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La libertad como meta

Por Mikel Recalde - Sábado, 18 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:14h

Mikel Recalde

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Mikel Recalde

no deja de ser curioso que Mendizorroza, que lo tiene todo para ser un estadio amable y productivo para la Real, haya acabado por convertirse en una de las peores pesadillas de su era moderna. Como es lógico, los que tuvimos la desgracia de sufrir aquella esperpéntica tarde in situ siempre tendremos presente cómo se escapó el sueño de volver a la elite a la primera al encajar dos tantos en aquel maldito descuento. Pero aunque parezca increíble, yo guardo un recuerdo peor del estadio vitoriano. Mi primer viaje como enviado especial fue a la capital alavesa para cubrir su estreno europeo ante el Gaziantespor, un modesto equipo turco. Era una época en la que no había Internet, por lo que me cogían la crónica por teléfono. Es decir, tomaba apuntes a boli y redactaba de la misma manera, para luego cantársela al compañero que me llamaba de Madrid. Estuve siguiendo la primera parte con unos cascos escuchando la radio, para cubrirme las espaldas ya que en realidad no manejaba tanta información de ambos equipos y no quería pifiarla en lo que era una gran oportunidad para mí. Nada más pitar el árbitro el final del primer tiempo, me quité el pinganillo. Justo iban a cortar la emisión para dar una noticia importante de la que, así, no me enteré. Pero a los pocos minutos, mientras me fumaba un cigarro, me llamo mi íntimo amigo Juan, que siempre ha sido un cachondo, y me dijo alterado: “¿Te has enterado?”. Yo le respondí sorprendido que no. “Pues imagino que te llamarán ahora, yo prefiero no contártelo”. Ni qué decir tiene que reaccioné de forma tan vehemente que no tuvo más remedio que soltarlo: “Acaban de decir en la televisión que le han pegado un disparo a tu tío en su casa en Igeldo”.

Me quedé en tal estado de shock, entre periodistas a los que no conocía de nada, que se lo conté al que tenía al lado. Era el conocido periodista bilbaino Nika Cuenca, al que le guardaré siempre un cariño especial, que se quedó a cuadros cuando escuchó lo que le decía el chavalillo que tenía al lado. Siempre creí que la espectacular trayectoria de aquel Alavés, finalista de la competición ante el Liverpool, tuvo una intangible relación con la supervivencia de mi tío. En el fondo no era más que otra de esas hipótesis futboleras que desarrollamos los forofos para encontrar certezas matemáticas a lo que es un simple juego.

Mi prosa no es ni comparable a lo bien que escribía mi tío Ramón. Su mayor exponente es la sobrecogedora forma con la que cuenta la secuencia del atentado en el comienzo de su autobiografía tituladaFe de vida. Uno de los pocos o el único libro suyo que me he leído entero, ya que el resto, así como los artículos que publicaba en prensa, estaban basados sobre todo en el Derecho. En esta materia era un auténtico erudito, uno de los mejor preparados de todo el país. Mi tío no era político, sino un intelectual tan válido y formado que le encomendaban la responsabilidad de organizar y dirigir la Educación y la Justicia en Euskadi. Un hombre siempre fiel a sus ideas y perseguido por ellas, que defendió a etarras y comunistas durante el régimen anterior, lo que le valió ser torturado y pasar un año en la cárcel. Los malnacidos hijos de los etarras se lo agradecieron con un disparo en la cabeza, lo que le dejó unas secuelas en las vías respiratorias que, a la larga, le causaron la muerte.

El pasado lunes, a las pocas horas de hacerse oficial su dimisión, asistí a gran parte de la charla que ofreció Roberto Olabe a los entrenadores guipuzcoanos. Me impresionó. Me pareció que se encontraba a otro nivel en conceptos técnicos y en su extraordinaria capacidad para transmitir. Por momentos me recordó a mí querido tío Ramón, pese a que a este le daba bastante igual el fútbol, aunque siempre sabía lo que había hecho la Real y preguntaba por cómo iba el equipo cuando se encontraba con el borono de su sobrino, que tenía la cabeza redonda de tanto ver fútbol. Olabe ya no está. Se ha marchado. Se ha tenido que ir. Pese a ser presentado a bombo y platillo como la gran apuesta estratégica del club, su efímero paso de menos de un año ha acabado por convertirse en uno de los grandes fracasos de la era Aperribay.

“Responsable de todo y de nada en concreto”, como lo definió de manera ingeniosa y precisa un compañero. Su salida se resume en un concepto expresado cara a cara a dos periodistas: “Me voy frustrado”. Para los despistados o mal intencionados que hacen fuegos de artificio para limpiar el escenario del crimen con el fin de no dejar pruebas, el significado de frustrar en el diccionario es “privar a alguien de lo que esperaba”. A Olabe no le ha dejado trabajar el impenetrable y arcaico organigrama técnico txuri-urdin, que siempre le miró con recelo y le sintió como una amenaza. Por eso algún exsegundo en la cantera decía que prefería ese puesto a ser primer entrenador, porque no te dejan trabajar y te someten a sus continuas presiones. Por eso Olabe dio una charla a uno de los equipos de cantera que dejó boquiabiertos a los presentes (“nunca he visto nada igual”, llegó a decir alguno de los chavales), y como no dejó entrar al entrenador a la misma, este montó en cólera y llamó a la puerta del que ya es el mayor superviviente en la historia del club, cuya última gran misión ha sido derrotar a un superior llegado como una eminencia en la formación y metodología. Pobre Real, aquí solo se quedan los que son peores, los buenos se van cansados de estar coartados en su trabajo. Y a los que se preguntan qué ha hecho Olabe en este tiempo, solo les puedo contestar que me ilusiona mucho más lo que iba a hacer que todo lo que ha hecho este director deportivo.

En el funeral de mi tío, se me acercó un amigo suyo al que no conocía y me comentó: “Tú me recuerdas a Ramón”. Le repliqué, “hombre, me enorgullece, pero creo que somos muy distintos”. Y me dijo algo que me emocionó: “Os parecéis en la libertad, porque nunca cedéis ante lo que consideráis injusto”. Lo mismo que le ha pasado a Olabe. Sin libertad ha optado por abandonar su sueño en txuri-urdin. Mi tío no hubiera sufrido tanto como yo si la Real no gana hoy, pero a su manera, se habría alegrado si se lleva los tres puntos. Por él, y por su sobrino Mikel. Gracias por tanto. Por ser un ejemplo para todo en la vida.


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