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Juan Ortega Director de las Jornadas de Teatro de Eibar

“Las jornadas deben conservar su espíritu y proponer cosas más difíciles, raras e inquietas”

La tradicional Muestra de Estatuas Humanas inaugura hoy la edición número 40 de las Jornadas de Teatro, cuya primera función, ‘Bajo el ala del sombrero’, será el domingo

Juan G. Andrés Jabi Leon - Viernes, 3 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:12h

Juan Ortega, Director de las Jornadas de Teatro de Eibar.

Juan Ortega, Director de las Jornadas de Teatro de Eibar.

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Juan Ortega, Director de las Jornadas de Teatro de Eibar.

Eibar- A finales de los años 60, Juan Ortega (Elche de la Sierra, Albacete, 1943), llegó a Eibar para impartir clases en la Universidad Laboral. En los tiempos del teatro “independiente” y de “barricada”, comenzó a organizar unas pocas funciones que denominó jornadasporque se celebraban dos o tres veces al año. “Procuraba enterarme de qué compañías iban a Bilbao o San Sebastián el fin de semana e intentaba traerlas aquí el jueves o el lunes”, recuerda. Cuando la programación “adquirió volumen”, el Ayuntamiento de Eibar se implicó y apoyó económicamente una cita que en 1977 adquirió rango de festival estable y que durante cuatro décadas ha acogido casi 700 representaciones.

¿Qué recuerdo guarda de aquellas primeras ediciones?

-Tratábamos de ofrecer un programa de calidad pero todo lo demás era precario y muy artesanal. No teníamos carteles ni programas propios, y era complicadísimo meter los espectáculos en el pequeño teatro de la universidad. Cuando cumplimos diez años trajimos La taberna fantástica, de Alfonso Sastre, que fue un exitazo en Madrid, y a los actores, entre los que se encontraba Rafael Álvarez El Brujo, les resultó dificilísimo moverse por un escenario de solo cuatro metros de fondo. Más tarde, por fin, pudimos ampliarlo y la cosa mejoró.

Casi todos los grandes nombres de la escena española han pasado por Eibar...

-Concha Velasco, Juan Diego, José Sacristán, Juan Echanove, Nuria Espert, que vuelve este año... Muchos de ellos han venido también a impartir la tradicional conferencia de apertura. Recuerdo que una vez la ofreció Mario Onaindia, dirigente socialista que estrenaba la obra Grand Placen aurkituko gara...

¿Hay alguna gran figura que se le ha resistido?

-Hace algunos años -en 1997- estuvimos a punto de traer al recientemente fallecido Darío Fo. Iba a protagonizar la conferencia inaugural y el monólogo Misterio bufo,pero justo entonces le dieron el Nobel de Literatura y no pudo ser porque andaba demasiado liado. También me habría gustado traer en su día a Peter Brook, pero su montaje era técnicamente muy exigente y no fue posible. Por lo demás, tampoco recuerdo qué más cosas no hemos podido traer porque el criterio siempre ha sido llegar hasta donde podíamos: los sueños de grandeza nos habrían proporcionado más hitos pero habrían ido en detrimento de la historia del festival.

¿Quién le ha sorprendido más en lo personal?

-Por ejemplo, la convivencia conEl Brujono es fácil: no es maleducado ni grosero pero es muy especial consigo mismo y su forma de ser no se lo pone fácil al entorno. Pero en general, en los grandes nombres predomina la amabilidad, el encanto y la elegancia. Cuando vienen Imanol Arias o Iñaki Miramón, que salieron de nuestra compañía Narruzko Zezen, nos los comemos a besos. Recuerdo a María Isbert, encantada con el público y con los chavales, y la primera vez que vino Nuria Espert nos dio la enhorabuena por todo y me dijo: “Ya sé por qué mi hija -productora de la obra con la que vino- me insistía tanto en actuar en Eibar”. Le pregunté si podía contar ese halago y me dijo: “Claro, pero el caché queda entre nosotros”. (Risas)

¿Suelen reducir el caché las estrellas que vienen a las jornadas?

-Sí, muchos actores, actrices y compañías tienen la delicadeza de adaptarse y hacer ajustes porque saben que Eibar es un festival inquieto, diferente y de difusión teatral.

¿Y el público? ¿Ha cambiado mucho en 40 años?

-Sí, porque al principio los espectadores eran básicamente jóvenes, los estudiantes que estaban internos en la universidad. Ahora el público universitario se ha reducido y la gente que más va son los eibarreses mayores de 50 años. Permanece un pequeño e inquieto núcleo de gente joven y apenas hay espectadores de entre 30 y 50 años. ¿Corre peligro el teatro? No lo creo, será de minorías, igual que lo ha sido la ópera durante años, pero seguirá ahí y tendrá su importancia, no tengo ninguna duda.

¿Hay alguna fórmula mágica para atraer a los jóvenes?

-El teatro tiene que estar presente en la escuela. Hoy en día, no es algo que forme parte de la dinámica de los chavales. También me parece vital que el teatro se integre de modo sistemático en la actividad cultural de pueblos y ciudades, es decir, que la gente sepa, igual que ocurre con ciertas festividades o fechas señaladas, que habrá teatro en determinados días del mes o momentos del año...

“Podemos presumir de tener uno de los mejores festivales de teatro del Estado”, ha dicho alguna vez...

-Y lo mantengo por un motivo: los festivales han evolucionado y hoy casi todos son una aglomeración de buenas funciones en torno a una fecha. A eso se le puede llamar festival, pero yo lo veo como una programación condensada. Para mí un festival es otra cosa, es programar con inquietud, apostar por el teatro de riesgo.... Obviamente, no podemos competir con Mérida o el Grec de Barcelona, pero como festival que dura un mes y tiene los nombres que solemos traer, es de los mejores.

Pese a celebrar cuatro décadas sobre las tablas, el programa de este año huye de los grandes fastos. Casi parece una edición más...

-No lo es... Con los limitados medios económicos y organizativos que tenemos, hemos intentado hacer el festival más redondo sin presumir de fuegos de artificio. Podíamos haber optado por alguna comedia muy conocida que garantizara un triunfo seguro, pero hemos elegido dos grandes obras de la cartelera, Incendiosy Medea, que son muy duras y están respectivamente protagonizadas por Nuria Espert y Aitana Sánchez Gijón.

Hace unos días se anunció la suspensión de ‘Héroes’, que el domingo debía abrir esta edición...

-Una lesión del actor Luis Varela ha motivado la cancelación y en su lugar hemos programado Bajo el ala del sombrero, un montaje protagonizado por Juan Valderrama, que con música, baile y cine recuerda la historia de su padre.

¿Qué más alicientes hay este año?

-Las citadas, junto a otras como Serlo o no. Para acabar con la cuestión judía, forman parte de esas piezas más relevantes en cuanto a producción y nombres conocidos. Esta última la dirige y protagoniza Josep Maria Flotats, que el lunes pronunciará la conferencia inaugural. Después hay que referirse a los trabajos de las compañías más conocidas en las distintas autonomías del Estado, que son las que dan forma al festival con apuestas novedosas y arriesgadas: Los malditos, de Unahoramenos Producciones (Las Palmas de Gran Canaria);La Crazy Class, de L’om Imprebís (Valencia);Liquidación por cierre, de Teatro Che y Moche (Zaragoza)...

Y luego está el teatro vasco...

-En esta 40ª edición de las jornadas me he esmerado mucho en que haya más compañías vascas que nunca. Creo que son unas siete u ocho: Mami Lebrun, de Xake Produkzioak;Frida, de Iris Teatro;Último tren a Treblinka, de Vaivén;Una casa de muñecas, producción del Arriaga de Bilbao;Fuera de juego, de Borobil Teatroa...

Con miras al futuro, ¿en qué deben cambiar las jornadas y en qué no?

-Deben cambiar y adaptarse cada año a las nuevas tendencias teatrales, pero sin perder el espíritu del festival: las jornadas deben correr riesgos, traer obras cuyo mérito no sea solo tener en su reparto a actores o autores famosos. El espíritu del festival es proponer al espectador cosas más difíciles, raras o inquietas. Con más o menos medios, las jornadas tienen que ir por ahí y también conservar la buena atención al teatro vasco y a la escena universitaria, que actualmente está bastante renqueante.

¿Se ve otros 40 años al frente de las jornadas?

-(Risas) No creo que cuele por razones relacionadas con el tiempo y el destino. De momento, la parte artística y de producción la llevamos entre dos o tres personas, pero yo le dedico más tiempo porque estoy más liberado que mis compañeros. Posiblemente pueda organizar alguna edición más -no sé cuántas- si estoy así de sano y si los responsables municipales de Eibar me lo siguen encargando. De todos modos, haga quien haga el festival, procuraré que no se pierda la dinámica actual.


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