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Una casa digna de París en el centro de Zumarraga

El edificio conocido como ‘la casa de Ramón Mendia’ parece trasladado de París a Zumarraga.
Fue la primera casa con ascensor y, después de 60 años, no ha perdido ni un ápice de su majestuosidad.

Un reportaje de Asier Zaldua - Jueves, 23 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:12h

Algunos de los niños que vivieron en la casa.

Algunos de los niños que vivieron en la casa. (Juan Imaz)

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Algunos de los niños que vivieron en la casa.‘La casa de Ramón Mendia’, desde Elizkale.Lucía Eguren, José Ramon Urtzelai, Maite San Miguel y Karmele Iturbe, en el portal.

Zumarraga no es una localidad especialmente bella, por lo que los edificios más hermosos destacan más de lo que lo harían en Donostia u Oñati. Es el caso del conocido como la casa de Ramón Mendia: una construcción con un diseño muy elegante y mucha historia. Para muchos, el mejor edificio de viviendas del pueblo. Una casa digna de París, en el centro de Zumarraga.

Para hablar de esta casa hemos estado con dos de las vecinas más veteranas: Lucía Eguren y Maite San Miguel. Esta última recuerda cómo era el lugar antes de que se construyera la casa. “En esta cafetería donde estamos ahora, había cuadras. Recuerdo que durante la guerra guardaban aquí los caballos y los soldados secaban la ropa en el Itzalon viejo”.

Años después fue testigo de la construcción del edificio. “Nací en la casa Labekoa de Eitza, hace 86 años. Desde los 15 hasta los 18 años estudié en Urretxu y cuando bajaba de Eitza veía la obra. Había unas piezas de hierro y decían que provenían de un aeroplano. Podría ser, porque en aquella época se aprovechaba todo”.

Recuerdan que el edificio no se construyó de un tirón. Al principio constaba solo de una planta baja y un primer piso. “En la casa vivía Ramón Mendia. Era hijo de un vecino de Zumarraga que emigró a Cuba e hizo fortuna. Mendia tuvo varias ferreterías y una de ellas estuvo en el bajo de esta casa”.

El levante se hizo a mediados de la década pasada. La operación arruinó a Mendia y el banco se hizo con el edificio. Muchos pisos los adquirió la empresa Irimo para sus encargados y el propietario de la empresa también vivió en la casa. Eguren se trasladó cuando era una niña, con sus padres, y San Miguel cuando se casó. El padre de la primera y el marido de la segunda trabajaron en Irimo. Las viviendas pertenecieron a la empresa, hasta que se los vendió a los trabajadores que vivían en ellos.

En el exterior del edificio, las seis plantas son distintas entre sí y la azotea se utiliza como solárium y como mirador

San Miguel reconoce que le dio un poco de apuro trasladarse a esta casa. “Al venir de Labekoa, me parecía que la gente me miraba”.

Las dos coinciden en que son viviendas de gran calidad. “Son pisos grandes, con tres habitaciones, salón, comedor y dos baños (no era lo habitual), los techos son altos, no se escuchan los ruidos del piso de al lado, los patios son espectaculares... Y tenemos terraza comunitaria en el tejado. Cuando éramos más jóvenes íbamos a tomar el sol. El día de los fuegos artificiales suele reunirse mucha gente. Además, la nuestra fue la primera casa con ascensor de Zumarraga”.

El ascensor fue toda una novedad y los niños del pueblo iban a la casa de Ramón Mendia para montar en él. “Nunca he tenido tantas visitas como entonces. Mis primas y sus amigas, cuando salían de la escuela, tocaban el timbre y les echaba la llave para que subieran a casa en ascensor”, recuerda San Miguel.

El ascensor vino muy bien, pues en casi todas las casas tuvieron muchos hijos y tenían que andar con carros y pesadas bolsas de la compra a cuestas. “Los Zarco tuvieron nueve hijos, los Aparicio creo que eran siete, los Garijo nueve, los Piera, los Tamargo... Cuando bajaban los Zarco parecía que bajaban caballos. Y por las noches, se sabía cuando acababa la película. Porque, claro, si nueve chavales se levantan a la vez, por mucho que los tabiques sean buenos...”.

Además de con buenos materiales, la casa cuenta con buenas vistas. No tiene ninguna edificación enfrente, por lo que se ven de maravilla la parroquia y la subida a Eitza. “Hasta que hicieron las casas nuevas de Elizkale, se veía también La Antigua”, recuerda San Miguel. “Bueno, pero no nos vamos a quejar: delante de casa tenemos todo libre”, comenta su vecina. “Sí, es un buen sitio para vivir”.

Una de las pocas pegas que tenía la casa era que el ascensor no llegaba a pie de calle: había dos tramos de escaleras, uno dentro del portal y otro fuera. “Como vivimos cerca de la iglesia, las escaleras de fuera se utilizaban para sacar las fotos de boda. Nos las veíamos y nos las deseábamos para bajar esos escalones con los carros de los niños. Siempre estábamos de miedo de que se nos cayera algún niño. Hace unos años arreglamos el portal y bajamos el ascensor hasta abajo. Ahora vivimos como reinas”.

Además, es una zona con una gran actividad comercial. En realidad, lo tienen todo cerca: iglesia, polideportivo, ayuntamiento, Correos... Y en los bajos de la casa cuentan con una cafetería. Anteriormente, acogió el economato de la empresa Orbegozo. El economato se cerró, Orbegozo también... pero la casa de Ramón Mendía sigue ahí. Con su porte señorial, su azotea-solárium-mirador y su ascensor.


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