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DUELO GUIPUZCOANO

El Eibar fue fuerte hasta el final

Un tanto de Pedro Léon en la última jugada firma unas justas tablas en un frenético derbi que solo deslució un calamitoso arbitraje

Mikel Recalde - Miércoles, 1 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Sergi Enrich celebra el gol del empate de su compañero Pedro León, ante la desesperación de Rulli, tumbado sobre el césped, e Illarramendi.

Sergi Enrich celebra el gol del empate de su compañero Pedro León, ante la desesperación de Rulli, tumbado sobre el césped, e Illarramendi. (Ruben Plaza)

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Sergi Enrich celebra el gol del empate de su compañero Pedro León, ante la desesperación de Rulli, tumbado sobre el césped, e Illarramendi.Juanmi celebró su gol recordando a Pablo Ráez, fallecido por leucemia, acción por la que fue amonestado.Iñigo Martínez cae ante Yoel en la jugada del penalti a favor de la Real.


Un gol de Pedro Léon hizo justicia en el último minuto del encuentro al dar el empate a un Eibar que completó una actuación sobresaliente en Anoeta. Los eibartarras gobernaron el derbi, con un despliegue físico y táctico espectaculares que anularon por completo a la gran Real de otras tardes. Además de ser superiores, fueron superando todo tipo de adversidades que le fueron sucediendo a lo largo del choque para encontrar una recompensa en la acción final. Otro mazazo en la prolongación en su propio estadio, algo que no puede suceder si tus horizontes de grandeza te hacen soñar con todo un regreso a la Champions. Pese a su mala actuación y a que nunca pudieron sacar a relucir sus señas de identidad, los blanquiazules tuvieron en sus botas el triunfo en dos ocasiones con sendas golosas ventajas y lo dejaron escapar cuando el duelo parecía sentenciado y su portero apenas había tenido trabajo en toda la segunda mitad.


Solían preguntarse en Soria, una semana en la que les visitaba el Real Madrid y visiblemente sorprendidos por las continuas noticias que publicaban sus medios afines sembrando la alarma meteorológica, que no entendían muy bien cómo podía dar tanto juego: "¿Qué quieren que haga en enero? Pues frío". Después del cálido mes que llevábamos, febrero se cerró ayer con una jornada bañada en lluvia, lo que generaba un ambiente muy guipuzcoano para el derbi territorial. En este tipo de casos, cuando se espera un campo rápido y un choque de plena intensidad y de mucho contacto, lo habitual suele ser rezar porque no aparezca un colegiado sureño que no sea capaz de interpretar el juego cantábrico. El árbitro que se cargó el partido era navarro, de Pamplona. Si no lo entiende él, conociendo al equipo de su tierra. Pasados los diez minutos ya llevaba cuatro tarjetas sin que hubiese habido ninguna entrada grave. A partir de ahí se le fue de las manos por completo el choque, con una segunda amarilla muy rigurosa a Lejeune en el primer minuto de la reanudación, una expulsión de Juanmi un cuarto de hora después por un agarrón sin discusión, cuando la primera había sido por recordar la figura del fallecido Pablo Ráez, un discutible penalti sobre Iñigo y un sinfín de decisiones incomprensibles, sin criterio para ajustar el listón de las tarjetas que fue mostrando sin ton ni son. No sabemos en qué momento nos vendieron que este trencilla era bueno, como así lo consideran en el palco txuri-urdin, cuando siempre que comparece en Anoeta protagoniza unas actuaciones calamitosas que como ayer se encuentran rozando el escándalo. Lo más grave es que tiene mucha experiencia y sabe muy bien lo que pita en cada momento. Y, por supuesto, en la vida arbitraría así, como un pistolero, un clásico. Eso sí, pese al clima de locos que provocó, si alguien se tuvo que sentir perjudicado en decisiones vitales fue el Eibar.


Muchos aficionados armeros se sorprendieron cuando conocieron que Mendilibar había decidido prescindir de sus torres goleadoras, Adrián y Enrich, para levantar un trivote en la medular compuesto por Dani García, Rivera y Escalante. Una vez más y un derbi más, el gran triunfador fue el técnico de Zaldibar, que supo interpretar a la perfección las claves para desconectar y anular a una Real a la que le empiezan a conocer demasiado el estilo que defiende hasta las últimas consecuencias, como siempre se encarga de repetir Eusebio. Pero no solo eso. Además de acometer la mejor presión de toda la Liga, honor en el que han superado ya hasta al Athletic, los eibartarras proponen un fútbol vertical y veloz, con futbolistas de mucha clase, como Pedro León, gracias a los que ha dado por fin este salto de calidad que les convierte, por méritos propios, en un firme candidato a clasificarse para Europa.


A la Real en cambio se le ha apagado la luz desde que se lesionó Willian José, su faro ofensivo. Los blanquiazules acumulan tres partidos seguidos en Anoeta ante Osasuna, Villarreal y Eibar, en los que, por hache o por be, no les llega para alcanzar ese nivel de contundencia que les permitía sumar tres puntos sin apenas despeinarse y en plena inercia provocada por su evidente superioridad.


El derbi arrancó a una velocidad frenética y con ocasiones en las dos áreas. Juanmi probó fortuna tras dos recortes y Peña en boca de gol no supo dirigir su remate. Desde el inicio, los realistas no consiguieron sacudirse en los aledaños de su propia área el agobiante acoso de sus visitantes. Lo más grave es que no tardaron en cometer errores graves de pase que derivaban en inmediatas opciones nítidas para anotar. Al menos en su primera acción hilvanada, Vela metió en largo a correcaminos Odriozola, cuyo centro perfecto lo cabeceó a la red Juanmi. El tanto no cambió el guion del duelo y, solo un cuarto de hora después, Rulli salvó un remate de Peña y en el córner Escalante cabeceó a la red sin mucha oposición. En los minutos finales, Vela no pudo culminar una asistencia de lujo de cuchara de Xabi Prieto, que fue el mejor de los locales de largo y el único que supo adaptarse al duelo y al escenario. Oyarzabal y Pedro Léon dispararon con peligro desde fuera del área y los visitantes reclamaron una pena máxima por una mano de Yuri, debatible, pero que no pareció voluntaria.


En la reanudación, a los pocos segundos, Lejeune fue expulsado por sacar el brazo en un salto, sin que la acción pareciese excesivamente flagrante ni con ánimo de hacer daño. Cuando Mendilibar estaba reajustando sus líneas, Navas asistió en largo a Oyarzabal, quien se precipitó y chutó demasiado centrado con la derecha, lo que permitió el rechace de Yoel. Poco después llegó la segunda tarjeta infantil de Juanmi, que también dejó a su equipo con diez. Lícito su deseo de homenajear a un malogrado y valeroso Pablo Ráez, pero esto es fútbol profesional y sabe que no puede festejar un gol así, porque los árbitros les vigilan como guardias civiles, tal y como apareció amarilla en mano Undiano en su celebración. La mejor manera de rendirle honores a su paisano era aplicando su lema, el "sé fuerte", hasta el final. Como bien hizo luego el Eibar. Su agarrón y posible ausencia el viernes en Sevilla simplemente no tienen perdón.


Con diez contra diez, al menos comenzó a aparecer un poco más Illarra, al que le había absorbido el trivote armero, y la entrada de Granero por un desafortunado Zurutuza dio un poco más de control a los realistas. Así llegó la jugada del segundo tanto, en la que Xabi Prieto se llevó una disputa aérea para asistir a Iñigo, quien, en posición legal, encaró a Yoel y al intentar regatearle buscó el contacto y cayó al suelo. La jugada admite todo tipo de discusiones, porque el contacto desde luego existió. Vela transformó con suspense la pena máxima y puso en ventaja de nuevo a la Real, que, a falta de veinte minutos, se las prometía muy felices. Vela, Illarra y, sobre todo, Oyarzabal tuvieron la opción de matar el derbi, pero no atinaron. Los blanquiazules seguían jugando demasiado hacia adelante en lugar de anestesiar la contienda. En los compases finales, se sucedieron varios fallos de pase cuando lo que exigía la situación era contemporizar. Odriozola, Yuri, Canales... Hasta que Oyarzabal intentó un regate de tacón en el 93, el Eibar robó, jugó en largo, y el despeje de Navas cayó en los pies de Pedro León (el peor destino), quien, tras un amago, disparó con la zurda y Rulli no consiguió detenerla. Pese a que tenía a jugadores que le tapaban, el disparo era claramente parable. La lógica euforia armera contrastaba con la enorme decepción de los realistas.


El derbi tuvo de todo. Sangre, sudor y lágrimas en una épica batalla entre dos equipos plagados de gladiadores con pinta de competir la próxima campaña en Europa. Lástima que el horario y el árbitro deslucieron el espectáculo. Fueron unas tablas de justicia. Sin vencedores ni vencidos.



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