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¿como viven estos menores?

Cuando el primer hogar es la cárcel: cien niños viven con sus madres presas

Lo hacen en módulos especiales en las prisiones o en centros de acogida

Laura Camacho - EFE - Viernes, 3 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 14:47h

Expresas de ETA que fueron madres en prisión opinan en una rueda de prensa sobre la situación en la que se encuentran la reclusa Sara Majarenas y su hija Izar.

Expresas de ETA que fueron madres en prisión opinan en una rueda de prensa sobre la situación en la que se encuentran la reclusa Sara Majarenas y su hija Izar. (Ruben Plaza)

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Expresas de ETA que fueron madres en prisión opinan en una rueda de prensa sobre la situación en la que se encuentran la reclusa Sara Majarenas y su hija Izar.

En el Estado español hay cien niños que viven con sus madres presas. Lo hacen en módulos especiales en las prisiones o en centros de acogida donde los pequeños -principales beneficiarios de esta apuesta- crecen en un clima muy alejado del carcelario.

MADRID. La presa de ETA Sara Majarenas cumplirá lo que le queda de condena en un centro de la Fundación Padre Garralda-Horizontes Abiertos, dependiente de la cárcel de Aranjuez (Madrid), para poder cuidar de su niña, que acaba de cumplir tres años y fue acuchillada por su padre el pasado 15 de enero.

Ella es una de las 94 madres presas que, a 31 de enero de 2017, vivían con sus niños (salvo excepciones menores de 3 años), según los datos recabados por Efe, que muestran una clara tendencia descendente: Hace diez años eran 183 los menores de 3 años que permanecían en las cárceles junto a sus progenitoras, aunque las cifras han llegado a ser más altas.

Instituciones Penitenciarias llegó en 2008 a albergar a 253 niños, el año con una tasa más alta de convivencia de hijos con sus madres -247-. En solo ocho años, la cifra de pequeños ha caído a los cien actuales, un descenso que también se ha notado en la población reclusa en general y la femenina en particular, al pasar de 73.558 presos, de los que 5.950 eran mujeres, a los 59.589 internos a diciembre de 2016, 4.448 de ellos internas.

Las 94 madres que hoy cuidan de sus pequeños menores de 3 años se han acogido a un derecho reconocido en la Ley Orgánica General Penitenciaria vigente desde 1979, aunque es a finales de los ochenta cuando Prisiones comienza a adecuar los módulos para que los niños residan en "pequeños hogares" dentro de las prisiones.

Así, existen en la actualidad nueve centros que hacen de esta apuesta "una de las más progresistas de todo el sistema penitenciario europeo", en palabras de Aldolfo Fernández, presidente del área de Prisiones de CSIF, que valora estas experiencias que priman el desarrollo de los niños que viven "casi en plena libertad", aunque no vendría mal, según él, que se incrementara los recursos, en concreto, el número de terapeutas educacionales.

De los nueve centros, siete son unidades propiamente de madres. Hay unidades internas, es decir, dentro de una prisión (tres);externas, dependientes de un Centro de Inserción Social (otras tres) o mixtas (una), a las que se suman las dependientes de la institución impulsadas por la Fundación Padre Garralda-Horizontes Abiertos o la asociación Nuevo Futuro, ambas en Madrid.

Pero, ¿Cómo vive un niño junto a su madre presa? Las fuentes consultadas parten de la premisa de que una cárcel no es sitio para un niño. Por eso, el diseño, incluso arquitectónico, de las unidades de madres, trata de alejarse del modelo carcelario para acercarse a las necesidades de los niños con patios de juego, escuelas infantiles y discretas medidas de seguridad.

Los niños son escolarizados en escuelas infantiles cerca de donde sus madres están internas una vez que éstas dejan la lactancia materna. Si continúan con sus madres cumplidos los 3 años -hay algunos casos- van al colegio.

Y es que el principal objetivo es favorecer la relación materno-filial y la máxima normalización en la vida de los menores allí ingresados que, o bien duermen con sus madres en celdas más grandes, en el caso de las que están en prisión, o bien en pequeños apartamentos para las reclusas que cumplen lo que les resta de condena en alguna de las unidades externas, las más modernas del sistema porque están segregadas de las cárceles.

Casi la mitad del centenar de niños que viven con sus madres lo hacen en los módulos más abiertos porque cumplen con los requisitos que fija la ley, entre ellos, ser penadas con hijos menores de 3 años y clasificadas en segundo grado, preferentemente con aplicación del "principio de flexibilidad" recogido en el artículo 100.2, condición que tiene desde ayer Majarenas.

También pueden ser destinadas a estas unidades externas y dependientes las presas preventivas con determinadas circunstancias y las que estén en tercer grado o semi-libertad.


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