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Monumental Van Avermaet

CICLISMO | El belga gana en el velódromo de roubaix su primer monumento tras superar a stybar al sprint en el adiós de tom boonen

Aitor Martínez - Lunes, 10 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:12h

Van Avermaet festeja el triunfo ante Stybar en la París-Roubaix.

Van Avermaet festeja el triunfo ante Stybar en la París-Roubaix. (Foto: N.G.)

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Van Avermaet festeja el triunfo ante Stybar en la París-Roubaix.Tom Boonen.

En el epílogo de la gloriosa y oscura trayectoria deportiva de Tom Boonen, entre victorias y cocaína, su perdición, de la que salió para seguir triunfando, ganó otro belga: Greg Van Avermaet. El campeón olímpico, excelso rodador y gran finalizador, quiere seguir los pasos del gran campeón, leyenda de los adoquines. Excelente está siendo su inicio de temporada. Vencedor en la Omloop Het Nieuwsblad, la E3 Harelbeke y la Gante-Wevelgem, así como un segundo puesto en el Tour de Flandes, en la gran exhibición de Philippe Gilbert, el belga sumó ayer a su palmarés su primer monumento ciclista, la París-Roubaix.

Leyenda del ciclismo, cuatro veces primero en el velódromo de Roubaix (2005, 2008, 2009 y 2012), Boonen llegó derrotado a meta, impotente tras haberlo intentado en varias ocasiones, espíritu combativo, aunque sin éxito. No se molestó ni siquiera en pelear por la sexta plaza. Evitó disputar el sprint de su grupo, que entró con doce segundos de retraso que debieron ser más por la tranquilidad con la que el trío cabecero afrontó su particular vuelta de honor en el velódromo. Se dejó llevar y terminó décimo tercero, hundido. La suya era otra batalla. Como la de Peter Sagan, caído en Flandes el pasado sábado y desquiciado ayer tras sufrir un pinchazo cuando comandaba la prueba tras un ataque a 70 kilómetros de meta que tensó y después de que una avería, a poco más de 30 para el final, con la carrera totalmente rota y lanzada. Sin lluvia ni barro, el eslovaco sufrió su particular infierno. Orgullo herido. La maldición del campeón del mundo. La que persigue a todos y cada uno de ellos desde que Bernard Hinault venciera en Roubaix con el maillot arcoíris en 1981.

Van Avermaet no entiende de maldiciones, estas no castigan al campeón olímpico. Al contrario. Se quedó cortado debido a una montonera provocada por una caída a uno 100 kilómetros de meta, echó pie a tierra y tuvo que pegarse un calentón para enlazar con el resto de favoritos. Llegó a cola del grupo e intuyó desde la lejanía la sombra de Sagan, que buscaba la gloria desde lejos. Un pinchazo le devolvió a la tierra y, pese a que cambió de rueda en un suspiro, en menos de 20 segundos, se rindió al empuje de sus perseguidores. El eslovaco, puro corazón, lo intentaría por segunda vez, de nuevo sobre los adoquines, y la carrera se tensó hasta el punto de que solo quedaron 15 corredores en cabeza. Gallos de la talla de Van Avermaet, Boonen, Stybar o Degenkolb.

táctica perfectaLa prueba entró entonces en un juego de mesa. El BMC lanzó a Daniel Oss por delante, rebajando así la presión para Van Avermaet y obligando a trabajar al resto. Sagan, pinchado, y Boonen, incapaz de seguir el ritmo, perdieron comba y en el Carrefour de l’Abre, siempre selectivo, durísimo, imprevisible en sus 2100 metros de empedrado, Van Avermaet lanzó un ataque al que solo respondieron Stybar y Langeveld.

Juntos hicieron camino hasta el velódromo de Roubaix, con Stybar cómodo a rueda mientras Van Avermaet y Langeveld relevaban a conciencia. Boonen, que nunca llegaría a ellos, fue la excusa perfecta para que su compañero de equipo no trabajara. Lo intentó antes de entrar en el ovalado, pero la respuesta del belga fue contundente. Ya en el volódromo llegó la calma, ojo avizor todos ellos, hasta el punto de que Stuyven y Moscon les dieron caza. Stybar lanzó entonces el sprint, pero Van Avermaet se mostró intratable y ganó con solvencia. Langeveld a duras penas disputó la victoria mientras Boonen, ya en el óvalo, lamentaba su falta de fuerzas. En su adiós al ciclismo, el triunfador fue otro belga, un monumental Van Avermaet.


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