Diario de GipuzkoaDiario de Noticias de Gipuzkoa. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

Períodico de Diario de Noticias de Gipuzkoa
Tribuna abierta

Desterrados en su propia tierra

Por Iñaki Anasagasti - Viernes, 24 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Imagen

Galería Noticia

Imagen

El mes pasado, junto a Josu Erkoreka, presenté el libro, editado por el IVAP, Euzkadi, la guerra antes del Estatuto, de Pedro de Basaldua, quien a instancias del Bizkai Buru Batzar fue el secretario personal del gobernador civil de Bizkaia José Echeverria Novoa tras el inicio de la sublevación militar del 18 de julio de 1936. Desde su extraordinario minarete, Basaldua cuenta todo lo ocurrido en esos tres meses clave, cuando la guerra acababa de estallar y él estuvo en todas las salsas de lo que se hizo para que los sublevados no se hicieran con el cuartel de Garellano, y hasta la elección en Gernika del primer lehendakari de nuestra historia, José Antonio de Aguirre, a quien conocía de mítines conjuntos, actos de partido, página social en el diario Euzkadi, y de todo lo que se movía en aquellos años republicanos. Basaldua cuenta cómo pasó de ser secretario de Echeverria Novoa a secretario del lehendakari Aguirre el mismo día de la elección de este.

Tres iban a ser los libros a añadir a la larga colección de escritos por Basaldua a lo largo de los años, ya que escribía muy bien;el que presentamos y otros dos por escribir. Uno, sobre El Carlton-Lehendakaritza, donde nos iba a ilustrar lo que fue aquel hotel-presidencia, cual olla a presión durante la guerra, los Consejos de Gobierno, la vida en su día a día, la organización de una nueva administración y las deserciones finales. Y el tercero, sobre su trabajo con el lehendakari. Nadie mejor que él para contarnos cómo era en realidad y cómo tomaba las decisiones Aguirre, ya que le acompañó en todo momento en aquellos meses críticos, también mucho antes en Acción Católica y Juventud Vasca de Bilbao.

De momento, solo hemos podido lograr que se edite este dedicado a los tres meses clave y que trata de los primeros momentos de desorientación, la sublevación en Gipuzkoa, la ayuda de Bizkaia a Gipuzkoa, la compra de armas, la batalla de Irun, la amenaza de Mola de destruir toda Bizkaia si no se rendían, los excesos en el Cabo Quilates, cómo le trataron al obispo de Valencia, el durangués Laucirica, y cómo se portó este con quienes le habían salvado;el bombardeo de Bilbao, los asesinatos en los barcos-prisión, la denuncia a una “cruzada” que asesinaba sacerdotes, las Juntas de Defensa, la organización de la sanidad y de los abastos, la situación en Santander y en Asturias, para finalizar en la elección y juramento de Aguirre en la Casa de Juntas de Gernika. Y todo esto contado desde su privilegiado mirador y trabajando con un jefe republicano, Echeverria Novoa, que estuvo a la altura de aquel momento.

A Basaldua le tocó seguir la ruta de la derrota vasca. Bilbao, Trucíos, Santander, Barcelona, París, Marsella y finalmente Buenos Aires, donde falleció en 1985, tras haber realizado una obra ímproba visitando los Centros Vascos, moviendo los temas de la democracia cristiana en la peronista Argentina, su amistad con quien fuera luego presidente de Chile, Eduardo Frei, acudiendo al Congreso Mundial Vasco y leyendo una ponencia que ponía los puntos sobre las íes de lo que había que hacer y muchas cosas más.

Durante todo el largo periodo de la dictadura franquista y en el exilio de Argentina, Pedro de Basaldua siempre fue una referencia política de valores democráticos.

Aquel delegado del Gobierno Vasco en el exilio, que había sustituido al diputado bermeano Francisco de Basterretxea en su puesto de delegado en la Argentina, no dejó de servir nunca a la causa de la libertad de su pueblo perseguido y silenciado.

Alto, delgado, elegante, emotivo orador y buen escritor, cada cierto tiempo aparecía por Caracas para visitarnos. Allí hablaba con gentes de la colectividad y del Gobierno venezolano y nosotros le organizábamos conferencias. Recuerdo una que nos ofreció en Euzko Gaztedi en la que tuve el honor de presentarle en el Centro Vasco.

Por eso cuando, muerto el dictador en 1975, el nacionalismo vasco salió de la clandestinidad y se tuvo que volver a organizar una democracia nucleada alrededor de los partidos políticos, no dudamos en invitarle a volver del exilio y que nos dirigiera la palabra tras la Asamblea Nacional de marzo de 1977 en el polideportivo Anaitasuna de Iruñea. Él, junto a Manuel de Irujo, Juan de Ajuriaguerra, Concha Azaola, Manu Robles Arangiz y Julio Jáuregui fueron el sexteto activo de tiempos de la República que nos dijo a las nuevas generaciones que había que seguir adelante. De esto hace ahora cuarenta años.

Aquella frase de Pedro de Basaldua en el Anaitasuna de Iruñea en marzo de 1977 puso en pie al auditorio. Él, que dominaba tantas cosas, se asombraría de todo lo que se ha logrado desde entonces

En aquella intervención, el veterano orador dio en el clavo. Pronunció una de las frases más celebradas por aquel entusiasta auditorio, que se cayó en aplausos cuando Pedro de Basaldua, abriendo los brazos como el Cristo del Corcovado, nos dijo: “A mí se me presenta como exiliado y, en efecto, lo he sido, pero los verdaderos desterrados durante estos cuarenta años no hemos sido nosotros, sino vosotros, desterrados en vuestra propia tierra”. El auditorio entregado agradeció la generosidad de aquel luchador que no había arriado sus banderas.

Le recuerdo también en un acto que organizamos en Getxo, así como en Berriz, Arrigorriaga, en Barakaldo y en tantos lugares donde fue requerida su presencia... hasta el punto de que le sugerimos al presidente del BBB, Juan de Ajuriaguerra, que le incluyera en la candidatura del PNV al Congreso de los Diputados por Bizkaia. Y así lo acordamos, colocándole en el quinto puesto. A él, que podía haber estado el primero en la lista.

Aceptó sin ninguna objeción aquel extraño encargo, aunque no tenía muy clara aquella agitación a cuenta de su edad, de la separación de su familia en Argentina y de su documentación argentina. Nosotros le argumentamos que nadie como él, con su vital experiencia de lo que había sido la lucha de los diputados nacionalistas en tiempos de la República, para que integrara una candidatura de gente inexperta para luchar políticamente en Madrid ante aquella nueva época que se abría.

Por eso le acompañamos a la notaría de Salazar, en la Gran Vía de Bilbao, junto a Juan Ajuriaguerra, Iñigo Aguirre, Mitxel Unzueta, Marcos Vizcaya, José M. González, Joseba Zubia, Josu Elorriaga, Juan Cruz Nieves, Federico Bergaretxe y varios más;pero al final tuvimos que retirar su nombre en virtud de los inconvenientes legales que amenazaban con anular toda la papeleta.

Aquel contratiempo no le importó. Nos ayudó a hacer la campaña electoral con el mismo entusiasmo de sus años mozos, aunque un poco sorprendido de que los chavales de EGI hablaran antes que él y tocaran todos los temas. “En nuestros tiempos -nos decía-, el plato fuerte era el del orador principal y los temas que trataba no los tocaban los oradores previos”.

Pero es que en aquellos meses de 1977 nadie sabía casi nada de lo que era un acto electoral, salvo Basaldua, quien a veces como protagonista, otras presidiendo la mesa, otras como apuntador, porque su presencia era importante como testigo de la historia, y otras como espectador, nos acompañó durante casi dos meses haciendo campaña en todos los lugares donde fue requerido saludando a su viejos amigos, a sus correligionarios de Barakaldo, a los que estaban de paso y volvían de América, y a los jóvenes. Con todos estuvo usando las buenas maneras del que se sabe el oficio y le ha dedicado toda una vida.

Cuando, superadas las elecciones de junio de 1977, nos dijo que volvía a su casa de Buenos Aires, el Consejo Regional del Partido Nacionalista Vasco de Bizkaia le despidió ofreciéndole una cena que organizamos en el restaurante Víctor. Recuerdo que allí estuvimos con él Sabin Zubiri, Josu Bergara, Sabin Intxaurraga, Juan José Pujana y yo mismo como miembros del BBB junto con los nuevos diputados recién elegidos: Juan de Ajuriaguerra, Xabier Arzalluz, Kepa Sodupe y el senador Mitxel Unzueta. Al final de la cena, Juan de Ajuriaguerra le despidió en nombre de todos agradeciéndole lo que había hecho en esos tres meses desde que había vuelto del exilio. Y como presente, le entregó el libro de Ceferino de Jemein sobre Arana Goiri que acababa de ser reeditado por Saratxaga y con las firmas de todos los presentes. El libro llevaba la siguiente dedicatoria escrita por Ajuriaguerra:

“Viniste de América y encontraste un Nuevo Mundo, una Nueva Euzkadi vibrante y un partido semiorganizado, pero fuerte. Esperamos que cuando vuelvas de nuevo y que sea pronto, encuentres la misma vibrante Euzkadi y un partido organizado y más fuerte aún. Un abrazo de todos”.

Si viviera y viniera, asombrado, no daría crédito a lo que se ha hecho en estos cuarenta años.


COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Noticias de Gipuzkoa se reserva el derecho a eliminarlos.

Últimas Noticias Multimedia

    • Avda. Tolosa 23 20018 Donostia
    • Tel 943 319 200 Fax Administración 943 223 900 Fax Redacción 943 223 902