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El milagro de Izaskun

El milagro de Izaskun se llama César. Y la fecha milagrosa fue el 21 de marzo cuando un trasplante cruzado de riñón de donante vivo le devolvió la salud. Gracias a su riñón murciano y a una ingeniería médica prodigiosa está en casa.

Un reportaje de Concha Lago - Lunes, 3 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:10h

César Alonso e Izaskun Lavin, en la habitación de Cruces donde ella permaneció ingresada hasta el pasado viernes.

César Alonso e Izaskun Lavin, en la habitación de Cruces donde ella permaneció ingresada hasta el pasado viernes. (Borja Guerrero)

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César Alonso e Izaskun Lavin, en la habitación de Cruces donde ella permaneció ingresada hasta el pasado viernes.El doctor Garcia Erauzkin informa a Izaskun y César.Izaskun Lavin

Cesar tenía muy claro que no le importaba prescindir de un riñón para ayudar a Izaskun. “Además desde el primer día. Pero al principio, ella no quería”. “Es que yo no quería que él pasase por la operación, por todo el periplo que es esto. No quería hacerle eso a mi marido y me apabullaba lo claro que tenía él lo de convertirse en donante”. Sometida a diálisis, Izaskun Lavin, de 37 años, estaba muy malita, y su pareja quiso hacerle un compromiso de vida. Los dos vecinos de Muskiz iniciaron así una aventura que ya nunca olvidarán.

“Nací con un quiste en cada riñón, los quistes se multiplicaron, crecieron y los riñones empezaron a fallar en enero de 2016. Entonces me puse muy mala. Estuve muy fastidiada. Tanto que casi no lo cuento. Ingresé fatal. De hecho, le dijeron a César que si llega a esperar a la mañana siguiente, no lo contaba. Mejoré algo, pero luego volví a empeorar y entré en diálisis”, relata esta joven desde su habitación de Cruces.

Fue así como César Alonso, 38 años, se convirtió en el buen samaritano y en uno de los donantes de un trasplante renal cruzado en el que participaron el pasado día 21 de marzo el hospital de Cruces, otro de Murcia, y el Miguel Servet de Zaragoza. El trasplante renal cruzado de donante vivo se ha convertido en el milagro de muchos enfermos. En el de hace doce días, el riñón del donante murciano se remitió a Cruces para trasplantar a un receptor también incompatible con su pareja o familiar, mientras que el del donante de Bilbao se remitió a Zaragoza para trasplantar a un paciente de ese hospital, desde donde salió el riñón para el paciente murciano. Un puzzle confeccionado con lazos de sangre.

“En este caso tenemos a Izaskun con un donante que es su pareja, pero no son compatibles por lo que no se puede hacer un trasplante directo entre los dos. La solución pasaba por buscar otras parejas en la misma situación e intercambiar los riñones”, explica el doctor Gorka Garcia Erauzkin, nefrólogo y coordinador de Trasplantes de Riñón de Donante Vivo del País Vasco.

Apenas diez días después de la operación, Izaskun está llena de energía. Tanto que bromea;“despeja el pasillo que vamos a echar una carrera”. “Hoy todavía no la vas a ganar”, le corrige el doctor García Erauzkin, quien resalta la solidaridad del donante. “La donación es algo fascinante. Yo llevo en esto desde hace años y este altruismo me maravilla”, resalta. Actualmente todavía es infrecuente que los enfermos dispongan de donante. “Tenemos 200 personas en lista de espera entre el País Vasco y La Rioja, todos tienen familia y no todos, ni muchísimo menos, tienen donante”. De hecho, los trasplantes de donante vivo, con respecto al total, rondan el 15%. El 85% de los trasplantes se hacen de donante fallecido. “Esto no es una válvula cardiaca, esto es una persona que da un trozo muy importante de su cuerpo que es un órgano vital. No entrega un dedo o un trozo de piel”, aclara.

El riñón murcianoEntre la extracción del órgano de César y hasta que Izaskun recibió su riñón murciano pasaron cinco horas. “Creí que íbamos a entrar juntos al quirófano, pero cuando yo salí todavía me dio tiempo a estar con ella un rato aunque estaba medio grogui”, apunta César.

“Es que tu extracción -le explica el doctor- dependía de a qué hora podían colocarlo en Zaragoza y la del donante de Zaragoza dependía de a qué hora tenían disponibilidad en el quirófano de Murcia. A mí lo que me importaba en ese momento es el que el riñón que le llegase a Izaskun tuviera un número escaso de horas”, señala Garcia Erauzkin, uno de los artífices del intrincado procedimiento médico. “Es increíble. Nos han operado a los dos, todo ha ido bien y detrás han estado implicadas más de cien personas, seis equipos quirúrgicos, entre 12 y 18 cirujanos... Tres urólogos solo para Izaskun”, recapacita Alonso.

En Cruces se han realizado cerca de 200 trasplantes de este tipo. “Coordinar más de tres hospitales es muy difícil porque es esencial que desde el momento en que cerramos el paso de sangre en el órgano del donante hasta que abrimos al receptor pasen menos de ocho horas”. “Nosotros tenemos suerte porque Bilbao está bien comunicado. Además si no podemos garantizar que un avión de Iberia traslade el riñón en el tiempo que queremos, va en avión privado”.

“Lo fascinante es el donante, -remarca el especialista-. Lo otro es organizar aviones, personal...”. Lo otro, como él lo llama, es un viaje contrarreloj a la vida, una ingeniería científica inimaginable que permite poner a una persona un órgano vital. “Hay dos motivos principales por los que el riñón del donante vivo es mejor. El primero, porque pasa muy poco tiempo desde que lo sacamos hasta que lo implantamos. Y el segundo, porque el donante vivo es una persona sanísima. Y si va a correr algún riesgo más allá del necesario no aceptamos la donación”.

Vivir con un solo riñón no es ningún handicap para César. Ni se le ha pasado por la cabeza qué podría pasar en un futuro. “Yo soy muy positivo, ¿por qué voy a pensar en negativo? Claro que me puede caer una teja cuando salga de aquí pero espero que no me caiga” . “Además desde que ha pasado todo esto, un montón de gente a mi alrededor me ha dicho que ha recibido un riñón de un donante fallecido o que le han tenido que quitar uno”, relata este aita de Alazne de 9 años y Egoitz de ocho, que han vivido el problema con mucho desasosiego y nerviosismo, pero que ahora están como locos.

El mérito de césarSin embargo, la ciencia le baja a la realidad. “No podemos pensar que el riesgo es cero. Existe, aunque sea pequeñito. Estamos ante una operación. Además el hecho de quedarse con un solo riñón genera pequeñas incertidumbres si ocurren eventos en el futuro. El riesgo existe. Si no podríamos caer en el error de que casi no tiene mérito donar cuando no es así, ni mucho menos”, matiza el doctor. En España, un 30% de los donantes son parejas, un cuarto son padres y otro cuarto son hermanos. En el resto entran amigos, conocidos etc...

Izaskun fue dada de alta el pasado viernes. “Me hablaron de que iba a estar por lo menos quince días ingresada si todo iba muy bien, y mira ya me voy a casa”, decía a NOTICIAS DE GIPUZKOA. Todo un logro tras haber pasado varios meses por una dura diálisis. “Estaba más de tres horas cada día pero, entre que iba en la ambulancia, venía... pasaban unas siete horas”.

César volvió antes. “Su cirugía es más sencilla. Se hace por laparoscopia mientras que la colocación requiere la apertura del abdomen porque precisa más movilidad de manos del cirujano. Al ser una cirugía más compleja genera más impacto y necesita más días de recuperación. Además César entró sanísimo y ella entró muy enferma”.

Izaskun deberá tomar medicación de por vida. “Poner un órgano de una persona en otra es una pequeña aberración, entre comillas, que hacemos para solucionar un problema. Pero cuando tú colocas cualquier tejido de una persona en otra, el cuerpo lo va a rechazar siempre porque lo identifica como algo extraño. Eso es lo que llamamos rechazo. ¿Qué hacemos para intentar evitarlo? Buscar un órgano compatible, es decir que ella tenga pocas defensas contra el donante. Y segundo, tomar medicación toda la vida”.

Sin embargo, César que ahora está tomando calmantes, no necesitará ningún tratamiento. “El objetivo es que él siga con la misma capacidad funcional. No va a notar que tiene un solo riñón ni aunque hiciera deporte. De alguna manera, nuestros órganos tienen un margen de funcionamiento. No necesitamos el 100% de lo que son capaces de dar. El no tiene ese 100% pero tiene la funcionalidad suficiente para que su cuerpo no lo eche de menos porque es una persona muy sana”.

Este es el primer trasplante a tres bandas que se realiza en el hospital de Cruces este año. En 2016, se llevaron a cabo seis, y en 2015 fueron siete. En esos dos años fue la mayor cifra en España. E Izaskun se deshace en elogios. “Todo el equipo médico me ha dado mucha confianza y seguridad. Me han hecho otras operaciones y he entrado al quirófano temblando, agarrotada... Esta ha sido la única vez que estaba entre algodones. No me reconocía. He entrado supercalmada. La gente maravillosa, un trato espléndido”, aclara. “Yo tuve que ir al juzgado para poder donar el riñón, y me preguntaron si me habían informado de todo. Yo les dije¡pero si son unos pesados! Cada médico al que voy me informa”, ironiza César Alonso.

“Es que es un sistema muy vigilado. Además del equipo médico, el psiquiatra es un perito de lujo que certifica que el donante quiere serlo, que no recibe ninguna presión. Además hay un comité de ética -que da el visto bueno al proceso- formado por gente que no cobra ni un duro y que no tiene ni una hora de vacaciones por el tiempo que invierte”, indica el doctor, subrayando esta cadena de solidaridad absoluta.

También hay sombrasHasta ahora las luces de esta historia, las sombras vienen cuando César cuenta que está sin trabajo. “Me dicen que cuando me recupere me volverán a contratar pero eso habrá que verlo. La primera vez que entramos en el programa del donante cruzado hablé con mi jefe y le expliqué el tema. ¿Qué hicieron? Me mandaron al paro, estuve dos meses y me volvieron a contratar con un contrato de fin de obra. En el momento que ha salido la operación, fin de obra y a la calle”.

“Eso hay que regularlo”, replica con contundencia el doctor. “Los empresarios no quieren asumir el coste económico de la persona de baja que voluntariamente se somete a esta operación. Pero los trasplantes de órganos producen tanto bien social que es el propio Estado el que debería ayudar. Pero en el caso renal, un trasplante de este tipo, abarata los costes totales del tratamiento. Porque la diálisis acumulada en el tiempo es más cara que el propio trasplante. Y sin embargo, pese a que el Estado ahorra dinero con esta intervención, no ayuda a que el donante vivo no tenga problemas laborales”, critica este nefrólogo. Una tremenda asignatura pendiente, la del tema laboral, que hace muy difícil explicar cómo se puede empañar esta historia valiente y altruista.


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