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Neure kabuz

Afrontar nuestro futuro: el sabor amargo de noticias positivas

Por Jon. Azua - Lunes, 6 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:12h

Alta velocidad.

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Alta velocidad.

La semana nos ha traído un par de noticias positivas a la vez que agridulces, interrelacionadas mucho más de lo que pudiera parecer a primera vista, vinculadas con nuestro futuro y bienestar. El anunciado “Acuerdo Político y Técnico para el acceso de la alta velocidad ferroviaria a las capitales vascas” y la “destacada posición del País Vasco entre las regiones más competitivas de Europa y a la cabeza del Estado español”.

Sin duda alguna, las noticias anteriores son positivas en sí mismas y parecerían una invitación a la alegría y satisfacción. Vayamos por partes.

En el mejor de los casos, la buena noticia se producirá nada más y nada menos que 40 años después de su lanzamiento. Desgraciadamente, resulta decepcionante comprobar cómo lo que se comprometió, se calificó y califica de estratégico -entonces y hoy- (sobre todo para Europa y para España) se ha utilizado como instrumento unilateral de castigo o de negociación condicionada a las necesidades temporales del partido de turno en el Gobierno español. De esta forma, en el mejor de los casos, nos situaremos a la cola de quienes acceden a un ferrocarril moderno, de altas prestaciones. Si, además, Nafarroa queda orillada e inconexa, el asunto se agrava, como veremos más tarde, más allá de la voluntad nacionalista vasca que algunos mantenemos.

Y aquí enlazo con la segunda noticia agridulce: el Índice de Competitividad Regional Europeo publicado esta semana por la Unión Europea.

Por tercera vez en su historia, la UE publica unÍndice Regional de Competitividad que pretende trasladar los habituales y conocidos informes de competitividad global que a nivel estatal -nacional- elabora, publica e impulsa el Foro Económico Mundial. Afortunadamente, cada vez son más los esfuerzos por llevar a los ámbitos no estatales, regionales y de ciudades, el verdadero espacio de concreción de la competitividad. Sin embargo, sus limitaciones son aún enormes, empezando por la escasa y no homogénea estadística disponible, la variabilidad del espíritu que rodea a las encuestas cualitativas y de opinión empleadas en la configuración de indicadores y resultados, la excesiva variedad y dispersión de fuentes empleadas y la propia dificultad en las definiciones esenciales del informe: desde lo que ha de entenderse por la Competitividad de una Región (cuestionable definición del Informe: “La Competitividad Regional es la habilidad de una región para ofrecer y atraer un entorno sostenible para las empresas y sus residentes para venir y trabajar”), la diferencia de las NUTS (las entidades territoriales y regionales que sirven de base para la delimitación de las 263 regiones europeas que compara), la cualificación funcional o política o dimensional que han de cubrir para su agrupación y, por supuesto, los diferentes indicadores que utilizan.

Aunque el tema no va de rankings, conviene repasar algunos de los indicadores y constatar elementos que no parecen dejarnos excesivamente bien situados si la comparación la hacemos respecto de los líderes europeos. Empecemos destacando nuestra estupenda puntuación en materia de Salud (12 de 263) y Educación Superior y permanente o continua (30 de 263), si bien ambas se ven minimizadas por su aplicación en cuanto a factores clave para la eficiencia y la innovación, espacios de futuro a lo que se supone han de evolucionar las regiones una vez superada la dotación correspondiente a la dimensión básica exigible a toda región europea con aspiraciones relevantes (en todo caso, viene bien constatar la extraordinaria valoración de los logros obtenidos en tan relevantes áreas en las que nuestro país se ha volcado a lo largo del tiempo en beneficio de nuestras empresas, instituciones y ciudadanos). Pero dicho esto, conviene mirar hacia dentro del modelo y observar aquellos elementos que nos penalizan. Entre ellos, sobresalen aquellos indicadores que, dadas las dificultades del estudio, incorporan datos estatales y no regionales. Así, la Estabilidad Macroeconómica se supone que es igual para todas las regiones de un mismo Estado y se nos aplica la puntuación de España, a la cola europea (24 de 28). También las infraestructuras (189 de 263) debido, sobre todo, a que en su medición tienen el máximo peso los aeropuertos internacionales y sus conexiones intercontinentales y el número de kilómetros de ferrocarril de Alta Velocidad. De igual forma, la eficiencia del mercado laboral (alto nivel de desempleo, movilidad, adecuación formación-empleabilidad y la, en este caso, nula calidad de los servicios públicos de empleo, fondos de formación continua…). O la educación básica (medida conforme a PISA, fracaso escolar y otros apartados, también, aplicados con carácter general y no diferenciada atendiendo a la valoración del Estado). Es decir, un híbrido en el que en aquellas funciones del Gobierno central y del modelo Marca España hipotecan un futuro diferenciado. Una vez más, recordemos aquí que las demandas de autogobierno (en versiónlight) no son cuestión de reclamos secesionistas que “poco tienen que ver con la preocupación real de la gente” que dirían políticos, tertulianos y comunicadores procentralismo y unidades mal entendidas.

Por tanto, tras destacar el valioso esfuerzo y acierto de nuestros alcaldes y gobierno impulsando infraestructuras estratégicas, más allá del reconocimiento debido, hemos de poner el acento en nuevos pasos. Máxime si leemos en estos mismos días un nuevo informe del McKinsey Global Institute, dedicado a las infraestructuras, en el que se aborda una nueva revolución productiva reinventando la industria de la construcción, mitigando gaps en las principales infraestructuras, promoviendo el desarrollo territorial e imaginando un futuro digital (4.0) implantado en este mundo motor del empleo, la conectividad, el desarrollo económico y el bienestar.

La Yvasca, su conexión transeuropea y con España y Portugal, la reconfiguración de una nueva Euskal Hiria-Ciudad Vasca integradora de los diferente territorios, los nuevos espacios de valor tanto en las capitales como en otras poblaciones relevantes en el proyecto, la capacidad generadora de empleo y de nuevas oportunidades de actividad económica, la regeneración urbana y espacios públicos que aporta, la mejora ambiental sostenible, la reducción de la contaminación, los ahorros en energía y todo tipo de costes asociables al transporte, el ahorro de tiempo (utilizable también para la tan generalizada demanda de vida, ocio y conciliación familiar) no es un simple proyecto o una infraestructura meramente física. Más allá de sus funcionalidades específicas, supone un profundo espacio de oportunidad y bienestar. Nos ha costado mucho llegar hasta aquí. Necesitamos redoblar esfuerzos tras los muchos pasos pendientes.

Quedémonos con lo positivo de las noticias comentadas y esforcémonos para superar las penalizaciones y debilidades que suponen su parte amarga. Como siempre, trabajemos hacia el dulce sabor de un futuro propio y mejor. Está a nuestro alcance.


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