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“Estoy viva de puro milagro”

La irunesa Ainhoa madrid sufrió el viernes el impacto de una ventana caída sobre su cabeza desde un quinto piso. pese al brutal golpe, apenas tiene secuelas físicas y agradece su enorme suerte

Un reportaje de Iraitz Astarloa. Fotografía Iker Azurmendi - Domingo, 26 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:12h

Ainhoa Madrid posa en frente del edificio desde donde le cayó encima una ventana desde un quinto piso.

Ainhoa Madrid posa en frente del edificio desde donde le cayó encima una ventana desde un quinto piso.

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Ainhoa Madrid posa en frente del edificio desde donde le cayó encima una ventana desde un quinto piso.

de repente alguien gritó “¡cuidado!” e, instintivamente, Ainhoa se cubrió la cabeza con las manos mientras se agachaba. Este gesto reflejo y una gran dosis de fortuna le salvaron la vida el viernes.

Eran las 12.45 horas y el paseo Colón de Irun, la arteria principal del municipio, era un ir y venir de gente. En un momento dado, los viandantes observaron cómo una ventana que estaba siendo reemplazada en un quinto piso se venía abajo. Y allí estaba Ainhoa, que en las pocas décimas de segundo que pasaron desde que oyó los gritos de alerta hasta que percibió el impacto de los cristales solo tuvo tiempo de agacharse y cubrirse la cabeza con las manos.

“Abrí los ojos y me estaba mirando todo el mundo, de frente, como con cara de ¿te has dado cuenta de lo que te ha caído encima?”, recuerda. En ese momento, ni siquiera era consciente de lo que le había ocurrido ni de la suerte que había corrido. “Me levanté y les dije -a los testigos- que me iba a sentar en un banco, que estaba mareada y que avisaran a una ambulancia”. Entonces empezó a ser consciente de lo ocurrido. La ventana había caído al vacío, impactando de lleno sobre su cabeza.

El golpe pudo costarle la vida, sin embargo, apenas le ha dejado secuelas físicas: solo unos pocos picotazosde algunos de los cristales que se le clavaron en la cabeza y un latigazocervical similar al de cualquier accidente de tráfico. “Me han hecho placas y un montón de pruebas y está todo bien. Nadie se lo explica. Estoy viva de puro milagro”, afirma al tiempo que reconoce que el viernes volvió “a nacer”.

El aspecto psicológico es ya otra historia. De momento, le abruma el sentimiento de agradecimiento por la suerte que ha corrido, pero reconoce que ahora, mira de reojo las fachadas de los edificios. No tiene reparos en acceder a la petición de este periódico de volver al lugar de los hechos, aunque prefiere no acercarse demasiado a la fachada. “Es que me entra como ansiedad”, afirma.

Mientras recuerda lo ocurrido, no deja de agradecer a todos los que la atendieron. “Todo el mundo se volcó. Parece una tontería pero, por ejemplo, nadie me dejó tocarme la cabeza hasta que llegó la ambulancia. Gracias a eso no me hice más heridas, porque estaba llena de cristales”, señala.

Además, muchas personas se ofrecieron para declarar como testigos de lo ocurrido. “La verdad es que no tengo más que palabras de agradecimiento. Desde los municipales hasta los médicos y toda la gente que estaba en ese momento en la calle y vio lo que pasó”, insiste.

“Nadie se asomó a ver qué tal estaba”

No puede decir lo mismo de los responsables del accidente. “En ningún momento nadie se asomó, ni bajaron a preguntar qué tal estaba, ni nadie me ha dicho nada”, cuenta resignada. Tampoco los dueños de la vivienda afectada se han puesto en contacto con ella. “Al parecer, vive una señora mayor que no sabe muy bien qué es lo que ha pasado y que se está desentendiendo”, explica.

Por el momento, la Policía Municipal ha abierto un atestado para esclarecer lo ocurrido, mientras aconsejan a Ainhoa que dé parte a su seguro de hogar. “¿Presentar denuncia? Pues no lo sé, la verdad. No sé qué es lo que se hace en estos casos. Es que en realidad no tengo nada”, afirma.

Mientras decide cómo actuar, continúa dando gracias por poder contarlo. “Debo tener 20.000 ángeles de la guarda”, se congratula.

gorbea


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