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Los latidos más fuertes de Alan

El joven, con 18 años recién cumplidos, acaba de ser trasplantado de corazón y se recupera con éxito de la operación en Barcelona

Un reportaje de Amaia Rodríguez Oroz - Lunes, 27 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Alan arropado por sus padres Koro y Fernando, todo un gran equipo en un canto la vida.

Alan arropado por sus padres Koro y Fernando, todo un gran equipo en un canto la vida. (Koro Cantabrana)

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Alan arropado por sus padres Koro y Fernando, todo un gran equipo en un canto la vida.

Una vida sin límites, llena de ilusión y nuevas emociones. Así será a partir de ahora la vida de Alan, quien, después de cuatro operaciones a vida o muerte, recibió el pasado mes de noviembre un corazón nuevo que le permitirá tener una calidad de vida mejor. El joven acaba de cumplir 18 años y, aunque todavía tiene que recuperarse en el Hospital Vall d’Ebron de Barcelona, espera con ansia el día en el que pueda volver a casa. “Tiene mucha ilusión por hacer todas las cosas que hasta ahora no ha podido hacer, como viajar a donde quiera y hacer todo tipo de deportes”, dice su madre, Koro Cantabrana Ruiz de Larrinaga, donostiarra aunque afincada en Iruñea junto a su familia desde hace muchos años.

La lucha de Alan comenzó desde sus primeros días, al nacer con medio corazón. Desde entonces ha pasado cuatro veces por quirófano, contando esta última del trasplante. “Todas las intervenciones fueron a vida o muerte”, relata Koro, quien espera que esta última operación sea la definitiva para que su hijo pueda tener “una buena calidad de vida”. “Estamos todos muy esperanzados y con mucha ilusión”, agrega. “Él ha vivido todo este tiempo con mucha alegría, sin pensar en que por tener medio corazón pudiera ser diferente a los demás, y eso es lo que ha hecho que nosotros vivamos esta experiencia de la mejor manera posible”, destaca.

Recuperación lenta

Tras varios meses de espera, a finales de noviembre se encontró un donante compatible con las características de Alan. La familia se trasladó a vivir temporalmente a Barcelona para estar más cerca del joven y darle “todo el apoyo que necesita”. “Hemos sido su círculo más cercano durante mucho tiempo”, cuenta Koro, que, con su marido y su otro hijo de 14 años, ha permanecido junto a Alan durante todo este tiempo.

La operación salió bien, dice, aunque la recuperación está siendo algo más pausada de lo que les hubiera gustado. “Su cuerpo tiene que adaptarse a esta nueva situación, ya que estaba acostumbrado a trabajar únicamente con medio corazón, y por esto la recuperación está siendo lenta”, dice. Aunque por el momento ni la familia ni los médicos saben cuánto tiempo más deberá permanecer el joven en el hospital, Koro cuenta que esta espera no ha limado “ni por un momento” la alegría de su hijo. “Los médicos tienen que ver cómo responde el cuerpo al nuevo órgano, pero Alan tiene muchas ganas de vivir y, aunque va despacio, lo único en lo que podemos pensar es en que todo va a ir genial a partir de ahora”, comenta.

Una de las ventajas de la edad de Alan es su espíritu positivo. “Él ha sido siempre una persona muy optimista”, cuenta Koro, que señala que una de las primeras cosas que su hijo quiere hacer cuando salga del hospital, en el que ya está en planta después de haber pasado 75 días en la UCI, es “comer pizza, pasta, hacer paddle surf y ver un partido de Osasuna”. Esta actitud del joven no es algo singular en la familia. “Nosotros siempre hemos intentado enseñarle que tiene que ver las cosas que le pasan de la mejor forma posible, que sus limitaciones no le impiden ser un niño feliz y hacer cosas igual que el resto de personas”, cuenta Koro.

Si hay algo que ha ayudado a la familia durante todo este tiempo de estancia en el hospital ha sido la posibilidad de estar todo lo que han querido junto a Alan en la UCI. “En el Hospital Vall d’Ebron permiten a los padres que estemos todo el tiempo que queramos junto a nuestros hijos, y esto es algo muy positivo, porque los chicos, en nuestro caso Alan, se sienten acompañados en todo momento”, destaca Koro, para quien esta medida “es algo fundamental que debería ser obligatorio en cualquier hospital”.

Ahora, tanto Alan como su familia esperan con ansia el día en que el joven salga del hospital, con la esperanza de poder regresar lo antes posible a Iruñea. “Él lo tiene claro, en cuanto salga va a vivir sin ningún límite”, concluye con orgullo.


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