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Cartas a la Dirección

Respuesta antológica del Ararteko

Eduardo Pampliega Rivas - Viernes, 24 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Solo ahora que el transcurso del tiempo ha mitigado en parte mi dolor, puedo contar lo que sigue. En agosto de 2015 perdí por completo mi oído y pasé a ser dependiente por desatención médica. Mucho antes, en marzo de 2014, caí al bajar del autobús, con rotura del tendón de Aquiles y dos huesos de la mano, más un tremendo golpe en el mentón.

En el Servicio de Urgencias del Hospital Donostia me suturan, me escayolan y me despiden tal cual, incapaz de moverme de la camilla y sin exploración por traumatismo en la cabeza de un anticoagulado, como exige el protocolo. Mes y medio de intensos dolores desemboca en una operación por hematoma en el hemisferio izquierdo, y dos días después en un súbita pérdida de audición, ya antes muy escasa, pero suficiente para la vida social con audífono.

En nueve días de hospitalización restantes no recibí la atención médica pertinente. Tuve, además, otras afecciones (vista, habla, memoria...), que remitieron en un par de meses. El oído, por contra, registró pérdidas periódicas, hasta la definitiva señalada. En ese tiempo acudí a consulta, y una médica en formación confesó sus limitaciones con honradez, mientras el titular no se acercaba. El de neurocirugía pretendió mi expulsión por anunciar respetuosamente la exigencia de responsabilidades.

Mi denuncia en el Servicio de Atención al Paciente llevó al director gerente a someter la “pérdida auditiva de forma subjetiva” (sic) a la consideración de los médicos implicados: juez y parte, sin disimulos, en un servicio inconcebible en pleno siglo XXI. La sordera era tan “subjetiva” que todos ellos se dirigían a mí por escrito.

En fin, como esas recién intituladas “autoridades públicas” no me descubrían al simple médico que yo necesitaba, recurrí también al Ararteko. En su oficina donostiarra recibí un trato impropio, con apremios, interrupciones y un chillido lancinante a pocos centímetros de mi oído aún en agonía. En Gasteiz desatendieron la denuncia de estos hechos, y la respuesta del Ararteko a la cuestión central fue antológica: “Al tratarse de cuestiones que inevitablemente se deben valorar desde un punto de vista médico, no podemos pronunciarnos”. Vamos, que los distintos puntos de vista aplicables a cada situación de la vida excluyen la función del Ararteko.


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