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Pello Irazu propone en el Guggenheim un panorama de tres décadas de arte

El museo bilbaino muestra más de 100 obras del artista guipuzcoano realizadas en diferentes formatos

Maite Redondo Oskar Gonzalez - Viernes, 10 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:12h

El museo muestra más de cien obras creadas en los últimos 30 años.

El museo muestra más de cien obras creadas en los últimos 30 años.

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El museo muestra más de cien obras creadas en los últimos 30 años.El creador andoindarra ha articulado un potente recorrido artístico, de manera que su obra envuelve al espectador y le invita a reflexionar en torno al lenguaje escultórico.

bilbao- Como no podía ser de otra manera, el recorrido por la exposición del artista Pello Irazu (Andoain, 1963) que presenta el Guggenheim Bilbao se transforma para los visitantes en una intensa experiencia estética y espacial. En la primera planta, el público se topa con un enorme pasillo que cruza en diagonal la monumental Sala 105, en torno a la cual se exhiben más de 100 piezas realizadas en las últimas tres décadas por un artista que está considerado como una de las figuras clave de la renovación de la escultura vasca. Entre las piezas, creadas en los más diferentes formatos, el aficionado encontrará imágenes de mediados de los 80 de su estudio de Bilbao, donde llevó a cabo su periodo de aprendizaje, hasta otras actuales acompañadas de dibujos o esculturas metálicas.

Ha sido el propio Irazu quien ha interactuado con este espacio para articular un potente recorrido artístico, configurando una obra envolvente que hace partícipe de la misma al espectador y le invita a reflexionar en torno al lenguaje escultórico. “La intención es crear un tipo de mirada simultánea en donde pasado y futuro acaban reencontrándose, reactualizándose, en un presente continuo”, ha confesado Irazu.

La muestra, producida por el Guggenheim Bilbao como apuesta por el arte vasco, refleja la trayectoria “sólida” y “coherente” del creador, en palabras del director general del Museo, Juan Ignacio Vidarte, que estuvo acompañado en la presentación por la curator del Guggenheim Lucía Agirre, y por el propio artista. Durante su intervención, esta última incidió también en la trayectoria coherente de Irazu: “Las preocupaciones con las que empezó trabajando en los años 80 siguen preocupándole en la actualidad, pero siempre las reformula a través de nuevos materiales, nuevas técnicas, nuevos trabajos... Pero, en esencia, sigue siendo Pello Irazu”.

El Guggenheim adquirió en 2004 su instalaciónFormas de vida 304, creada específicamente para la colección del Museo. “Cuando se expuso en 2012, junto a la de otros cinco artistas internacionales pertenecientes a los fondos del Guggenheim, entre ellos la donostiarra Cristina Iglesias, se empezó a generar la posibilidad de poder realizar esta exposición”, según explicó el creador guipuzcoano.

recorridoPanorama, que es el título de esta muestra, reúne las primeras obras que creó Irazu en un viejo edificio de Uribitarte, donde desde 1982 hasta finales de los 90, mantuvo su estudio, hasta que la renovación de los muelles de la Ría que llegó con el Guggenheim, le obligó a abandonar aquel espacio que compartió con otros creadores vascos como Txomin Badiola, Juan Luis Moraza o Ángel Bados. “Aunque había estado en la Facultad de Bellas Artes, me zambullí en el mundo del arte sin un conocimiento previo. En ese momento, estaba interesado en Beuys y en el arte Povera”, explicó el artista.

En estos años, surgió lo que la crítica contemporánea empezó a denominar Nueva Escuela Vasca. Una etapa “muy interesante” en su carrera en la que, ha reconocido, “estaba interesado en la figura y obra de Oteiza, sobre todo en su aspecto más social”. “Oteiza nos sirvió de referencia, más que de modelo. No para seguirlo, obviamente, sino para crear una interlocución con él”, asegura.

Con los años, de forma muy progresiva, Irazu ha sumado a esos trabajos el color a través de gruesas capas de pintura al óleo, como en La tierra que duerme (1986), en un intento de vincular ambas disciplinas plásticas: la escultura y la pintura. Muchas de sus esculturas están dispuestas también a ras de suelo, a la altura de los ojos del espectador, “con el objetivo de hacer el arte más asequible al público, que puede contemplar las obras sin tener que forzar el gesto”.

En 1990, Irazu se marchó primero mentalmente, para luego hacerlo físicamente, a lo que consideraba entonces el núcleo creador del arte: Nueva York. Lo mismo que hicieron otros vascos como Badiola, Darío Urzay... “Fue una cuestión vital, para distanciarme de los lugares que conocía. Me distancié también un poco de mí mismo, lo que influyó en el modo de relacionarme con el arte”.

Irazu creó piezas con materiales industriales ligeros y accesibles, como el contrachapado o el plástico, que remiten al ámbito doméstico. Deconstruía también los objetos, originando un efecto de extrañamiento y desconcierto sobre el significado de piezas, como se percibe en obras como El buen maestro (sobre la mesa siendo un pedazo de madera, (1993) o La novia (1993).

regreso a bilbaoEn 1998, sintió que ya había cumplido un ciclo y regresó a la capital vizcaina. “Nueva York, como otras ciudades, tiene la posibilidad de perpetuarte allí, repitiendo un tipo de experiencia. O me quedaba, me intergraba absolutamente o me iba. Decidí volver a la ciudad de donde había partido, a Bilbao porque, a nivel personal, siempre he reconocido a la capital vizcaina una idea de ciudad que el resto de lugares no tienen en Euskadi”, confiesa Irazu.

Pero, a la vez, volvió de otra manera, con otra mirada, con otra forma de trabajar y de relacionarse con el medio. “Di continuidad a mi trabajo con otro tipo de sensibilidad, aprovechando lo que había aprendido en Nueva York en cuanto a lenguaje artístico, y empecé mezclar cosas en lo relativo a estructuras, materiales y color”. A esta etapa pertenece Formas de vida 304, de la colección del Guggenheim, que ocupa un lugar de honor en esta exposición. “Fue un proyecto condensador de las inquietudes con las que venía trabajando desde hacía tiempo. En este caso, tenía la particularidad de que las paredes de la galería son curvas, así que realicé un objeto circular y de un volumen superior a los anteriores”.

Pello Irazu. Panorama se puede ver en el Museo Guggenheim de la capital vizcaina hasta el próximo 25 de junio.

monográfica

30 años de trayectoria.El Guggenheim acoge hasta el próximo 25 de junio la exposición Pello Irazu. Panorama, un análisis de 30 años de trayectoria de uno de los protagonistas de la renovación de la escultura vasca.

Más de cien obras.Compuesta por más de un centenar de obras, se articula mediante un dispositivo conceptual y físico diseñado por el artista, que recoge algunos de los hitos y piezas más significativas de su carrera.

Figura clave. Irazu es una figura clave en el panorama artístico contemporáneo que ha desarrollado una obra coherente desde los años 80, alternando la escultura en su espectro más amplio, desde obras tridimensionales de pequeño tamaño hasta instalaciones colosales, pasando por híbridos objetuales, con fotografías, dibujos y pinturas murales.


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