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Sin ecos de protestas, en el sexto aniversario de la guerra siria

El enfrentamiento armado ha cambiado, seis años después, las pancartas por los fusiles

Susana Samhan - Miércoles, 15 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:12h

Sacos terrenos amontonados en la mezquita Omeya de Alepo, del siglo XII, donde se atrincheraron los rebeldes sirios.

Sacos terrenos amontonados en la mezquita Omeya de Alepo, del siglo XII, donde se atrincheraron los rebeldes sirios.

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Sacos terrenos amontonados en la mezquita Omeya de Alepo, del siglo XII, donde se atrincheraron los rebeldes sirios.

El Cairo- El activista Neyem Abu Nabut ve con desesperanza el futuro de Siria, donde fue uno de los organizadores de las protestas en la ciudad de Deraa, cuna de la revuelta popular en el país que derivó en un conflicto, del que hoy se cumplen seis años y que ha causado más de 321.000 muertos. “Pedíamos libertad y democracia. Libertad de opinión, de expresión y la cancelación de la cláusula 8 de la Constitución que establecía que el partido (gubernamental) Al Baas era líder del Estado y de la sociedad, pero, sobre todo, la excarcelación de los detenidos”, rememoró Abu Nabut.

Un mes antes del inicio de las manifestaciones en Deraa, situada en el sur de Siria, unos menores fueron arrestados por las fuerzas de seguridad por haber pintado un grafiti en el muro de una escuela que decía: “Es tu turno, doctor”, en referencia al presidente Bachar al Asad.

Abu Nabut consideró que los menores escribieron ese mensaje “sin un motivo concreto”. “En la sociedad árabe, tenemos como afición pintar en los muros, algunos niños tenían hasta diez años;escribieron eso sin una razón particular”, apuntó. Sin embargo, los menores fueron detenidos y torturados, y seis años después muchos de ellos, ya mayores de edad, han huido de Siria o bien se han convertido en combatientes opositores, aseguró Abu Nabut.

Para este activista, las protestas surgieron en Deraa, donde el 90% de la población es suní, porque “la gente de esta provincia es conocida por su dignidad y su valor, es gente de derecho”.

No obstante, afirmó que ha sido el Gobierno el que ha propiciado la “fitna” (discordia) entre las distintas sectas presentes en el país, cuyo presidente pertenece al credo alauí (chií).

Para Abu Nabut, las gentes de Deraa elevaron sus voces contra un sistema que tenían por injusto.

Hasta marzo de 2011, este activista estudiaba en un instituto de ingeniería y tenía una vida normal, que se truncó como la de muchos sirios durante estos seis años. “Salimos de las mezquitas, escuelas, universidad, salimos de todos los lugares. Sin embargo, el 18 de marzo dos jóvenes que fueron a protestar murieron (por disparos de los efectivos de seguridad) y se levantó toda Deraa para pedir la caída del gobernador de la provincia por ordenar que se abriera fuego”.

protestas tras el rezoA partir de ese momento, Abu Nabut y otros jóvenes comenzaron a organizar concentraciones cada viernes tras el rezo semanal, en coordinación con opositores de otras provincias. “Teníamos un miedo que no era normal. Los jóvenes que trabajábamos en la revolución pacífica no dormíamos en casa, todos estábamos atemorizados. El día que tomamos la decisión de salir a la calle sabíamos que algunos morirían, otros serían detenidos y otros se marcharían y eso fue lo que ocurrió en seis años”, lamentó.

Durante las protestas, efectivos de la seguridad central vestidos de civiles se infiltraban entre los manifestantes les golpeaban y fotografiaban “para luego decir que eran grupos terroristas”. Sin embargo, lo peor estaba por venir para Abu Nabut porque alrededor de un año después del inicio del levantamiento fue arrestado cuando andaba por la calle y fue llevado a un centro de detención en Damasco. “Estuve dos meses y fui torturado, humillado, insultado, con abusos día y noche”, enumeró el activista, que sufrió duros interrogatorios en los que sus guardianes le preguntaban sobre quién le había inculcado “el pensamiento de libertad”.

En el sexto aniversario del inicio de la contienda, Deraa sufre una situación difícil, ya que, según Abu Nabut, “hay combates, explosiones, bombardeos, no hay agua, ni electricidad. En resumen, no hay vida”.

Ante este panorama, este sirio no cree que vaya a haber pronto un fin del conflicto. De hecho, subrayó: “No estoy casado porque no creo que haya futuro en Siria”.


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