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Turcos y marroquíes se movilizan para detener en las urnas a Wilders

Los holandeses acuden masivamente a votar y a media tarde superaban ya en un 7% la participación de 2012

Imane Rachidi - Jueves, 16 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:13h

Dos mujeres musulmanas, en uno de los centros de votación habilitados ayer en Holanda.

Dos mujeres musulmanas, en uno de los centros de votación habilitados ayer en Holanda. (Foto: Afp)

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Dos mujeres musulmanas, en uno de los centros de votación habilitados ayer en Holanda.

La Haya- Las historias sobre delincuencia y radicalismo que se conocen entre los holandeses sobre el barrio de Schilderswijk, en La Haya, llevó ayer a sus residentes, en su mayoría de origen turco y marroquí, a movilizarse en las urnas contra el ultraderechista Geert Wilders. “Tenemos que empezar a defendernos contra los estereotipos que promueve el PVV (Partido de la Libertad, que lidera Wilders) contra nosotros. Somos un barrio humilde y lo que necesitamos es más apoyo y comprensión”, explicaba Moha Shouabi, nacido en Schilderswijk, de padre marroquí.

Este trabajador social votó ayer por el partido laborista PvdA y depositó su voto en un contenedor verde, como los conocidos cubos de basura con ruedas, bromeando sobre la paradoja que eso puede representar y los resultados de estos comicios.

En este barrio, considerado la fortaleza turco-marroquí, los residentes son comerciantes y muchos se ganan la vida con el mercadillo de verduras, ropa y pescado de La Haya, uno de los más grandes del país en el que la mayoría de los vendedores son extranjeros.

Pero no es conocido precisamente por el comercio, sino por estar relacionado con las listas de delincuencia que Wilders denuncia en su programa electoral y que califica del “problema marroquí” de los Países Bajos. “Hay una polarización de la política que es muy preocupante y que antes no existía. Tampoco hay un proyecto político que una a la sociedad, todos parecen buscar vías de dividirnos en pequeños grupos”, analiza Ahmed Jayun, funcionario y traductor de 46 años.

Este marroquí, de nacionalidad holandesa, votó por el partido liberal VVD en las urnas instaladas en la biblioteca municipal del barrio, pero reconoce que tiene “un presentimiento de que el PVV tiene las de ganar” en estos comicios.

Este barrio, en el que el 85% de sus residentes son extranjeros, nunca tuvo buena reputación, pero su marginalización aumentó tras el asesinato del político Pim Fortuyn en 2002, o del cineasta Theo van Gogh en 2004, el primero a manos de un ecologista radical y el segundo tiroteado por un fanático islamista.

“Han buscado a un enemigo y nos visualizan a todos nosotros, al islam. Nos ven como terroristas y eso no es justo. Gente mala hay en todos lados”, lamenta Jadiya Buhmed, de 38 años, mientras se prepara para coger su bicicleta y volver a su casa.

En mayo de 2013, el estigma se reforzó por los vídeos de una manifestación con banderas negras del grupo terrorista Estado Islámico (EI) que atravesó una de las plazas del barrio, ante los ojos escandalizados de los vecinos. Sin embargo, el vecindario no cree justo generalizar porque, dice Shouabi, “están atacando a toda una comunidad, a la que ya no se considera parte de la sociedad porque practican una religión llamada islam”.

Pide buscar el diálogo con los turcos y marroquíes, y sobre todo, añade, encontrarle solución “a la xenofobia e islamofobia cada vez más ascendente de la gente” del barrio.

“Hay problemas con alguna gente, hay que hablar con ellos y hay muchas maneras de castigarlos, pero pedirles que se vayan o expulsarles, no hace más que aumentar su sentimiento de marginalización”, intenta explicar Said Bouharou, portavoz de las mezquitas holandesas.

Bouharou lleva décadas trabajando en la defensa de los derechos humanos y suele pasearse por las calles de este barrio, en el que destacan los carteles en árabe y turco, y los llamativos vestidos de boda marroquíes o las tiendas de comida turca.

Sea como fuere, la participación era más alta que hace cuatro años, con un 55% del voto depositado a las 17.45 hora local, frente al 48% a la misma hora en los comicios de hace cuatro años. Según datos publicados por la agencia Ipsos, la participación a lo largo del día estaba siendo considerablemente superior a los últimos comicios, celebrados el 12 de septiembre de 2012. Más de 12,6 millones de neerlandeses estaban llamados ayer a las urnas para votar en estas elecciones en Holanda, consideradas como las primeras que medirán la fuerza de la ultraderecha en Europa a lo largo de 2017, en que se celebrarán también comicios en otros países como Francia y Alemania. Las autoridades holandeses han instalado mesas electorales hasta en las estaciones de tren para facilitar la votación y promover el ejercicio del derecho al voto.

Volendam, el feudo ultraLa otra cara de la moneda estaba en la ciudad pesquera holandesa de Volendam, feudo del ultraderechista Geert Wilders en las últimas elecciones generales. Volendam, enclave costero digno de postal unos 25 kilómetros al norte de Ámsterdam, tiene cerca de 19.000 habitantes, de los que uno de cada dos con derecho a voto depositó su confianza en el partido PVV de Wilders en las últimas elecciones, porcentaje muy superior al apoyo del 17% que cosechó esa formación a nivel nacional.

Este apoyo masivo le valió a la pequeña localidad la etiqueta de centro neurálgico del votante de ultraderecha holandés que ha dado alas al político que promete liberar al país del yugo de la Unión Europea (UE) y la lacra de la inmigración.

Su puerto pesquero en el mar del Norte, los molinos de viento blancos, las casas de tejados agudos y fachadas de colores y las tiendas de vestidos típicos y de queso que recogen todas las guías turísticas de Holanda contribuyen a reforzar la imagen de pueblo anclado en la tradición, amante de su identidad nacional. Sin embargo, sus habitantes, hastiados de la atención mediática que les ha granjeado esta imagen en unas elecciones inusualmente atractivas para la prensa internacional, defienden que en la ciudad hay diversidad de opiniones y que se ha exagerado el retrato de apoyo a Wilders. “Han puesto al pueblo bajo una mala luz”, dice una comerciante artículos tradicionales que no quiere hablar, por enésima vez esta semana, ante la cámara. “Solo somos un pueblo de gente trabajadora”, añade.

Algunos achacan el importante apoyo a Wilders en las últimas elecciones a la crisis económica que también se llevó por delante a otros gobiernos en Europa. “Wilders gritó al Gobierno nacional y se llevó los votos, pero veremos lo que queda del voto de protesta”, dice Hans en su tienda del centro de Volendam, lleno de turistas’. El comerciante, que asegura “poder entender” por qué la gente le dio su apoyo hace cuatro años y cree que el PVV tendrá un papel en la oposición.


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