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Contador evita el naufragio

ciclismo salva la segunda etapa de la parís-niza tras verse cortado por los abanicos, como un ion izagirre cuyo compañero colbrelli se impuso al sprint

César Ortuzar - Martes, 7 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Alberto Contador, en el centro, rueda al lado de Dan Martin durante la durísima etapa de ayer.

Alberto Contador, en el centro, rueda al lado de Dan Martin durante la durísima etapa de ayer. (Foto: Afp)

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Alberto Contador, en el centro, rueda al lado de Dan Martin durante la durísima etapa de ayer.

donostia- La Carrera del Sol es viento y marea. Una borrasca intensa. Un frente extraordinario arrecía sobre la París-Niza, obligada a abrir el vestidor para el acopio de chubasqueros, perneras, manguitos y guantes. Forraje para los huesos. Colección de invierno sobre la piel del pelotón, aterido por el frío, empapado hasta el tuétano por la lluvia, golpeado sin piedad por el viento, que calza los guantes del mejor de los pesos pesados. Los ciclistas son sus sparrings. Anestesiados por la paliza de un vendaval de manos duras. Un ring de sudor, padecimiento y subsistencia. Un calvario. Ciclismo de madriguera. Una trinchera recorre la carrera francesa a la espera del silbido del viento, una invitación al más cruento de los enfrentamientos a campo abierto. Allí venció el empeño de Sonny Colbrelli en un sprint sin demasiada estética. A riñonazos. Con fórceps. Colbrelli se propulsó con la energía de las últimas migas y pudo con Degenkolb y Démare, sus opositores en Amilly, donde suspiró Contador después de agarrarse a la carrera, un pasaje del terror. “La verdad es que ha sido un día infernal desde el primer momento. Cuando llevábamos 10 kilómetros, había muchos nervios y el pelotón se ha empezado a cortar en mil grupos. Yo siempre he ido bien colocado y me he quedado en un grupo por detrás. El equipo ha estado bien, han entrado algunos compañeros, han puesto un ritmo alto y han podido coger al grupo delantero de 20 corredores máximo”, discurría Contador al calor del resguardo.

Con el viento chasqueando el látigo, ese sonido escueto, comprimido, afilado y estridente, se encendió el día: oscuro, lúgubre, tétrico. Una visión apocalíptica. “Hemos salvado un día de mucho peligro, por el aire, el frío, la lluvia, un día de los que te acuerdas por mucho tiempo”, rescató el madrileño de su malvivir en el callejón del averno, relatando un sufrimiento que también padeció Ion Izagirre. El ormaiztegiarra entró en meta con el pelotón y mantiene intactas sus opciones, pese al minuto y 18 segundos que cedió el domingo.

Ayer, el viento, juguetón y fortachón, destempló el desayuno de muchos, que se envolvieron en el edredón de la zozobra. La peor noticia para los dorsales, conocedores de un destino repleto de aristas, un día en el que sobrevivir es vencer. Contador e Izagirre cantaron victoria bajo la lluvia porque pudieron flotar después de permanecer con la respiración entrecortada en el asfalto del suspense.

porte, sin opcionesNo tenía mayores pretensiones Contador, consciente de que la resistencia era el premio después de un domingo de penitencia y un lunes con el gesto adusto y el ceño fruncido. Salir indemne era la consigna. Richie Porte, bicampeón de la París-Niza, acabó con el cuerpo repleto de la metralla del desconsuelo. Perdió pie y no pudo levantarse. Se lo impidió el viento que empujaba como una manada de bisontes en estampida. El australiano se quedó en suspenso, en un limbo, lejos del motín que desmontó el mecano y que puso la carrera patas arriba. Volcado el decorado, Porte no pudo soldarse en la tormenta. Un tormento le persiguió. Nube negra. Perdió un cuarto de hora en el desplome de la etapa.

El madrileño, apoyado en las muletas del Trek, logró vincularse con el mosquetón del empeño a los primeros exploradores después de una kilometrada de persecución, donde también se presenciaron las sirenas de Zakarin o Sergio Henao en medio del caos. De ese desconcierto, brotaron los pétalos de Byström, Gallopin, Gilbert, Wynants y Siskevicius hasta que el viento, una muro invisible sin ladrillos ni grietas, les estampó las ilusiones. También la esperanza última de Gilbert, que buscó un imposible. Eolo le limó hasta que decretó su rendición a unas zancadas del final, donde Ion Izagirre, casco dorado, mantuvo el impulso. También lo hizo su hermano Gorka, undécimo en la general que gobierna Démare, superado ayer en el debate de la velocidad por Colbrelli, vencedor contra viento y marea.

París-Niza

Segunda etapa

1. Sonny Colbrelli (Bahrain) 4 h.20:59

2. John Degenkolb (Trek) m.t.

3. Arnaud Démare (FDJ) m.t.

4. Dylan Groenewegen (Lotto-NL) m.t.

5. Christophe Laporte (Cofidis) m.t.


General

1. Arnaud Démare (FDJ) 7 h.43:28

2. Julian Alaphilippe (Quick Step) a 16’’

3. Philippe Gilbert (Quick Step) a 17’’

11. Gorka Izagirre (Movistar) a 33’’

20. Ion Izagirre (Bahrain Merida) a 1’18”’


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