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A por ellos

Un beso a nuestro escudo

Por Mikel Recalde - Domingo, 12 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:12h

A por ellos - Mikel Recalde

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A por ellos - Mikel Recalde

No recuerdo exactamente cuándo fue, pero nunca podré olvidar la tormenta que se desató en Roma cuando su entrenador Luciano Spalleti decidió no alinear a De Rossi y Totti en un derbi contra el Lazio. El técnico, con fama de poseer una gran personalidad y de no casarse con nadie, justificó su decisión argumentando que era un encuentro en el que “tenían que saber manejar mucho las emociones”. Como son romanos y llevan toda su vida en el equipo de sus amores, el club giallorosso consideraba que se motivaban tanto para los encuentros ante el odiado vecino que no eran capaces de desplegar su mejor fútbol. Y seguro que no le faltaría razón. Ambos futbolistas, estrellas italianas, siempre se han caracterizado por tener un fuerte carácter que no han podido controlar en determinas situaciones de máxima tensión.

Les puedo asegurar que un Roma-Lazio no tiene nada que ver con un Real-Athletic. Y lo digo con orgullo por las demostraciones de civismo y de saber divertirse que acreditan nuestros aficionados en las horas previas al choque. Luego, en el campo, al margen de patosos que hay en todos los campos, es normal que cada uno vaya a lo suyo y que se respire un clima más de tirantez. Porque esto es fútbol y enfrente está el vecino al que quieres ganar por todos los medios. Es una pena, porque algunos de los grandes damnificados de la política de horarios del Trump de la Liga, el ínclito Tebas, son los derbis de, supuestamente, segunda fila para los gerifaltes capitalinos, entre los que incluyo los Sevilla-Betis, Real-Athletic o Deportivo-Celta. Tres duelos con la misma tradición y tronío que sus grandes clásicos. Pero la Liga, por subir un pequeño porcentaje de espectadores en el encuentro del intrascendente horario del mediodía, no ha tenido ningún reparo en sacrificar la envidiable previa de un duelo único, que debería ser un ejemplo mundial de convivencia y respeto. En una semana en la que se ha polemizado tanto con los famosos estereotipos, no podemos pasar por alto que al perfil de hincha vasco, con motivo de un choque así, lo que le suele gustar es comer y beber bien. Me imagino que serán muchos los que se tendrán que debatir entre tomarse un café con leche o una cañita con pintxo.

Mi sensación es que se están cargando un derbi que en cada edición parece más descafeinado pese a que este mediodía se van a enfrentar sendas candidaturas para la Champions. Una, acreditada, firme y fiable, la de la Real;y la otra, si ellos lo dicen, la del Athletic, que mucho va a tener que acelerar y mejorar si de verdad pretende aspirar a la cuarta plaza demostrando que no es una bilbainada. La primera vez que visité San Mamés, en abril de 1992, fuimos más de mil aficionados realistas, y mi cuadrilla y yo nos pasamos una hora apiñados como balas de cañón en el fondo, sin poder movernos, y, aunque perdimos, disfruté como un enano con el gol de Patxi Salinas en propia meta a los pocos segundos del inicio, uno de los que más he celebrado en toda mi vida. Pese a estar pegados, tras el consiguiente éxtasis, tardamos unos cinco minutos en volver a reagruparnos porque alguno había acabado desubicado a varios metros de distancia. Sí, también es verdad que luego sufrí el rugido del viejo San Mamés con la remontada. Aquellos sí que eran derbis y nos los de ahora, en los que, la mayoría de las ocasiones, por un motivo o por otro, el número de aficionados visitantes no supera los 500.

Pese a la amenaza constante y perpetua del buitre, como quedó demostrado una vez más el pasado verano, la Real va a poder sacar pecho un derbi más ya que, aparte del extraordinario fútbol que está practicando este curso, elogiado desde todos los lugares, salvo, sospechosamente, al otro lado de la A-8, volverá a contar en su once, y ya como claras referencias, a las dos últimas joyas de su cantera, Mikel Oyarzabal y Álvaro Odriozola.

El primero sigue gafado ante el gol, lo que provoca que parte de la afición rojiblanca se mofe y celebre que finalmente no aceptara el pago de su cláusula de 40 millones y un contrato desorbitadamente millonario para sus 18 años. A cualquiera que sepa un poco de fútbol le basta con ver diez minutos del eibartarra para reconocer a un futbolista de primer nivel. Físico espectacular, visión del juego, inteligentes movimientos de ruptura, un cañón escondido en su zurda y máximo asistente del equipo. No imagino un día mejor para romper con su gafe anotador en Liga, porque además se lo merece. Mikel, se agradece si viene acompañado con otro besito al escudo.

Y después está correcaminos Odriozola. Bendecido en las páginas de Mundo Deportivo por el mismísimo John Toshack, cuya palabra suele ir a misa en cuestión de jóvenes. El pasado 1 de noviembre, el donostiarra, que justo se acababa de recuperar de una lesión que probablemente retrasó su aparición en el primer equipo, vio cómo una cesión suya a Sisniega se convirtió en el único gol en la derrota en el derbi de filiales. El fútbol da muchas vueltas y siempre te presenta la posibilidad de revancha al doblar cada esquina. Seguro que el bueno de Álvaro jamás podría imaginar en ese momento que solo cinco meses después se iba a poder vengar en un derbi por todo lo alto que, como realista de pro, va a disfrutar como ninguno. Si lo gana, claro, es lo que tienen los duelos de máxima rivalidad.

Por último, hay que constatar que, al margen de absurdas y aburridas polémicas, y pese a que nosotros estamos inmersos en otra guerra más importante como es entrar en la Champions, no se nos caen los anillos al recordar que sí, que lo que más nos gusta es ganar al Athletic. Y que cuando parecemos tan superiores simplemente se convierte en casi una obligación. Hoy más que nunca, ¡a por ellos!


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