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UPN y PP recuperan en Nafarroa la estrategia de la crispación de los años más duros contra Zapatero

La escenificación y las palabras gruesas se imponen al debate de los argumentos

El objetivo es crear una atmósfera de alarma social permanente que garantice la lealtad y desmovilice a la izquierda

Ibai Fernandez - Martes, 4 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:12h

Cabecera de la manifestación que UPN y PP organizaron en marzo de 2007, a dos meses de las elecciones forales, contra el Gobierno de Zapatero en Pamplona.

Cabecera de la manifestación que UPN y PP organizaron en marzo de 2007, a dos meses de las elecciones forales, contra el Gobierno de Zapatero en Pamplona. (OSKAR MONTERO)

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Cabecera de la manifestación que UPN y PP organizaron en marzo de 2007, a dos meses de las elecciones forales, contra el Gobierno de Zapatero en Pamplona.

Iruñea- A diferencia de la izquierda, mucho más dada al cainismo cuando sale del Gobierno, los partidos de derechas generalmente reaccionan a la pérdida del poder creando un clima de tensión política permanente que supedita la agenda al objetivo superior: la deslegitimación del adversario para volver al Gobierno lo antes posible. Una estrategia de crispación que ya pusieron en práctica Aznar, como jefe de la oposición de 1993 a 1996, y el PP de Rajoy, controlado todavía por el aznarismo, tras la traumática derrota de 2004. Y que asume ya sin disimulo la coalición que de facto forman en Nafarroa UPN y PP, arrastrando en gran medida también al PSN.

“La estrategia de la crispación consiste en practicar una oposición de gran dureza, descalificatoria del adversario, centrada en temas abstractos pero sensibles que sí movilizan en cambio a los votantes propios, y sin incluir la oferta de soluciones alternativas a los problemas concretos”, apunta el periodista Antonio Papell recordando la legislatura post 11-M, en la que el PP se centró en “reducir el voto ideológico y en generar un clima de hastío” en los votantes de izquierdas. La bronca permanente genera desafección política y abstención, lo que perjudica más a la izquierda que a la derecha, cuyos votantes se muestran mucho más fieles en un contexto de agitación, explica Papell.

De esta forma, se magnifican los hechos hasta el punto de que una cuestión secundaria, como el relevo de un cargo intermedio o el óculo del Palacio, adquieren el mayor dramatismo y escenificación. Todo en medio de una intensa campaña negativa de carácter personal contra el jefe de Gobierno a quien se le atribuye, a veces desde el insulto, la responsabilidad de la crispación provocada, cuestionando incluso la legitimidad lograda en las urnas.

Del “usted ha traicionado a los muertos” que Rajoy espetó a Zapatero en mayo de 2005, se ha pasado a la “traición” a Nafarroa por derogar la Ley de Símbolos. Y de la unidad de España o la lucha antiterrorista como eje de debate mediático entre 2004 y 2008, al euskera, víctimas e ikurriña como prácticamente único posicionamiento argumental.

Un mensaje que transmite además la dificultad para asumir el resultado de las urnas. De la misma forma que la teoría de la conspiración sirvió para que los Acebes y Zaplana cuestionar la victoria de Zapatero en 2004, la propia composición plural del Gobierno de Nafarroa sirve para poner en duda su legitimidad. Incluso el PSN se ha sumado a la confusión asegurando que las mayorías “son coyunturales” por lo que carecen de capacidad para tomar determinadas decisiones.

La crispación en NafarroaEsa estrategia quedó perfectamente escenificada el pasado jueves cuando los parlamentarios de UPN y PP abandonaron el Pleno del Parlamento entre aspavientos y agitación de banderas. El gesto no solo deslegitimaba el Parlamento, sino que evidenciaba la renuncia al debate político priorizando el eco mediático. En ese sentido, resulta esclarecedor el llamamiento de Javier Esparza a los medios de Madrid para que Nafarroa entre a formar parte de la agenda española.

Cerrando la puerta a cualquier posibilidad de acuerdo, la oposición ha renunciado en Nafarroa a discutir las políticas y a plantear alternativas en el ámbito económico o social. Ninguna ley importante ha salido con su apoyo. En su lugar, se impone la desmesura, se magnifican los errores y se distorsionan los hechos para crear la sensación de que Nafarroa está al borde del abismo y la desaparición.

Los argumentos quedan enterrados así por palabras altisonantes como “imposición”, “persecución”, “discriminación” o “enfrentamiento” en la búsqueda de una alarma social permanente y artificial en la que los matices quedan eclipsados por las intenciones perversas que se le atribuyen al Gobierno. Poco importa lo que pueda hacer en la mejora de la educación en inglés, en el impulso de la alta velocidad o para llevar agua de calidad a la Ribera. Las supuestas razones ocultas de Zapatero que llevaron a UPN y PP a salir a la calle al grito de Navarra no se vende, son las mismas que están detrás de cada propuesta del Gobierno foral, cuyo fin último siempre es la “euskaldunización” y “desaparición” de la comunidad.

Según recoge el periodista Joaquín Estefanía en su análisis de la Teoría de la Conspiración, la derecha ha llegado a la conclusión de que las elecciones no se ganan, sino que se pierden, por lo que es inútil competir con el Gobierno desde la oposición. Y como considera que es más difícil atraer a los sectores cercanos al Gobierno que desmovilizarlos, la estrategia acaba pasando por radicalizar las posiciones para garantizar la lealtad de los suyos y desdibujar al adversario para desmovilizarlo.

Una espiral en la que en Nafarroa compiten Esparza y Beltrán, ambos autoproclamados salvadores de una Nafarroa que se juega su propia supervivencia. La búsqueda del mayor exabrupto y la sobreactuación a estas alturas de la legislatura parece ya irreversible. Así que serán las próximas elecciones las que determinen el éxito de una estrategia de crispación que, mientras tanto, muestra sus primeras consencuencias en forma de déficit democrático y división social.


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