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A por ellos

La columna de Atocha

Por Mikel Recalde - Viernes, 3 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Aficionados de la Real presencian un partido en Anoeta.

Aficionados de la Real presencian un partido en Anoeta.

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Aficionados de la Real presencian un partido en Anoeta.A por ellos - Mikel Recalde

El lunes leí una estadística que me pareció demoledora. Si la Real hubiese ganado el martes al Eibar hubiera cosechado victorias en todas las fechas de la semana salvo en jueves. Eso en partidos de Liga, porque en Copa también había vencido ese día en Valladolid. Uno ya no sabe si tomárselo a risa. Como le leí a un cachondo enTwitter, “sin contar los partidos jugados lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado o domingo la paridad en los últimos 40 años es tremenda”. Creo que con el de hoy, la Real iguala a Las Palmas como el equipo que más encuentros ha disputado los lunes y los viernes. Dicho lo cual, y al margen de la espectacular racha txuri-urdin cuando abre jornada como esta noche, la cosa no tiene ninguna gracia.

Uno puede llegar a entender que haya socios que no han tenido más remedio que darse de baja al no contar con la posibilidad de acudir a los partidos que se disputan fuera del fin de semana. Son las consecuencias lógicas que tiene sumar al marciano del presidente de la Federación, un mandatario en la LFP con más peligro que Trump. El exabogado de Piterman, porque así entró en el fútbol español, se creyó el más listo de todos y pensó que había descubierto la penicilina al repartir a lo largo de cuatro días y en horas distintas cada jornada de Liga. En esto se incluye que muchos partidos pueden cambiar de horario en función de resultados anteriores, con el consiguiente perjuicio para los aficionados precavidos que han comprado sus billetes con tiempo con el único fin de ahorrarse algún euro. Como todos sabemos, lo único que le mueve es el color del dinero y lo que menos le importa es el hincha de a pie, el que no falla y al que le gusta dejarse la voz arropando de cerca a su equipo. Aquí, por supuesto, tengo que incluir a mis adorables 15.000 héroes que sostuvieron a la Real cuando daba penita por los campos de Segunda.

Como han vendido su alma al diablo, ningún club se atreve a decir al rey que está desnudo, pero yo no tengo ningún problema en reconocer que no me gusta el fútbol moderno. Que por momentos llego a aborrecerlo cuando ha sido la mayor pasión de mi vida. Este señor no se entera de que cada vez somos más los que suspiramos por volver a los domingos con ocho duelos a las 17.00 horas. Que solo a los más cafeteros y a los profesionales les seduce el tragarse todo tipo de partidos. Que la gran mayoría del resto está saturada y empachada. Los mejores ejemplos los tengo en mi cuadrilla y sobre todo en mi padre, otrora consumidor habitual de fútbol y que hoy ya solo ve a la Real y lo hace porque si no tiene que aguantar el rapapolvo del perturbado de su hijo pequeño, al no gustarle “sufrir durante 90 minutos”. Insisto, nos falta tanto el sabor del viejo fútbol que en mi nostalgia, es verídico, esta semana he llegado a soñar que entraba en el añorado Atocha y me colocaba en la parte de arriba del fondo de Mujika, donde no me llegué a sentar en la vida. Era tan real que se veía fatal, hasta tal punto que me enfadaba porque una columna me tapaba una de las porterías.

Con todo esto solo quiero situar el momento actual en el que se encuentra el socio txuri-urdin, que ha visto cómo ha tenido que mirar demasiadas veces hacia otro lado por el bien del equipo cuando la directiva no ha parado de regalar entradas en pos de llenar el gélido estadio. Como máximo exponente la reciente ida de los octavos de Copa, cuando repartieron unas cinco mil para asegurarse buen ambiente en un choque tan importante frente a todo un Barcelona.

Por si fuera poco, y en el colmo, si es que en todo este tema lo hemos alcanzado o lo conocemos, el Trump del fútbol español ha tenido la delicadeza de poner el derbi vasco a las 12.00 horas. Un jabato. Un lumbreras. Casi el único ejemplo en el mundo de convivencia en las horas previas de dos aficiones de eternos rivales, tal y como lo destacan los nuevos invitados en este tipo de partidos, lo sacrifica sin saber aún muy bien con qué finalidad. En esta tesitura, y en el marco del titular de la entrevista que concedió a este periódico, “Nos tenemos que estrujar la cabeza para llenar Anoeta”, aparece Aperribay y decide hacer pasar por caja a sus socios, entre los que vuelvo a incluir a mis benditos 15.000.

Uno entiende que se aprobaron en la Junta los dos medio días de club, pero todos sabemos que eso tiene trampa, porque su control de las acciones es tan absoluto como el que se vive en cualquier otro equipo, por mucho que pretendan disfrazar que el capital está atomizado. Dados los tiempos que corren, con la bonanza económica que respira la Real, no hubiese estado de más que lo hubiera dejado correr. Sobre todo cuando se encuentra en la fase de querer llenar el estadio y no en la de necesitar recaudar dinero como sea. Tengo un buen amigo bético, tan apasionados y extremistas ellos, que, salvo el derbi (porque si gana la Liga el Sevilla probablemente no tendrá más remedio que suicidarse), quiere que pierda su equipo para que se marche la directiva. Aquí, al menos yo, nunca llegaré hasta tal extremo, pero cuidado, que el fútbol no tiene memoria. Y estas cosas lo único que hacen es contaminar el magnífico ambiente que se respira este año en Anoeta. Con eso no se juega. Más aún cuando estamos hablando de todo un derbi vital y prometedor que, como hoy en Sevilla, hay que ganar como sea para seguir en la senda de la Champions. ¡A por ellos!


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