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Opinión

A vueltas, otra vez, con la RGI

Por Mikel Arana - Sábado, 4 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:14h

Mikel Arana

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Mikel Arana

Pocos debates habrá en Euskadi que se presten más al cuñadismo o a la demagogia que el debate en relación con la Renta de Garantía de Ingresos.

Por más que desde el Gobierno vasco se empeñen en explicar que el fraude es casi inexistente;por más que insistan en que muchas de las personas que reciben la RGI son personas que trabajan y la cobran como complemento;y por más que repita que otros muchos perceptores son pensionistas a los que no les llega ni para vivir;siempre habrá quien sabe de muy buena tinta, aunque sea mentira, que el del quinto que cobra la RGI se ha comprado una tele de 60 pulgadas y que fulanito, que solo cobra la RGI, se ha comprado un BMW o un Mercedes.

Algo que, sin embargo, nunca se censura con aquellos que envían a sus hijos e hijas a colegios concertados a coste mucho más que subvencionado o aquellos que si bien para sus achaques más habituales prefieren el seguro privado, para las enfermedades graves, las que cuestan cientos de miles de euros en tratamientos, prefieren Osakidetza, que para eso la pagamos.

Gastos, éstos, públicos también, pero que no generan ningún debate social, entre otras cosas, porque no nos desayunamos día sí y día también con titulares de periódico tales como “el Sr. M que gana 250.000 euros al año, la semana pasada fue sometido a una intervención quirúrgica en Txagorritxu que costó 45.000 euros de dinero público” por ejemplo.

No querría caer en el error que denuncio y pasarme de frenada dibujando a todos y cada uno de los y las perceptoras de la RGI como trabajadores intachables que se han visto en la obligación de pedir ese dinero para poder dar un mendrugo de pan a sus hambrientos hijos. Como en todo colectivo numeroso también los habrá jetas, vagos y sinvergüenzas, pero ni todos ni ninguno.

La RGI, como tantas otras ayudas públicas tiene un fin que, según reza el artículo 3 de la Ley que la regula es el siguiente: (…) reconocer a las personas tanto el derecho a acceder a medios económicos suficientes para hacer frente a las necesidades básicas de la vida como el derecho a disfrutar de apoyos personalizados orientados a la inclusión social y laboral.

Así pues, hagámonos la pregunta del millón con honestidad: ¿Debe una sociedad rica como la nuestra garantizar que todos sus componentes puedan hacer frente a las necesidades básicas de la vida, independientemente de su origen, sexo, nivel educativo, religión…?

Sí, sí, con controles estrictos para evitar el fraude, sí.

Ahí es donde debería residir el debates y no tanto en si genera o no genera efecto llamada, si hay más o menos jetas cobrando la RGI, o si los perceptores son más o menos vagos. Esos debates no nos llevan a ningún lado y solo sirven para llenar horas de tertulia y café.

Según respondamos a esta pregunta de manera afirmativa o negativa, habremos simplificado mucho el debate en torno a la Renta de Garantía de Ingresos.


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