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Uharte Arakil recuerda a las 18 víctimas de la tragedia ferroviaria

Veinte años después del accidente, familiares y vecinos les rindieron un pequeño homenaje

Nerea Mazkiaran - Lunes, 3 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Momento de responso celebrado ayer al mediodía junto al monolito que recuerda a las 18 víctimas del accidente ferroviario.

Momento de responso celebrado ayer al mediodía junto al monolito que recuerda a las 18 víctimas del accidente ferroviario. (N.M.)

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Momento de responso celebrado ayer al mediodía junto al monolito que recuerda a las 18 víctimas del accidente ferroviario.

uharte arakil- “Es un año más. Todos son duros. El dolor sigue ahí”, confesaron Antonia, Sole y Juli Chaparro, las hermanas de Manoli Chaparro, una de las 18 personas que murieron en el accidente ferroviario de Uharte Arakil. Veinte años después, familiares y vecinos de esta localidad de Sakana recordaron a las víctimas con una misa y una ofrenda floral en el monolito que les recuerda a pocos metros del lugar de la tragedia. “Venimos siempre, un recordatorio que nos une a la familia”, señalaron.

Esta altsasuarra de 40 años, madre de dos hijos de 11 y 9 años, era una las 248 personas que viajaban aquel 31 de marzo de 1997 en el Intercity Miguel de Unamuno, que cubría la línea Barcelona-Hendaia. Era un lunes de Pascua, a las 19.41 horas, con el tren repleto de pasajeros a la vuelta de las vacaciones de Semana Santa, cuando descarriló por culpa de una velocidad excesiva y la reacción errónea del maquinista ante un cambio de agujas inesperado.

El Miguel de Unamuno, que no debía detenerse en Uharte Arakil, circulaba a una velocidad de 140 kilómetros por hora cuando la señalización ferroviaria advirtió de un cambio a la vía de servicio para dejar paso a una locomotora que circulaba en sentido contrario. Al entrar en el cambio de agujas, limitado a 30 km/h, sobrevino el accidente. El tren se quebró por la mitad. Los dos vagones de cola volcaron, mientras que un tercero se cruzó sobre la vía, con decenas de pasajeros enredados entre los amasijos de hierros. De las 18 víctimas, seis eran de Navarra, diez de Gipuzkoa y dos de Zaragoza.

un pueblo volcadoEntonces cambió la vida de muchas personas y también de un pueblo, Uharte Arakil, que se volcó en la tragedia. “Les acogió en su casas y ayudaba en todo lo que podía”, recordaba Mariano Andueza, secretario del Ayuntamiento de esta localidad durante 41 años, además de secretario del juzgado. “Me tocó hacer las inscripciones y certificaciones de defunción. Aquello me llevó casi 20 días”, apuntó Andueza. “Fue horroroso, un amasijo de personas destrozadas. Es algo que no se te olvida nunca”, aseguraba emocionado.

También recordaba que él tomó la decisión de que se trasladaran los cuerpos al frontón. “La noticia se extendió pronto por los medios de comunicación y venían muchos familiares. Hubo que restringir el acceso”, apuntó, al tiempo que rememoraba imágenes que se quedaron grabadas en su retina para siempre. “Los familiares entraban con incertidumbre de si estarían sus allegados entre las víctimas. Les identificaban por los anillos, las ropas… Había mucha tristeza pero también alegría entre los familiares de los pasajeros que se habían salvado”, apuntó. Asimismo, destacó la labor de los forenses. “Su trabajo fue ímprobo”, aseguró, y de la Guardia Civil. “Paró la autovía y ordenó la evacuación de los heridos menos graves. Había gente que estaba completamente desquiciada y aturdida”, recordó. Lo cierto es que Uharte Arakil era un infierno, con decenas de ambulancias, helicópteros y equipos de rescate de Navarra, provincias limítrofes e incluso de Burgos.

El asunto fue resuelto judicialmente con las condenas del maquinista y su auxiliar en el Juzgado de lo Penal número uno de Pamplona, que impuso al primero, Juan José García Fernández, la pena de dos años y medio de prisión como autor de 18 delitos de homicidio por imprudencia, 80 delitos de lesiones por imprudencia grave y cuatro faltas de lesiones. La condena, sin embargo, no conllevó su encarcelamiento debido a la solicitud de indulto tramitada de oficio, que en el mismo fallo consideró que el ingreso en prisión no guardaría proporcionalidad con su culpabilidad en lo ocurrido.

Por su parte, el auxiliar Miguel Ángel Marinetto Espejo fue condenado en primera instancia al pago de una multa de 120.000 pesetas, la cual fue sustituida en apelación por una pena de prisión mínima, que tampoco supuso entrada en la cárcel. La aseguradora Mapfre se hizo cargo de las indemnizaciones millonarias. Ambos ferroviarios siempre mantuvieron que la señal previa al cambio de agujas no les advirtió del mismo, algo que Renfe rebatió durante todo el procedimiento, y alegaron que por ello no pudieron reaccionar con antelación y prever la maniobra.

Aunque este extremo no fue esclarecido tampoco en el juicio, la imprudencia cometida por ambos ferroviarios consistió en accionar de forma incorrecta el freno directo al enfilar el cambio de aguas, en vez de haber reducido progresivamente la velocidad mediante el freno de emergencia, lo que les hubiera otorgado posibilidades de no descarrilar.

En entrevistas posteriores, el maquinista, que reconoció que no se había puesto en contacto con las víctimas y criticó el trato recibido por Renfe después de aquel accidente, que le apartó de su profesión.


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