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Tribuna abierta

PISA eres tú

Por Mikel Agirregabiria Agirre - Martes, 21 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Una profesora dando clase a sus alumnos.

Una profesora dando clase a sus alumnos.

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Una profesora dando clase a sus alumnos.

Parafraseando al insigne poeta, podríamos comenzar preguntando “¿Qué es PISA? ¿Y tú me lo preguntas?, PISA... eres tú”. Porque el Informe PISA es una autofoto que pagamos para que nos retraten como sociedad, pero en este selfie aparece únicamente nuestra juventud a los quince años. En el caso de la Comunidad Autónoma del País Vasco se ha pasado la prueba a 3.612 estudiantes (una muestra de casi el 20% de esta generación).

En síntesis, los resultados obtenidos no muestran una progresión favorable entre las cinco evaluaciones PISA (2003, 2006, 2009, 2012 y 2015) en ninguna de las competencias medidas (comprensión lectora, matemáticas y ciencias), que ondean en torno a la media de la OCDE, siendo además menores a lo esperado por nuestro Estatus Socio-Económico y Cultural (ESEC). El Informe PISA se realiza desde el año 2000 por encargo de los gobiernos, regularmente cada tres años. No se evalúan materias curriculares, sino que se miden las tres áreas troncales de competencias instrumentales, con pruebas independientes del currículum (para así comparar entre países).

PISA no analiza los programas escolares nacionales, sino las aptitudes y las competencias que son relevantes para el bienestar personal, social y económico. Para ello, no se mide el conocimiento escolar como tal, sino la capacidad discente de poder entender y resolver problemas auténticos. PISA evalúa lo que el alumnado sabe y es capaz de hacer.

La finalidad de PISA no es solo describir la situación de la educación escolar en los países de la OCDE, sino promover su mejora. No es ni una evaluación individual del alumnado, ni de los centros educativos (si bien existe para ello un recomendable PISA for Schools, que no se usa en nuestros centros).

PISA es un estudio internacional avalado por un máximo rigor estadístico y pedagógico, con un portentoso marco conceptual de irrefutable validez y sobre la base de unas admirables preguntas formativas presentadas en contextos personales o culturales relevantes. Por todo lo cual, PISA ofrece datos objetivos y comparables de superlativo interés para cualquier sociedad y para sus responsables educativos.

Nuestros resultados oscilan en torno a la media de la OCDE desde 2003, desde que el muestreo significativo permite distinguir a la CAPV. Si bien en Matemáticas y Lectura suelen superar levemente el promedio (no en esta ocasión la compresión lectora), la Ciencia ha estado por debajo (en lo que es concluyente nuestra escasez en horas lectivas en esta materia). En PISA 2015, la CAPV se equipara a Suiza en Lectura, a Reino Unido en Matemáticas y a Luxemburgo en Ciencias.

Nuestra juventud es un reflejo y avance de nuestra sociedad, y PISA nos confirma que no somos un país destacadamente lector, ni nos distinguimos (ni por exceso, ni por defecto) en la comprensión de metalenguaje matemático y científico.

Nuestra realidad de bilingüismo oficial es algo común para la mitad de países y población de la OCDE, pero la distancia lingüística entre ambos idiomas, la situación de lengua minorizada durante décadas del euskera y la decidida apuesta familiar por su recuperación implican menor comprensión y velocidad lectora de la lengua familiar… lo que es un hándicap a los quince años, aunque sea una ventaja posterior para ambos idiomas y otros extranjeros. Cierto que en la Comunidad Foral de Navarra la situación sociolingüística es parecida y mejor su resultado en PISA, pero la recuperación del euskera allí es menor, y existen factores diferenciales en su población escolar (menos suburbana…), sistema educativo…

El sobresalto informativo que se produjo al ser conocidos los resultados de PISA 2015 puede ser positivo si nos arroja de la zona de confort. Sería descaminado relativizar o minimizar lo que PISA nos interpela;por el contrario, debe ser un revulsivo catalizador para que la Educación sea un objetivo estratégico de todo el país, que haga aflorar lo mejor de sus fuerzas políticas, patronales, sindicales y sociales.

Hemos de mantener abierto un debate educativo en profundidad, que analice el cúmulo de agentes y factores intervinientes para que PISA 2018 nos presente una tendencia ascendente de mejora definida en sus tres apartados. Necesitamos convertirnos en una sociedad más inconformista, anhelante y esforzada en la apuesta personal y colectiva por la educación. Recordando a Kant: “Una persona, o un país, no es sino lo que la Educación hace de él”.

A la administración educativa le corresponde adoptar toda una batería de innovaciones como respuesta serena al tiempo que urgente. No hay espacio en este escrito para sugerir vectores de transformación organizativa del profesorado, centros, currículos, instrucciones, orientaciones… que ya se barajan y que han sido y serán anunciados.

La solución no provendrá solo de un ansiado gran acuerdo educativo, donde sería promisoria premisa una inédita Ley Vasca de Educación, aún nunca publicada. La escala de la innovación requiere focalizar centro a centro, aula a aula, familia a familia, cada alumna o alumno en sí mismos. Apremia convertir a los centros de enseñanza en centros de aprendizaje, trabajar la excelencia pero asegurando la equidad, y viceversa.

La complicidad y corresponsabilidad de toda ciudadanía es lo más decisivo. En particular de cada docente, de cada familiar y de cada alumno. Las competencias -que no contenidos curriculares- que mide PISA se alcanzan en la escuela (1.050 horas anuales como máximo) y, sobre todo, fuera de ella (el resto de las 8.760 horas de un año). La lectura constante (en todo tipo de soportes, incluido el papel), el apoyo y acompañamiento familiar, las muy determinantes actividades complementarias y extraescolares, las de aprendizaje conectado con otros condiscípulos son críticas...

La realidad de los jóvenes es muy diferente a lo que imaginamos. Desde hace tiempo, las redes sociales, la industria del entretenimiento y el contexto digital omnipresente son referentes en su formación tan válidos como el hogar o la escuela.

El éxito de PISA 2018 será mérito y voluntad de alumnado y familias, de docentes y de toda la comunidad, a la que hay que transmitir que se aleje del derrotismo tanto del triunfalismo, pero sin olvidar su trascendencia. “La historia humana es, cada vez más, una carrera entre la educación y la catástrofe”, apuntó H. G. Wells.

El alumnado nacido en 2003 que, en menos de año y medio, se enfrente a PISA 2018 debe entender que son nuestros representantes ante el mundo, que su previo y denodado estudio y aplicación en su alfabetización contemporánea (en esos lenguajes humanos y metalenguajes matemático, científico, tecnológico, digital…) son lo que mejor describe nuestro futuro como sociedad. La buena noticia es que somos un país comprometido con nuestra infancia y juventud y con su educación. ¿Te animas a colaborar, a leer más, a opinar,…? Recuerda que tú eres PISA.


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