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Con la venia

Patxi ausente, como siempre

PorPablo Muñoz - Domingo, 2 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:12h

No se puede negar que en una primera impresión se le podría aplicar el dicho de que nació con una flor en el culo. Una persona sin especial formación académica, sin experiencia profesional en ninguna especialidad, sin más merecimientos que ser hijo de un histórico socialista, sin más -ni menos- bagaje político que su afiliación al Partido Socialista desde los 16 años, ha llegado a ocupar los más altos cargos a los que pudiera aspirar un profesional de la política. Patxi López, prototipo de chusquero de la cosa, ha intentado sortear con no demasiada habilidad las zancadillas que salen al paso de los ambiciosos como precio de la gloria a la que aspiran. Secretario general del PSE tras hacerle la cama ladinamente a Nicolás Redondo Terreros;lehendakari del Gobierno Vasco tras pactar con el PP después de haber garantizado que jamás lo haría;ascendido a los cielos mediáticos por haber desalojado al nacionalismo de Ajuria Enea;venerado como heroico vencedor de ETA;entronizado como efímero presidente del Congreso en pleno río revuelto tras la pérdida de la mayoría absoluta del PP. Hasta ahí el esplendor de su flor de nacimiento.

Tocó la gloria Patxi López, pero la tocó sólo con la punta de los dedos porque la dura realidad le fue bajando los humos. Dio la casualidad de que coincidiera su paso por la secretaría general del PSE con un declive incontenible de apoyo electoral, pasando de la segunda a la cuarta fuerza casi sin enterarse, porque él estaba a otras cosas. Mientras recibía parabienes y besamanos como lehendakari y posaba en revistas postmodernas, el PNV negociaba de tapadillo transferencias con Rodríguez Zapatero sin que él se comiera una rosca. Mientras andaba de acá para allá en su viaje oficial a Estados Unidos, ETA anunciaba su abandono de las armas sin que él se hubiera enterado de lo que se sabía iba a ser ya inminente. Él estaba ausente y, lo que es peor, ni se le esperaba. Resultó elevado por Pedro Sánchez a los altares de la presidencia del Congreso, tercera autoridad del Estado, pero fue un visto y no visto. En pleno fragor de cuchilladas internas, se arriesgó a entrar en el zafarrancho de las investiduras de unos y de otros profesando lealtad a su entonces jefe y animando a las bases para llevar “hasta el final” el no es no.

Se ausentó Patxi López del entorno de Pedro Sánchez en cuanto pintaron bastos, dejó de animarle para que se mantuviese firme en los compromisos adquiridos y abandonó el barco para sumarse a los abstencionistas que propiciaron la investidura de Rajoy. De acuerdo con su sentido oportunista de la política, en cuanto comprobó que las aguas de la sucesión en el PSOE venían turbias pretendió dar un golpe de mano y antes que nadie anunció su candidatura a la secretaría general. Con todo el morro. Tras haber tanteado a los cuadros territoriales, se anticipó a todos pretendiendo liderar el proyecto de Sánchez llegando a declarar que había sido un error propiciar la investidura de Rajoy -¡hace falta cara!- y animando al dimitido secretario general a apoyarle en sus pretensiones de ser su sucesor.

Han transcurrido más de dos meses desde que el portugalujo presentara su candidatura, y cada día se le percibe más ausente de la batalla electoral para dirigir el PSOE. Eso sí, consecuente con su escabrosa carrera política, deja en el aire la sospecha de que su precipitada candidatura fuera la de “tapado” de Susana Díaz, para minar los apoyos a Sánchez. Nadie cree en una tercera vía en la batalla frontal entre los dos modelos de partido que representan Susana y Pedro.

Mientras la vieja guardia -“el jurásico” para unos, “el pasado” para otros- apoyaba a Susana Díaz en el Ifema madrileño y Pedro Sánchez era aclamado por las bases de pueblo en pueblo, Patxi López imploraba la unidad del partido ante un puñado de afiliados en Torrelavega. Al día siguiente, toda la prensa “de orden” felicitaba a Susana, incluidos Francisco Marhuenda y Eduardo Inda -lagarto, lagarto-, y mientras Pedro Sánchez recibía el apoyo masivo de la militancia a través de las redes, el candidato López quedaba ausente, en tierra de nadie, con un sospechoso olor a fraude. Sorprende, a estas alturas, que López clame por un partido sin peleas ni navajazos, cuando ha buceado durante toda su vida política en esas aguas turbias.

Queda claro que la dirección del PSOE es cosa de dos, que no hay forma de integrar a todos los sectores para que salga un partido “fortalecido y unido”, como López promete en vano. Queda claro que, una vez más, el ex lehendakari por azar está y presidente de las Cortes por carambola, estará ausente de la carrera a la secretaría general. Le apoyarán, no les queda otra, los más conspicuos miembros del aparato del PSE como Rodolfo Ares, los Unzalu y, por supuesto, la actual plana mayor de la dirección de este partido. Eso si, en el último momento, no reciben la orden de apoyar a Susana Díaz. Que vaya usted a saber.


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