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¿Y de quién es esa escultura?

No hay artista que posea semejante patrimonio escultórico en Tolosa, pero aún hay quien no sabe quién fue Juanito Lope. Una asociación trata de devolver el reconocimiento a este artista popular que no buscó ni fama ni dinero.

Reportaje y fotografía de Marta San Sebastián - Sábado, 11 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Relieve del tamborilero-txistulari “en homenaje a la danza”, al lado de la plaza de toros.

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Relieve del tamborilero-txistulari “en homenaje a la danza”, al lado de la plaza de toros.

no hay ningún artista que posea semejante patrimonio escultórico en las calles de Tolosa. Sin embargo, hay quien todavía se pregunta de quién es la escultura en homenaje a Pablo Gorosabel que está en la calle del mismo nombre, la de Felipe Dugiols en San Francisco o la de Ramos Azkarate en la Berdura plaza. Para Juanito Lope (1917-1981) el éxito era algo bien distinto a la fama, el dinero o el renombre internacional. Él siempre buscó la amistad con su gente y poder compaginar su vocación artística con sus costumbres tolosarras, y de ahí su célebre frase De Tolosa al cielo. La Asociación de Amigos de Juanito Lope creada en el centenario de su nacimiento desea honrar al popular artista el reconocimiento público.

En las calles y plazas de Tolosa cuenta actualmente con diez esculturas, bustos o relieves, y otras se han perdido con el paso del tiempo. Pocas personas se las atribuyen a Juanito Lope y la asociación ha tenido que colgar carteles en los que se puede leer Juanito Lopek egina. Realizado por Juanito Lope. También posee obras en varios municipios de Gipuzkoa, como un busto de Barandiaran en Ataun, una escultura en memoria de Fernando Amezketarra en Amezketa, una pieza dedicada a Busca Sagastizabal en Zumarraga, una estatua de San Martín de Loinaz en Beasain y otra de San Francisco de Asis en Zarautz.

Su producción artística fue realmente extraordinaria, asombrosa tanto por su calidad como por su cantidad, porque además de esculturas también firmó tallas de madera, relieves, escudos para sociedades populares y asociaciones de Tolosa, cientos de dibujos, carteles y caricaturas. Los miembros de la asociación recientemente creada se están volviendo locos para buscar, clasificar y dar a conocer toda su obra. “Tenemos fotografías de Juanito Lope en las que posa con algunas de sus obras y realmente no sabemos qué ha sido de ellas. La gente nos está llamando para decirnos que tiene piezas suyas en casa, estamos recuperando tallas de madera que estaban cogiendo polvo y echándose a perder... y la verdad es que estamos sorprendidos de todo lo que está saliendo y lo que todavía puede llegar hasta nuestras manos”, explica el presidente de la Asociación de Amigos de Juanito Lope, Iñigo Gabarain. Una persona, incluso, ha remitido material desde Alemania: Lope obsequió con un busto a un tal Aldapa, que emigró a Alemania y que ha guardado su ofrenda como oro en paño.

Quizá uno de los motivos por los cuales la obra de Juanito Lope está tan diseminada y, en algunos casos, arrinconada, es porque él jamás vendió una pieza suya. Nunca pudo poner precio a sus creaciones y siempre las regalaba. “Trabajaba de seis a dos en la fábrica SAM y después sacaba tiempo para el arte. Tras pasar la tarde en su estudio, no fallaba al txikiteo por los bares y sociedades de la parte vieja. Eso a él le daba la vida, mucho más que la fama o el dinero”, manifiesta Gabarain.

Su falta de ambición, sin embargo, no se corresponde con sus indiscutibles cualidades artísticas, que cultivó en Donostia. En 1943 Juanito se afanaba en su taller de la parte vieja de Tolosa cuando pasó por allí el escultor donostiarra Lopetegui que, en compañía de unos amigos, se dirigía a la sidrería Txortxi. Apreció su talento y le animó a trabajar el barro en la Escuela de Artes y Oficios. Juanito le contestó que no disponía de medios económicos para sufragar las clases, pero el dueño de la sidrería, el señor Larrañaga, le ayudó a pagar los cursos. En Donostia, Lope aprendió rápido y mucho. Su taller se quedó pequeño y tuvo que trasladarse con sus bártulos al desván de Monfort o a la terraza de la sidrería Larrañaga.

Tuvo su oportunidad en Madrid

Juanito Lope tuvo la posibilidad de dar el salto a Madrid de la mano de Mariano Benlliure, quizá el mejor escultor español del momento, que se ofreció para patrocinar su carrera. El valenciano se encontraba en el balneario de Betelu, al que solía acudir con frecuencia, cuando tuvo noticia de Juanito Lope, al que quiso conocer en su taller. Quedó impresionado con su obra y en su obsesión por llevárselo a Madrid escribió una carta al alcalde de Tolosa para que lo convenciera.

Con las 1.000 pesetas que le proporcionó el Ayuntamiento de Tolosa y las 12,5 que le dio su madre hizo las maletas para poner rumbo a Madrid, al estudio del que sería su mentor. No lo fue, sin embargo, por mucho tiempo. A los tres meses de llegar regresó a Tolosa con el pretexto de pasar con su familia la Navidad, pero lo cierto es que jamás volvió a la capital madrileña.

Las envidias, zancadillas y las disputas no tenían nada que ver con el carácter del tolosarra, que decidió volver a su fábrica, su verdadera fuente de ingresos. Eso sí, de Madrid quedó impresionado con un paso de Semana Santa que estaba creando Benlliure y se propuso hacer pasos para las iglesias de Tolosaldea.

Con el fin de dar a conocer a las nuevas generaciones la figura de Juanito Lope, sus amigos tienen previsto organizar durante este año una exposición con las tallas de madera que conserva la familia, un concurso de dibujo para niños y jóvenes, y realizarán un trabajo de mantenimiento de la obra urbana. La asociación también colocará una nueva placa en el pasadizo que lleva su nombre, un pasadizo que él mismo adecentó picando paredes y techo, y pintándolo, incluso, él mismo hizo el autorretrato de escayola que figura como placa. Juanito Lope, genio y figura.


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