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Saseta en el recuerdo

Se cumplen 80 años de la muerte en el campo de batalla del comandante VASCO, CUYA FIGURA SERÁ RECORDADA EL JUEVES EN EL CEMENTERIO DE | Hondarribia

Domingo, 19 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Tras presidir los actos conmemorativos del bombardeo de Gernika junto al árbol, los restos de Saseta llegaron a Hondarribia 71 años después.

Tras presidir los actos conmemorativos del bombardeo de Gernika junto al árbol, los restos de Saseta llegaron a Hondarribia 71 años después.

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Tras presidir los actos conmemorativos del bombardeo de Gernika junto al árbol, los restos de Saseta llegaron a Hondarribia 71 años después.

El próximo 23 de abril se cumplirán 80 años del fallecimiento de Cándido Saseta. Comandante del batallón vasco que en el invierno de 1937 acudió a Asturias en apoyo de las tropas republicanas para liberar Oviedo de los fascistas, murió en la ratonera en la que sus hombres se vieron atrapados en las inmediaciones del pequeño pueblo de Areces. Una bala en medio del fuego cruzado acabó con su vida. Un centenar de milicianos pertenecientes a los batallones de Euzko Indarra, Amayur y Prieto, y enviados a Asturias a las órdenes de Saseta, también perecieron en la batalla.

Natural de Hondarribia, militar de formación y abertzale, fue el encargado de formar el Euzko Gudarostea, la milicia del PNV, al poco tiempo del golpe de estado. Por su ascendencia sobre sus hombres y su compromiso en el campo de batalla se convirtió en un mito respetado por todo el abanico ideológico que conformaba el frente de defensa de la República. Su cuerpo no pudo ser repatriado y enterrado en el cementerio de su localidad hasta 2008, después de una campaña de búsqueda, exhumación y traslado impulsada por Sasetaren Aldeko Elkartea y la Sociedad de Ciencias Aranzadi. Con motivo del aniversario, el jueves por la tarde tendrá lugar en el camposanto de Hondarribia un acto de recuerdo a su memoria en el que se espera la presencia de autoridades institucionales, representantes de asociaciones memorialísticas, etcétera.

Saseta nació en 1904 y con 16 años comenzó su carrera como militar. Declarada la guerra tras la sublevación franquista, participó en las reuniones de los líderes políticos partidarios de un movimiento militar soberanista, al margen del ejército republicano. Sobre esa idea formó el histórico Euzko Gudarostea, una milicia del PNV que se gestó en Azpeitia y a la que se incorporaron 600 voluntarios. Era septiembre de 1936 y Gipuzkoa comenzaba a sentir el asedio de las tropas franquistas, que atacando desde Navarra fueron ganando terreno hasta la muga con Bizkaia, donde se estabilizó el frente en la zona de los Intxortas.

Una pequeña porción de Gipuzkoa, el norte de Álava y Bizkaia conformaban el territorio bajo control del Gobierno Vasco. La legalidad republicana también alcanzaba a la vecina Cantabria y a Asturias, con excepción de Oviedo. Con el fin de recuperar la capital asturiana, el Estado Mayor del Ejército del Norte ordenó el envío de tropas a Asturias. El Gobierno Vasco organizó dos brigadas. La primera compuesta por los batallones Perezagua (PCE), Isaac Puente (CNT) y Rusia (JSU) y a cuyo mando se situó Benito Raola, y la segunda, con los batallones Amayur (PNV), Euzko Indarra (ANV) y Prieto (UGT), confiando el lehendakari Aguirre la dirección de esta compañía a Cándido Saseta.

La campaña fue un fiasco. La escasez de medios, los problemas de coordinación y la manifiesta superioridad de los facciosos fueron obstáculos que condenaban el éxito de la misión. Saseta y cien de sus hombres, la mayoría del batallón Euzko Indarra, cayeron abatidos por los disparos franquistas en su ofensiva sobre las posiciones vascas en Areces. “En menudo fregado nos hemos metido por los asturianos”, observó Saseta poco antes de morir, en un claro presagio de lo que iba a pasar.

Hace poco más de un año, se descubrieron una serie de documentos inéditos que arrojaron luz sobre la muerte del militar vasco. Se trata de una carpeta que custodió el PNV en París y que incluye un dossier sobre la muerte de Saseta (La muerte del comandante Saseta), así como partes de guerra sobre las operaciones de los gudaris en Asturias. Sobre el fallecimiento del comandante, un parte de guerra dice cómo un enlace del batallón Amayur apellidado Lartitegi Arrazola encontró en el fragor de la lucha al de Hondarribia tendido en el suelo con una herida sangrante cerca del oído. “Asegurado de que era cadáver”, el gudari tomó la pistola de Saseta y se retiró a la localidad de Premoño. Uno de los documentos inéditos relata así la batalla asturiana: “El comandante Saseta, según testimonio de un teniente del batallón Amayur, comunicó al Estado Mayor que la situación de aquel pueblo, batido por tres flancos, con fuego de ametralladoras y fusil, atacado con artillería y mortero, era completamente insostenible y seguramente, en vista de que no llegaban refuerzos, dispuso la retirada, haciendo salir a las fuerzas ordenadamente”.

El fracaso de la misión causó una honda impresión entre los vascos que se encontraban en la zona bajo la administración del ejecutivo de Aguirre. El Gobierno Vasco responsabilizó al mando del ejército republicano de la zona norte y así se lo hizo saber el propio lehendakari en un telegrama que envió al Gobierno español en Valencia, donde se encontraba la capital republicana: “Fracasada ofensiva sobre Oviedo, responsabilidad recae íntegra sobre mando y estado mayor de ejército del Norte y sobre gobierno de valencia si la ha autorizado”. Para el exsenador Iñaki Anasagasti, que dio con la carpeta que custodió el PNV en París, su contenido “demuestra que fue una quijotada ir a Asturias a morir para evitar que a los vascos les tildaran de antisolidarios en el curso de la Guerra Civil”.


comienza su búsqueda Tras la muerte de Saseta y cien de sus hombres vino el bombardeo de Gernika, la caída de Bilbao y el fin de la guerra en Euskadi. Comenzaba el largo y oscuro periodo de la dictadura, marcada por la represión y el intento de aniquilación del alma vasca. La muerte de Franco abrió el tiempo de la Transición primero y el nacimiento de la autonomía al amparo del Estatuto de Gernika después. Todo este tiempo, sin embargo, los restos de Saseta seguían enterrados en Asturias. Su figura y el sacrificio de su batallón había caído en el olvido. No fue hasta 1999 cuando dos sociedades de Hondarribia (Olagarro y Muara) tomaron la decisión de buscar sus restos con el fin de darles sepultura en tierra vasca.

La misión de búsqueda del cuerpo quedó en manos de Aranzadi. El esfuerzo mereció la pena y en marzo de 2008, gracias a las indicaciones de los lugareños, encontraron los restos enterrados a unos 40 centímetros de profundidad. Según el vecino que guió al forense Paco Etxeberria y su equipo al lugar, la identificación de Saseta era sencilla “porque era el único que llevaba uniforme militar”. Según el relato de varios hombres de la localidad asturiana, casi un centenar de soldados vascos fueron enterrados bajo la campa que los vecinos del lugar bautizaron como el pradón de los vascos. El comandante, sin embargo, fue enterrado a unos 500 metros de la casa principal de Areces, al borde de un camino. Pese a que Aranzadi regresó años después a este lugar para buscar y, en su caso, exhumar los restos de los milicianos vascos muertos aquella infausta jornada, en esta ocasión no hubo suerte, abriéndose nuevas hipótesis sobre su destino.

Después de presidir los actos del 71 aniversario del bombardeo de Gernika, el féretro con los restos de Cándido Saseta fueron trasladados a su localidad natal y enterrados en el cementerio. El jueves se cumplen 80 años de su muerte en el campo de batalla y su figura volverá a ser recordada. - N.G.


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