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Carmen Sarmiento periodista

“La lucha por la igualdad es lenta y agotadora”

La periodista Carmen Sarmiento suma a su brillante trayectoria el premio Clara Campoamor, que el próximo 8 de marzo le entregará la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena

Julio Flor Iban Aguinaga - Domingo, 19 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Carmen Sarmiento

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Carmen Sarmiento

madrid- Premiar a la Sarmiento es tratar de impulsar una igualdad que se resiste a llegar. A sus 72 años, Carmen Sarmiento sigue recogiendo frutos. Sembró una vida dedicada a los pobres y los desheredados de la Tierra. La mujer en particular y los seres humanos en general. Obtuvo, entre otros muchos, el Premio Nacional de Periodismo y el Nacional de Derechos Humanos. 40 años de profesión, 35 de los cuales en TVE. Conferenciante durante diez años por toda España. A los que hay que sumar estos últimos cinco años, el fruto que le otorgan cada día las mujeres que se le acercan en la calle para decirle palabras hermosas.

Las dos palabras predilectas de Concepción Arenal fueron “igualdad” y “libertad”.

-Esas palabras siguen siendo necesarias y tienen vigencia porque la libertad es relativa y la igualdad todavía no la tenemos.

El Ayuntamiento de Madrid le va a entregar el Premio Clara Campoamor (que escribió la biografía de Concepción Arenal, un referente de esas dos luchas).

-Me han dado muchos premios a lo largo de mi carrera, pero desde el más modesto hasta los más importantes, éste es uno de los grandes en el sentido de que premia mi lucha por la causa de las mujeres. Clara Campoamor fue defensora de los derechos de la mujer. Creó la Unión Republicana Femenina y fue una de las principales impulsoras del sufragio de las mujeres en España, que lo consiguió en 1931. Todas sus luchas le costaron el exilio, muriendo en Suiza.

¿Qué momento están viviendo las mujeres en España?

-El otro día estuve en la presentación de un libro de Nuria Varela que se titula Cansadas, que habla del cansancio de las veteranas feministas. No significa que no vayamos a continuar luchando, pero es muy triste que después de 200 años de lucha feminista en España, seguimos viendo que las mujeres tenemos un 33% de salario menos que los hombres, que cada año se asesinan a entre 50 y 60 mujeres, y una situación de subordinación absoluta al patriarcado.

Decía Saramago que un pesimista es un optimista bien informado. ¿Cómo anda de optimismo?

-Soy genéticamente optimista, pero en estos últimos años me está cercando un cierto desencanto. Vamos a ver si se recupera ese impulso juvenil extraordinario del 15M.

Su vida está llena de una lucha titánica, reconocimientos y cierta herida…

-Arrastro una historia herida, ya que me congelaron durante mucho tiempo series de televisión como Mujeres de América Latina, hay programas, uno sobre el divorcio y sobre el aborto, que duermen aún el sueño eterno en los archivos de TVE, y me truncaron la carrera en el año 1992 no emitiendo la serie, congelándola y teniéndome siete años en los pasillos de TVE sin hacer nada. Las mujeres hemos tenido que luchar de esa manera desesperada en los medios, chocando continuamente con el poder.

¿Qué es el feminismo?

-El feminismo es una lucha de liberación, mientras que el machismo es una lucha de opresión. No todos los hombres son machistas, pero hay un gran conjunto de hombres en la sociedad actual que todavía continúan siendo muy machistas. Algunos de ellos, muy poderosos, son directores o editores de medios de comunicación.

¿Hacen falta medios de comunicación feministas o feministas en los medios?

-Feministas en los medios. Nosotras intentamos la experiencia de Vindicación Feminista, de la que soy una de las fundadoras, cuya experiencia duró dos años. Acabamos arruinándonos todas porque no teníamos dinero para comprar el papel. Ahora se lanza el feminismo desde el ordenador y no te cuesta nada. Me emociona ver que hay jóvenes mujeres que han cogido esa antorcha.

¿Son una buena noticia las manifestaciones feministas contra el presidente Trump?

-El patriarcado sigue vituperando a las mujeres, como ha hecho Donald Trump con sus obscenidades repugnantes, pero es fantástica la contestación masiva de mujeres de todo Estados Unidos que se han manifestado contra él. Por eso digo que la llama permanece. Mi cansancio obedece a que las de mi generación creímos que con la educación de los niños iba a terminar el sexismo.

Es evidente que no ha sido así

-Estamos viendo con estupor que el sexismo no acaba, y que los adolescentes de quince años siguen controlando a través del móvil a sus novias, y dices “pero bueno, cuándo va a acabar esto”. Y lo decimos nosotras, que a través de una educación igualitaria pensábamos que iba a ser distinto, y lamentablemente vemos que el control y la opresión continúan.

La lucha de la igualdad es lenta

-Se han conseguido cosas, evidentemente. Antes había hombres que alardeaban de ser machos, y ahora políticamente es muy incorrecto, y cada vez hay más denuncias y las mujeres tienen menos miedo a denunciar la situación en la que se encuentra. Pero sí, la lucha por la igualdad es lenta, muy lenta. Y agotadora.

¿Cuál diría que son las responsabilidades del periodismo en momento tan oscuros como los actuales para el mundo?

-Muchas. Desde utilizar el lenguaje correctamente hasta huir del machismo y llevar a cabo la denuncia constante. Hoy sabemos lo que pasa aquí y en Ciudad Juárez, o conocemos estadísticas de Rusia, donde asesinan a una mujer cada 40 minutos. Y en México hay 1.400 mujeres asesinadas al año.

Son datos que estremecen. Necesitamos saber. Que luego nadie diga “no lo sabía”.

-Recuerdo cuando TVE emitió mi documental en 1982 sobre la mutilación del clítoris. Entonces hubo gente que me dijo que era una desvergonzada “porque no es posible que eso se haga”. Bueno, pues hoy sabemos que hay cien millones de mujeres genitalmente mutiladas en África y en Oriente Medio. Eso se sabe porque mujeres feministas lo hemos ido denunciando. Y hay que continuar haciéndolo, porque en Egipto, que es el culmen cultural del mundo árabe, las mujeres continúan sufriendo la ablación del clítoris, que ahora se hace en los hospitales con el consenso de los médicos y del poder establecido.

Si una periodista tuviera que hacer hoy una serie televisiva de ‘Mujeres en España’, ¿a quiénes tendría que entrevistar?

-Tendría que hablar en primer lugar de las mujeres trabajadoras de los hoteles, que cobran tres euros a la hora por hacer no sé cuántas camas, de las mujeres que trabajan en el campo, de las mujeres que no pueden romper el techo de cristal a pesar de que haya magníficas abogadas, economistas, ingenieras… Pero el techo de cristal sigue estando ahí y no consiguen los puestos de poder. Habría que hablar de las mujeres maltratadas que después de que denuncian son perseguidas, acosadas y finalmente asesinadas…

¿Qué valores del ser humano le enamoran?

-La compasión, en el sentido de acompañar al otro en su dolor. Creo que cada vez estamos más insensibilizados. Aún veo cada día tres telediarios, escucho la radio y leo los periódicos. Vemos esas oleadas de refugiados sirios que se están ahogando en el mar. Tenemos que pellizcarnos, llamarnos al orden y decir que en el Mediterráneo mueren al año ahogadas 5.000 personas huyendo de la guerra y el hambre, 5.000 seres humanos!

Si volviera atrás, y tuviera la oportunidad de una nueva vida, ¿elegiría el periodismo?

-El periodismo me ha dado las grandes satisfacciones de mi vida, y continúa dándomelas. No hay día que baje a la calle y me encuentre una mujer que me diga algo hermoso, como “yo me hice periodista porque vi tu trabajo” o “me hice feminista porque seguí tus documentales”. A Clara Campoamor se le reconoció su trabajo después de muerta. Yo tengo la fortuna de recibir el reconocimiento de mi sociedad en vida. Sí, me he dedicado al periodismo como si fuera un auténtico sacerdocio.

¿Pasaron volando sus 35 años en ‘TVE’?

-Totalmente. Echo la mirada atrás y me digo: “Qué barbaridad todo lo que he viajado, todo lo que he recorrido, las culturas que he dado a conocer, todo lo bueno y lo malo que me ha pasado, viviendo una vida muy intensa, muy hermosa, con sus espinas y enfermedades, pero también con satisfacciones muy profundas”.

El poeta diría “cómo se pasa la vida / tan callando”.

-La mía se ha pasado entre gritos apasionados (ríe) de luchas y reconocimientos públicos y de emociones, como este premio Clara Campoamor.


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