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Un cruel castigo evitable

La Real pierde en la última jugada ante el Villarreal un punto que pasó de ser escaso para sus méritos a bueno por las ocasiones visitantes

Mikel Recalde - Lunes, 20 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Vela, de rodillas, se lamenta de una ocasión errada durante el partido disputado ayer en Anoeta.

Vela, de rodillas, se lamenta de una ocasión errada durante el partido disputado ayer en Anoeta. (Foto: Ruben Plaza)

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Vela, de rodillas, se lamenta de una ocasión errada durante el partido disputado ayer en Anoeta.Canales, Zurutuza y Navas, con Rulli sentado sobre el césped al fondo, desolados tras encajar el tanto de la derrota en el último suspiro del partido dispurado en Anoeta.

DONOSTIA. Dice una de las máximas del fútbol que lo que no has podido ganar en 90 minutos no lo puedes perder en el descuento. Y así fue. La Real cayó de la forma más cruel en la prolongación, en un partido extraño, en el que en la primera parte brilló como tantas otras tardes de esta temporada pese a no generar ocasiones y que no supo jugar en la segunda, en la que no gestionó ni reaccionó ante la destacable y paulatina crecida del Villarreal.

Si fuese un combate de boxeo, a los puntos mereció de largo el triunfo, aunque apenas rematara a puerta, pero tampoco se puede discutir que los castellonenses dispusieron de dos ocasiones clarísimas antes de marcar su gol. Una pena, porque el partido se antojaba clave en la lucha por entrar en la Champions y era una oportunidad de oro para alejar casi de forma definitiva al perseguidor directo. Curioso equipo este Villarreal, que ha pasado de tener una de las propuestas más descaradas de la Liga a ser un equipo ultradefensivo. Hubo muchos momentos en los que sus dos delanteros se colocaban a cinco metros de su propia área. Con eso queda todo dicho. A pesar de sus grandes individualidades y hablando en plata, lo que hizo ayer en Anoeta fue poner un autobús al más puro estilo del malogrado Maguregui.

El fútbol es así. No vale de nada discutir si es una estrategia atractiva. Lo único cierto es que la jugada le salió redonda en Donostia, donde logró una victoria que seguro que le supo a gloria. Si les dicen en el minuto 30, cuando estaban asediados y sometidos por el fútbol de toque y de combinaciones largas de la Real, que se van a llevar los tres puntos, no se lo creen.

El primer día sin Willian José en Anoeta se saldó con una decepción importante. Se notó mucho la baja del brasileño, ya que su aportación no se limita solo a los goles. Es un punta con un juego de espaldas espectacular, que fija a los centrales, a los que tiene amargados los 90 minutos, y encima con una vocación y una calidad propia de un centrocampista. Juanmi es un gran jugador, pero no tiene nada que ver. Y lo que, sin duda, no aspira ni pretende ser es un delantero centro a la vieja usanza. El malagueño lo intentó, trabajó muchísimo y no marcó por centímetros tras un desmarque marca de la casa. Pero la Real necesita un referente arriba. Un faro. Una boya. Alguien que intimide solo por su presencia. El andaluz es más de robar carteras cuando se han confiado, al parecer poca cosa. Le beneficia jugar de incógnito y aparecer por sorpresa en el área.

Solo así se pueden explicar los motivos por los que la Real no se fue al descanso en la primera parte. Con un 68% de posesión, abrumó a su rival, que aguantó como pudo el chaparrón de buen fútbol dentro de su muralla. Fue una Real académica y elegante, que siempre tocó y elaboró con criterio. Sin pegar ningún pelotazo ni rifar ni un solo balón. Su propuesta encandila a su afición, que no paró de aplaudir sus buenas e interminables posesiones. Además, el trabajo de Illarramendi y Zurutuza en la presión y en la recuperación provocaba que el submarino amarillo no pudiera ni coger aire para sofocar y aliviar su agobio.

Pero su actuación tuvo un fallo. Siempre intentó entrar por las bandas, en las que los dos laterales no paraban de incorporarse al ataque, pero en el centro se diluían todos sus ataques. Sin chutar es imposible ganar un partido y en la primera parte, insisto brillante de la Real, no remató entre los tres palos. Su única ocasión de verdadero peligro fue un cabezazo de Raúl Navas que se marchó lamiendo el palo en un saque de falta de Illarra nada más comenzar el duelo. En el otro área, sin noticias del ataque del Villarreal en todo el primer acto.

cambio de panoramaEn la reanudación, los amarillos adelantaron algo más la presión y el escenario ya pintó algo diferente desde el inicio, pese a que su despertar fue lento y progresivo. A los seis minutos, en un fallo increíble, a Rulli se le escapó el balón y lo dejó en los pies de Bakambu, pero este se precipitó cuando estaba la portería vacía y remató alto. Mal el argentino, que lleva un 2017 muy decepcionante. Solo se le recuerda el paradón a Jaime contra Osasuna y una buena actuación contra el Celta. Han sido muchos partidos y muchas actuaciones en las que no está al nivel que todos conocemos. Esperemos que se centre pronto, porque la Real necesita la mejor versión de Rulli en su asalto a los puestos de Champions.

Poco después Juanmi no acertó por milímetros en un centro de Iñigo Martínez, aunque el Villarreal volvió a asustar en un servicio de Mario al que no llegó el meta realista y que no pudo aprovechar Cheryshev.

El dominio territorial seguía siendo local, pero enfrente ya no estaba un visitante acobardado y con semblante derrotado. Los levantinos salían como balas cuando recuperaban y encontraban muchos metros a las espaldas de la zaga txuri-urdin. La mejor demostración fue la jugada en la que Odriozola salvó milagrosamente una internada de Cheryshev cuando ya encaraba a Rulli solo desde el centro del campo.

Yuri dispuso de su opción en un chut que se estrelló en el lateral de la red y Bruno cabeceó al larguero en una triple oportunidad del Villarreal a la salida de un córner sacado al segundo palo. Las dos últimas opciones realistas llegaron en sendos balones que bajó con la testa Navas y que Bautista y Vela no pudieron dirigir entre los tres palos.

La situación hacía tiempo que había dejado de estar bajo control, por lo que, aunque la Real empujaba, el punto ya no era malo. Lástima que los blanquiazules no supieran defender la última acción del encuentro, en la que Jaume Costa regateó con facilidad a Vela y su centro lo remató a la red Samu Castillejo completamente solo en el área. No cerró bien Yuri, que simbolizó el desajuste final de los realistas al estar muchos minutos fuera de su posición, que tuvo que cubrir un solidario David Concha al estar agotado.

No estaba el partido para jugárselo todo a cara o cruz, porque había muchas opciones de perder, por mucho que se hubiese jugado muy bien antes, puesto que el dominio al final era más bien ficticio.

El mazazo fue duro, de los que duelen. Y cruel para una Real que hizo muchas cosas bien, pero que no supo readaptarse al distinto escenario de la segunda parte con la versión mejorada del Villarreal.

Lo malo es que el empate se podía dar por bueno para mantener la ventaja de cinco puntos con los amarillos. La grada consoló a los suyos con aplausos, pero a nadie se le escapa que no se puede perder un partido de esa forma en el último suspiro y que hay deberes por hacer, ya que lo del control abrumador de la posesión no sirve de nada si no lo plasmas con ocasiones de gol en el área. Sin efectividad.


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