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Opinión

La guerra no tiene rostro de mujer

Por Maribel Vaquero - Sábado, 1 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:12h

Maribel Vaquero

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Maribel Vaquero

la frase que encabeza este texto se la he cogido prestada a la periodista bielorrusa Svetlana Alexiévich. De este modo tituló su libro, que fue merecedor del premio Nobel, donde recoge historias de mujeres que lucharon en el Ejército Rojo en la II Guerra Mundial. “Siempre han sido hombres escribiendo sobre hombres, eso lo veo enseguida. Todo lo que sabemos de la guerra, lo sabemos por la voz masculina”, decía la propia Alexiévich preguntada sobre el porqué del libro. La frase es aplicable, creo, a casi todo el mundo y aquí, en Euskadi, tampoco hemos sido una excepción.

Durante estos días rememoramos el 80 aniversario de hechos clave en nuestra historia. Ayer, 31 de marzo, se cumplieron ocho décadas del inicio de la gran ofensiva franquista contra Bizkaia. El mismo día la aviación sublevada bombardeaba Durango, antesala del horror que pocas semanas después se viviría en Gernika. Durante la semana siguiente se combatió encarnizadamente por la posesión de Otxandio, luego vendría Urkiola y el Saibigain, los Intxortas, Eibar, Sollube, Peña Lemona, Bizkargi, Artxanda... Hechos bélicos todos ellos protagonizados por hombres, en los que la mujer aparece en un segundo plano.

Semanas antes del inicio de la ofensiva, en trece municipios guipuzcoanos se vivían escenas dramáticas que han pasado más desapercibidas en nuestra historia, pero que han perdurado en la memoria de quienes las vivieron. En los meses de febrero y marzo de aquel 1937, alrededor de 750 personas, en su mayoría mujeres, niños y niñas, fueron expulsadas a la fuerza de sus hogares por los franquistas, por el simple hecho de tener algún familiar (padre, marido, hermano…) en el “bando equivocado”. Con lo puesto, fueron obligadas a recorrer, en muchos casos incluso a pie, el camino hacia un destino incierto.

El castigo impuesto por los franquistas tuvo un trasfondo político: la gran mayoría de las mujeres que echaron de sus pueblos, con lo puesto eran nacionalistas, “rojas separatistas”. “O vuelven vuestros maridos, padres y hermanos, o seréis arrojadas de vuestros hogares”, es la amenaza que viene recogida en el documento que el Gobierno Vasco de la época redactó sobre los citados sucesos. El castigo, sin embargo, no lo padecían gudaris o milicianos: el castigo lo padecían sus mujeres, madres, hermanas e hijas. El castigo tenía rostro de mujer.

La historia, cierto es, carece de la épica de las batallas pero no por ello su lucha por la supervivencia y por mantener su ideología con la frente en alto y sin odio, tuvo menos valor, coraje y sacrificio. Las fotografías de mujeres desoladas, con sus pertenencias envueltas en una sábana y sus niñas y niños de la mano, caminando por una carretera destrozada por las bombas y cortada por barricadas, son harto elocuentes y hablan por sí solas, y por desgracia son tan actuales.

Es por eso que, desde las instituciones, debemos de tener una sensibilidad especial para recuperar la visión y las vivencias de las olvidadas de nuestra historia. Desde la Diputación Foral de Gipuzkoa, aspiramos a ser agente activo en este empeño de sacar a las mujeres de ese segundo plano en el que, en muchos casos, se han visto relegadas en el relato histórico. Porque sin la voz de la mujer, jamás avanzaremos en la construcción de una memoria completa.

En Gipuzkoa, por fortuna, tenemos el privilegio de contar con una red de asociaciones memorialistas sensibilizadas al respecto, así como unas instituciones cada vez más concienciadas. No está de más reseñar la labor que vienen realizando asociaciones como Erkibe Kultur Elkartea o Intxorta 1937 Kultur Elkartea en este esfuerzo compartido por recuperar la visión de la mujer en nuestra memoria, un trabajo que agradecemos sobremanera.

En el ámbito institucional, esta misma semana hemos homenajeado, en la Diputación Foral de Gipuzkoa, a las mujeres abocadas al exilio por los franquistas en aquel crudo invierno de 1937, a sus hijos e hijas. Historia que, por otra parte, ha sido inmortalizada en el documental Ama nora goaz?, financiado entre otros, por la institución foral y producido por Baleuko. Dicho reconocimiento se suma al acto que celebramos el pasado 12 de febrero en Zumaia, organizado por el Consistorio de la localidad, la más afectada por las expulsiones.

Todas estas actuaciones suponen pequeños avances, pero el camino a recorrer se vislumbra largo. Tenemos, además, una dificultad añadida: vivimos una época crítica, y no solo porque el tiempo transcurrido nos hace perder testimonios que tenemos que incorporar al relato general, también es un tiempo crítico en el que algunos intentan manipular la historia haciendo paralelismos insultantes para justificar las últimas décadas de violencia y dolor de nuestro pueblo.

Vivimos un tiempo en el que, si no acertamos a incorporar determinadas voces a la memoria colectiva, corremos el riesgo de perderlas. Si no las sumamos al relato general, si no las inmortalizamos en soportes físicos, si no hacemos una labor pedagógica al respecto… Las memorias individuales de toda una generación van camino de perderse en el olvido. Y con ello, perderemos todos y todas.


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