladas...

‘Esto es el Def’. Así han titulado un tema nuevo.

-Y resulta emblemático porque resume lo que somos. El Def, así nos llamaban en México, es ya un estilo, propio en sí mismo, con una seña de identidad. La canción entronca con nuestro tono reivindicativo, surrealista, nihilista y loco. La mezcla de crítica con humor corrosivo, sarcasmo y también gamberrada. Invitamos a pensar, pero con la sonrisa en la cara.

Sus letras y manifiestos siguen más en vigor que nunca, aunque resulte triste.

-Es que estamos en un momento histórico muy difícil. No es cuestión de lanzar mensajes negativos porque creo en la capacidad de la humanidad y en las personas, pero hay una gran ola de conservadurismo en el mundo que en España conocemos bien porque siempre ha existido el franquismo. Ahora se reivindica a sí mismo y sale a la luz con orgullo, infiltrado en las más altas instituciones del Estado. Al contrario que en otros países de Europa que sufrieron dictaduras, aquí se está orgulloso de Franco, se le homenajea y cuenta con fundaciones y monumentos. Vamos en retroceso desde la Transición, cuando parecía que se avanzaba hacia un país realmente democrático. Eso se ha parado, existe un franquismo orgánico y sociológico que se identifica con la supuesta identidad española. Hay que creer en Franco, los toros, el bar Casa Pepe... Y se ponen medallas a la Legión.

Y ahí están ustedes, “ofendiendo a quien ofenda el libre pensar”.

-Evidentemente y a pesar de esta ola de susceptibilidad extrema en la que hay gente que se siente con derecho de ser reparada por el Estado en lo que se siente ofendido. La ofensa es algo muy subjetivo y amplio, y a ese derecho se le está dando cobertura legal de forma arbitraria e ideologizada. Hay gente que sí tiene derecho a sentirse ofendida y otra, no. Por ejemplo, a mí me ofende el Valle de los Caídos, pero me aguanto. Hay un doble rasero, algo propio de un Estado totalitario y que, lamentablemente, se está normalizando. La Fiscalía recibe órdenes directas del Ministerio del Interior.

¿Qué se le pasó por la cabeza al ser tildado de terrorista?

-Lo primero, que tenía razón en lo que contaba hacía 26 años, lo del Gran Hermano, el Estado franquista, la distopía ultramemiaa la que nos dirigimos... Tengo 53 años y había pensado que igual no había sido honesto porque lo había podido decir. Al ser detenido, vi que de lo que hablábamos era cierto, que no era una paja mental, que había sido honesto. Ahí está, tal cual, la letra de Ciudadano terroristao la de Mundo chungo. Ilustran perfectamente lo que ha pasado, algo de película y de cómic. Tuve miedo.

¿Miedo real?

-Muy real. Y me está costando superarlo. Llevo dos años de pesadilla, aprendiendo a dominarlo. Me sentí solo al ir al talego. “¿Cómo puede estar pasando esto?”, me preguntaba. Y en mi entorno no se le dio trascendencia porque decían que se iba a archivar la causa. Era una estrategia de las fuerzas más oscuras del poder para imponer la política del miedo porque fui absuelto pero el Tribunal Supremo le ha dado un giro contrario a la ley y me condenó.

Ha presentado recurso...

-Exacto, al Supremo y como paso previo para acudir al Tribunal Constitucional. Si no hay absolución, iremos al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, donde, sin duda alguna, me absolverán. Y al final, la justicia de un país la tendrán que imponer desde Bruselas.

En Euskadi conocimios casos similares al suyo con Fermín Muguruza o Soziedad Alkoholika (SA).

-Sí, pero los SA fueron absueltos en tres juicios. A mí me han vigilado durante años y al no poder criminalizarme por la música y las letras dada la jurisprudencia, se han agarrado a seis tuits cogidos con pinzas. ¡Son de coña! Por eso hay gran ola de apoyo que supera en mucho mi trascendencia como personaje público. Incluso hay gente a la que no le gusta el grupo ni lee mis libros, incluidos magistrados y catedráticos de derecho penal agrupados en el manifiesto Carrero como síntoma, que han mostrado su estupor por la sentencia. Ha despertado una gran alarma social ciudadana porque cualquiera, por cualquier cosa que diga, puede ser enviado a prisión. La cuestión es si queremos un sistema autoritario o democrático.

Canta que está reservado el derecho de expresión. ¿Debería tener un límite? ¿También en el caso del humor?

-Son dos cuestiones distintas. Plantear límites al humor es perverso, de la Edad Media. Si el drama no tiene límites, ¿por qué lo va a tener el humor? Es una de las maneras más sanas de refrescar la mente. Hasta en los sistemas más autoritarios había siempre un bufón.

Tip y Coll en el franquismo, por ejemplo, hacían chistes sobre Carrero Blanco que ahora no le permiten a Cassandra, ¿no?

-Claro. Y está el caso de Juan Luis Cebrián, que también los publicó. Pretender rehabilitar a una figura del franquismo como Carrero es revisionismo histórico y algo que no se plantean en Alemania con Hitler. Y conviene recordar que los crímenes previos a 1977 están amnistiados. Se están intentando criminalizar chistes sobre acciones amnistiadas.

¿Qué opinión tiene sobre el autobús de Hazte Oír?

-Tienen derecho a sacarlo a la calle. No existe una sociedad democrática si no tiene en cuenta la tolerancia. No se puede basar en la idea democrática de trinchera, de mis ideas y las de los míos. Se debe permitir expresarse a gente cuyas ideas aberrantes y rancias nos causan estupor, incluso a un colectivo liberticida y prohibicionista como ese, aupado por Aznar y Fernández Díaz. Si les prohibes, les das la razón. Hay que ser cauto y tener piel gruesa.

El disco acaba con una versión de ‘Resistiré’, de Barón Rojo. ¿Declaración de principios?

- Echamos la mirada atrás para ver a gente que hizo grandes cosas en la música, como Barón Rojo o La Polla. No solo nosotros tenemos canciones proféticas. A mí, de chaval, Resistiré, me flipaba;y no ha perdido un ápice de actualidad. Al tocarla en directo, la gente se siente muy identificada con ella. Ellos, y otros, cantaban lo que pasaba detrás de esa cortina del España va bien, el adosado, los centros comerciales... Como decimos en una canción: a luchar, beber y follar. (Risas) Bueno, lo último está más difícil. Y eso sí, siempre sin miedo, que es lo que nos paraliza.


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