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Pardilla regresa al dolor

El corredor manchego del Caja Rural se cita hoy con la capital vizcaina, donde justo hace dos años sufrió una gravísima caída de la que todavía arrastra secuelas

Un reportaje de Aitor Martínez - Jueves, 6 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:12h

Pardilla, que intentó ayer una escapada, cree que la etapa de hoy en Bilbao “va a ser un día como otro cualquiera”.

Pardilla, que intentó ayer una escapada, cree que la etapa de hoy en Bilbao “va a ser un día como otro cualquiera”. (Foto: Photogomezsport)

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Pardilla, que intentó ayer una escapada, cree que la etapa de hoy en Bilbao “va a ser un día como otro cualquiera”.

Suspira Sergio Pardilla minutos antes de tomar la salida en Gasteiz, donde se avecina tormenta. Del cielo gris, plomizo, caen algunas gotas, las que luego acompañaron al pelotón en su sinuoso camino hasta Donostia, donde la Vuelta al País Vasco se reencontró con su pasado 42 años después. Suspira por lo que viene, la primera gran etapa de la Itzulia tras dos jornadas tranquilas, con mención especial para la segunda, con final en Eltziego y cuyo mayor atractivo fue cuadrar en el plano del podio la majestuosa bodega ideada por Frank Gehry. Y eso que viene, además de una etapa con seis puertos de montaña, la que permitió las grandes divisiones en el pelotón, es Bilbao, a donde llega hoy la carrera desde el otro extremo de la AP-8. Bilbao, tan hermosa, tan cambiada, pero a la vez tan cruel. Cruel con Pardilla, Peter Stetina, Adam Yates y Nicoles Edet, que un 6 de abril de hace dos años dijeron adiós a la prueba vasca a las primeras de cambio tras un brutal choque contra un bolardo pésimamente señalizado en plena Gran Vía, a escasos metros de la línea de meta y con el sprint ya lanzado.

Dos años después de aquel desagradable suceso, que puso a Bilbao en el mapa y a los organizadores en el disparadero, Pardilla, sin duda el más damnificado de la caída, prefiere pasar página. Suspira, pues le incomodan en cierta medida las preguntas, aunque no las rehuye. “Va a ser un día como otro cualquiera. Intentaré centrarme en la carrera, aunque…”. Se detiene, traga salida y no oculta que será “irremediable” no acordarse de aquello. “Es que es justo el mismo día, el mismo final de etapa”, recalca.

Después de dejarse ver ayer en cabeza, tras colarse en una escapada de gran nivel camino de Donostia, el corredor manchego seguirá presto para la batalla. “No queda otra. Yo tengo que seguir haciendo mi trabajo”, expone. Le será imposible dejar a un lado aquel recuerdo. Apenas un segundo en el que los nervios invadieron el coche número uno del Caja Rural, conducido por su director, Eugenio Goikoetxea. Donde aún resuenan los gritos provenientes de la radio que anunciaron la caída. El navarro llegó junto a su corredor, que yacía inmóvil en el suelo, apenas unos segundos después del terrible choque.

El parte médico, más propio de una batalla de guerra, aún asusta a día de hoy. El ciclista manchego fue hospitalizado de urgencia tras presentar un traumatismo craneoencefálico, hemoptisis, fractura de la muñeca izquierda y una fractura de hombro además de un hemoneumotorax. Permaneció dos días en observación por la gravedad de las heridas y aún hoy guarda secuelas. “Lo más grave fue lo de la muñeca izquierda”, rememora mientras baja su mirada hacia la misma, resguardada ayer del frío por un guante. “Quedó destrozada”.

Un sinfín de sesiones de rehabilitación después, recuperó la movilidad plena de la misma, aunque aún hoy, dos años después, le sigue molestando, y mucho: “Como yo digo, la mano tiene costumbre de dormir por el día y despertarse por la noche. Y ahí es cuando más me duele. Obviamente no está como antes de la caída”.

unos bolardos mal señalizadosCerradas prácticamente todas las heridas, sí al menos las emocionales, no tanto las físicas, pues las cicatrices aún perduran en su cuerpo, Pardilla dice no guardar rencor por lo que sucedió. Asume que algo así forma parte de su trabajo, que ellos, los ciclistas, tan expuestos a las caídas, pueden sufrir situaciones parecidas, pero lamenta que hubiera quien no hizo “bien su trabajo”. Los bolardos, sobre los que asomaban unos conos de obra no estaban para nada bien señalizados y el golpe fue tremendo. “No, no se hizo bien el trabajo”, recalca. “Aquel día no, desde luego”.

Ahora, mientras recuerda aquel pasaje, doloroso no cabe duda, espera que los hechos no se vuelvan a repetir. “Espero que no se repita”. Ni la caída ni la falta de interés de la organización. Si bien el ciclista manchego asegura que no quiere darle “demasiadas vueltas” a aquello, admite que “desde la organización no hubo mucho acercamiento”. El recuerdo de aquella caída, mientras tanto, volverá a asomar en su cabeza a medida que el pelotón se acerque a Bilbao, donde hace justamente dos años Pardilla volvió a nacer.


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