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Un nuevo futuro para el centro San Rafael

la histórico institución de cuidado de mujeres invidentes se reinventa y acoge a personas con otras necesidades



Un reportaje de Paola Fernández - Sábado, 1 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:12h

Markel Olano, Eneko Goia, Eider Mendoza y Maite Peña, visitando el centro San Rafael, junto a algunos de los voluntarios.

Markel Olano, Eneko Goia, Eider Mendoza y Maite Peña, visitando el centro San Rafael, junto a algunos de los voluntarios. (Foto: Efe)

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Markel Olano, Eneko Goia, Eider Mendoza y Maite Peña, visitando el centro San Rafael, junto a algunos de los voluntarios.Carmen Aranguren lleva un mes viviendo en el centro.

Carmen Aranguren ha trabajado como médico durante 23 años, pero le diagnosticaron un trastorno maniaco depresivo y tuvo que ingresar en un psiquiátrico. Cuando le dieron el alta, ingresó en el centro San Rafael, en donde hoy vive. Reconoce que la vida en este lugar, que se encuentra en el barrio donostiarra de Intxaurrondo, es “un poco aburrida”, pero está “encantada” con esa tranquilidad.

Aunque San Rafael comenzó como un colegio para niñas ciegas en 1905 en el barrio del Antiguo, la ONCE se hizo cargo de la escuela y en 1971 se trasladaron a la ubicación actual, continuando con su labor de hogar-taller para personas adultas invidentes. Ahora han realizado un nuevo cambio y han abierto las puertas a personas con dificultades en su autonomía, tanto por causa física como psíquica. Carmen es, precisamente, el ejemplo del nuevo camino que se ha iniciado en esta institución. En estos momentos el centro cuenta con catorce plazas, pero solo hay ocho internas y otra que acude durante el día.

Carmen apunta que la mayoría son personas ciegas, pero ella se siente “como una más”. Además, “todos los que trabajan aquí transmiten bondad y paz”. Reconoce que aunque solo lleva un mes, está “encantada”, tanto con el trato recibido por parte de las religiosas, como de los voluntarios y las trabajadoras.

Para poder atender adecuadamente a los nuevos residentes, que cuentan con necesidades diferentes, han modernizado las instalaciones de lo que ahora se llama Vivienda Comunitaria de San Rafael. Así, en el marco de la constitución de San Rafael Fundazioa, ayer se realizó una visita institucional al centro, en la que el diputado general de Gipuzkoa, Markel Olano, lo definió como “un pequeño milagro”. Asimismo, apuntó que la Diputación se compromete a ser, a partir de ahora, un “compañero de viaje en este nuevo camino”.

Por su parte, el alcalde de Donostia, Eneko Goia, reconoció la labor de esta institución durante años, porque “el trabajo que hace es ciertamente grande” y, en este sentido, quiso agradecer públicamente su labor porque gracias a este trabajo “nuestra ciudad es un lugar más amable”. El director de la Fundación, Tomás Burutaran, apuntó, por su parte, que este es el resultado de “ofrecer al centro, que tenía un futuro incierto, una viabilidad para continuar”.

como una familiaEn esta nueva etapa del centro, comenzó Aitor Loiola a ser voluntario. Desde enero empezó a visitar la casa y ya se siente como uno más de la familia. Este voluntario donostiarra se comprometió porque es pensionista y quería ocupar su día y así sentirse “un poco útil”. Junto a las internas, leen todas las mañanas la prensa local, juegan al parchís o escuchan música.

Asegura que este centro es un hogar para las usuarias, ya que Aitor es psicólogo de profesión y ha trabajado durante años con gente que padece enfermedades mentales. Por ello, considera que en un psiquiátrico es “más difícil curarse”, porque “cada uno está con su problema”, pero aquí “se olvidan de todo”. Reconoce que siempre le ha gustado el trato humano y “aquí si algo sobra es humanidad”, por lo que “yo encantado”, afirmó.


el día a díaLa rutina es en este centro una manera de que las internas tengan una vida tranquila y muchas de ellas puedan tener cierta independencia. Por ejemplo Elena, que es invidente, suele salir de la casa muchas veces “a hacer recados”, y aunque suele ir acompañada, en otras ocasiones vuelve “sola en autobús”, reconoce. Asimismo, asegura que los fines de semana le gusta “escuchar películas”.

Por su parte, Maribel, quien lleva más de 20 años interna, también invidente, apunta que le “encanta” leer y allí vive “muy contenta”. Por la mañana van a misa, luego bajan a desayunar y después realizan actividades con los voluntarios, incluso un día a la semana hacen gimnasia.

Ayer, tras escuchar misa, algunas de ellas pudieron acompañar a los responsables institucionales en su visita, a la que acudió, además de los anteriormente mencionados, la presidenta del Parlamento Vasco, Bakartxo Tejería;el director de Política Familiar y Desarrollo Comunitario del Gobierno Vasco, Ernesto Sainz;la presidenta de las Juntas Generales de Gipuzkoa, Eider Mendoza, y la diputada de Servicios Sociales, Maite Peña.


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