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Fuegos artificiales de despedida

OTRA DECEPCIÓN | Una Real triste, indolente y sin argumentos se despide del estadio madrileño con otra derrota sin disparar a puerta

Mikel Recalde, enviado especial a Madrid - Miércoles, 5 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:13h

Raúl Navas e Iñigo Martínez protestan una decisión a Undiano Mallenco en el partido de ayer en Madrid.

Raúl Navas e Iñigo Martínez protestan una decisión a Undiano Mallenco en el partido de ayer en Madrid. (Foto: Efe)

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Raúl Navas e Iñigo Martínez protestan una decisión a Undiano Mallenco en el partido de ayer en Madrid.Aritz Elustondo y Filipe Luis pugnan por un balón aéreo, ayer en el Vicente Calderón.

La Real despidió el Calderón con una derrota. Como pocos dudaban. El problema es que lo hizo con una sensación de crisis galopante. De descomposición. De ser incapaz de mantener el ritmo que le había llevado a estar en puestos europeos desde hace 19 jornadas. Como dato para los aficionados a las estadísticas, que seguro que habrá alguno en Anoeta y Zubieta, los blanquiazules estaban a un punto del Atlético hace cuatro jornadas y ahora se encuentran a doce. Sí, es cierto que ha tenido una plaga de lesiones impresionante, pero esto es deporte de élite y hay que empezar a pedir explicaciones. ¿Por qué se lesionan tan rápido? ¿Por qué tardan tanto en recuperarse? ¿Sucede en todos los clubes o solo a orillas de la Bahía de la Concha? Y lo más grave de todo... ¿Si Eusebio quería una plantilla corta en verano y al final ha tenido una de 25 futbolistas, dónde están los que apenas han jugado si ayer en Madrid había hasta cuatro de los 18 convocados con un dorsal superior al 25? A ver si, una vez más, los devotos e incondicionales se han precipitado en encumbrar a un director deportivo que sí, es cierto, ha tenido mejor ojo para los fichajes que en anteriores campañas, pero que en cambio no ha atinado en la confección de un plantel y un cuerpo técnico capaz de mantener la competitividad durante 38 jornadas.

La Real tuvo la posesión, pero lo único que en realidad aportó en su despedida del maldito templo atlético fueron unos fuegos de artificio. Parecía que sí, que podían, que dominaban y que estaban cerca de marcar, pero ni remataron entre los tres palos ni generaron la más mínima sensación de peligro. La Real que deslumbró a finales de 2016 se ha convertido en un equipo triste, sin identidad, que es capaz de celebrar un córner porque no tiene la calidad ni la puntería suficiente como para hacer daño en el área adversaria. Ahora mismo no tiene nivel para competir por Europa. Quedan ocho jornadas y la situación empieza a ser límite. Los realistas acumulan cuatro jornadas sin vencer y lo peor de todo es que ofrece la sensación de estar muy lejos de volver a lograrla. Aperribay, ese presidente que prefiere mantener a Loren como el director deportivo más longevo de la categoría en lugar de, como había prometido, poner al timón a Roberto Olabe, una eminencia en planificación y metodología, como lo destacó él mismo, siempre suele decir que huye de análisis cortoplacistas y que las notas se ponen al final del curso. Pues bien, con la plantilla más cara de la historia de la entidad, el sueño europeo comienza a desmoronarse. Y no parece demasiado normal que el cuerpo técnico, ese que ha renovado para dos temporadas más, no esté atinando en soluciones cuando más se necesita su precisión y capacidad.

Eusebio volvió a apostar por una alineación incomprensible en el Calderón. El técnico está nervioso. No encuentra soluciones. Sus decisiones no funcionan. Fuera de su gran invento con el once de gala se pierde. La Real deja de ser competitiva. Al igual que el año pasado cuando vivía su mejor momento de la temporada, sacó un equipo flojísimo en el Calderón, y no hacía falta ser un lince para adivinar que sus elegidos no iban a dar la talla en uno de los estadios más inabordables de la categoría. El vallisoletano reconoció implícitamente que se había equivocado ante los pepineros al dar el timón del 4 a Zubeldia, con Granero y Xabi Prieto por delante.

Eso es lo que propuso ante la medular más contundente y fuerte de la categoría. No merece más comentarios. Por si fuera poco, en la línea de tres ofensiva, abogó de nuevo por un Canales que está a años luz de su mejor nivel, y con Vela en la otra banda, para servir de balones a un Willian José que está lejos de su mejor forma. Tenemos que ser conscientes del momento en el que nos encontramos. La Real ha hecho una gran campaña, pero si no da el do de pecho en estos últimos diez encuentros se va a evaporar su sueño europeo. Ni más ni menos.

El equipo txuri-urdin dio una sensación de crisis galopante, de descomposición, de ser incapaz de mantener el ritmo exhibido durante el curso

Eusebio no se dio cuenta que en su equipo, con Vela sin ser el que era, estaba repleto de futbolistas que eran poco capaces de recuperar balones y partirse la cara en la medular, y a los que les gusta y necesitan el balón al pie. Nadie pedía en largo ni rompía en velocidad o regateando. Así es imposible. No hay ninguno que sorprende ni que desborda. Solo Odriozola. Hasta que reventó porque, aunque lo llegamos a dudar, no es un superhéroe. Vamos a ser sinceros. El once que alineó Eusebio no tenía ninguna posibilidad de puntuar en el Calderón. Eso lo sabíamos todos los aficionados realistas antes de comenzar el choque. Si el entrenador no era consciente de ello, es como para empezar a preocuparse de verdad. Oyarzabal estará acusando el desgaste de la campaña, pero al menos tiene una marcha más, trabaja como ninguno y aporta muchas soluciones a los centrocampistas. Su suplencia no se entiende bien. Pero si su sustituto es Canales, que no desborda a nadie, no admite ni debate. Eso sin entrar a valorar que a Granero siempre le ha costado mucho más actuar de 8 que de pivote en los últimos meses y que Xabi Prieto ha bajado muchos enteros en los últimos meses.

Y eso que hay que reconocer que los blanquiazules no comenzaron mal el partido. Intentaron dominar sin complejos ante un Atlético al que, desgraciadamente, no le perturba nada aguardar su oportunidad. Nunca tiene prisas y menos en su estadio. Sabe que tarde o temprano llegará su oportunidad, en parte gracias a que cuenta con un futbolista capaz de marcar diferencias como Griezmann. Los donostiarras se acercaron a los aledaños del área local, pero siempre ofreciendo una sensación de indolencia más que agobiante. Sí, parecía que la cosa tenía buena pinta, pero en el Calderón y ante el conjunto de Simeone casi nada es lo que parece. Una cosa es lo que tú te crees que está haciendo y otra, muy distinta, lo que te están dejando hacer, como volvió a suceder ayer.

sin ocasionesSin más acercamiento ni nada demasiado reseñable que un centro de Yuri como único bagaje, en cuanto los colchoneros apretaron un poco lograron ser muy superiores. Tras dos buenas ocasiones de Griezmann, siempre él, a los 27 minutos llegó el tanto de los atléticos. Rulli algún día entenderá que los detalles cuentan y mucho en este tipo de estadios. Despejó mal una pelota en el origen de una acción en la que una doble pared defendida con poca contundencia por la zaga txuri-urdin la aprovechó con velocidad y picardía Filipe Luis. El lateral se impuso en su carrera a Odriozola, que, poco después, tuvo que pedir el cambio al romperse. Lo que faltaba. Alguien debería hacerse responsable de los contratiempos musculares de este equipo. Poco después, un centro de Carrasco que se tragó Rulli no fue aprovechado por Torres, que, primero, remató al palo y, después, con todo a su favor, chutó al lateral de la red. Lo sencillo nunca fue lo suyo.

De ahí al descanso los madrileños pudieron ampliar a la contra su renta, mientras que la Real solo generó una oportunidad en una dejada de Xabi Prieto que Willian José no enganchó. El brasileño no está. Pero se le espera.

En la reanudación, el Atlético se colocó en su campo y permitió a la Real dominar. Zubeldia destacó haciendo de Illarramendi, misión que debió cumplir el sábado en casa, pero el abrumador dominio de la posesión no se tradujo en ninguna opción. La única destacable fue un disparo de Granero que se marchó alto. En los minutos finales los rojiblancos pudieron golear gracias a un Correa que agitó el duelo, pero se toparon con un buen Rulli que salvó a su equipo.

Otra derrota más. Agur maldito Calderón. La última cornada a la Real fue sacarle de los puestos de Europa 19 jornadas después. La cosa no pinta nada bien. El tema empieza a ser más que preocupante en el momento clave. Y el técnico parece no encontrar soluciones a una crisis abierta ya indiscutible. Ni más ni menos.


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