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Mas e Ibarretxe, ocho años después

Tres vascos residentes en barcelona y un catalán en euskadi analizan el ‘procés’ y la visita de mas a donostia

Un reportaje de Jurdan Arretxe - Domingo, 19 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Ibarretxe saluda a una asistente al mitin del 22 de febrero de 2009 en Getxo, seguido de Iñigo Urkullu y Artur Mas.

Ibarretxe saluda a una asistente al mitin del 22 de febrero de 2009 en Getxo, seguido de Iñigo Urkullu y Artur Mas.

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Ibarretxe saluda a una asistente al mitin del 22 de febrero de 2009 en Getxo, seguido de Iñigo Urkullu y Artur Mas.

“Me cuesta mucho pensar que Sáenz de Santamaría y Junqueras no están negociando nada” “Mas tiene el gran valor de trasladar el centro político de Convergència al derecho a decidir” “Hay demasiados frentes como para decir que la disputa es entre el Estado y el Govern” “Hay una convicción extendida de que la salida a la situación pasa por unas elecciones”

El exlehendakari Juan José Ibarretxe y el expresident Artur Mas se volverán a encontrar en público el miércoles. Será en el escenario del cubo grande del Kursaal. Será desde la atalaya de los expresidentes. Ante 1.806 personas que el viernes agotaron la oferta. En un acto que ha llamado la atención en Euskal Herria. También en Catalunya, aunque menos. Las lecturas son múltiples. En cada casa de la política vasca. En el conjunto. También en la catalana. Más las lecturas que se extraerán en Madrid de lo que pueda decir un exlehendakari que quiere seguir siendo exlehendakari. De lo que pueda avanzar un expresident que deja la puerta abierta a la opción de ser president.

Una de las últimas veces que Ibarretxe y Mas compartieron escena, junto a Iñigo Urkullu, fue en Getxo. Febrero de 2009. Antesala de la última victoria electoral del aún lehendakari. La que les dio a Patxi López y a Antonio Basagoiti la llave de Lehendakaritza. Año y medio antes de que Mas regresara al Palau de la Generalitat. Año y cuarto antes de que el Tribunal Constitucional fallara sobre el Estatut de Catalunya que aprobó el Parlament. Y el Congreso de los Diputados. Y el Senado. Y un referéndum popular ante el que tres de las cinco formaciones principales pidieron el: CiU, PSC e Iniciativa. La primera y la tercera han desaparecido. La segunda, ha caído de los 37 a los 16 diputados. El PP, que acaba de abanderar la Operación Diálogo, desarrolló entonces una campaña contra el Estatut -en algunas plazas, contra Catalunya y sus productos-. ERC también pidió el no.

“Los movimientos que ha habido en todos los lados han destrozado, sirva la expresión, el panorama político catalán, que no se parece en nada al de hace siete años”, diagnostica el que fuera secretario general de EA y hoy residente en Barcelona, Gorka Knörr, que atribuye a Artur Mas parte de esta responsabilidad: “Se le achaca haber tomado posiciones en detrimento de su propia fuerza política, pero hay que reconocerle el gran valor de trasladar el centro político que representaba Convergència hacia el derecho a decidir. Es innegable y de un valor político incalculable”.

El procés que arrancó en 2010 ha provocado cambios irreversibles en la política catalana. Hace siete años es donde Knörr sitúa el choque de trenes del que se habla ahora y que “en Euskadi no se produjo porque se cerró la puerta a cualquier discusión sobre el nuevo estatus”. Con Podemos y Ciudadanos en liza, también ha cambiado al Estado. “Acabe como acabe el procés, nada volverá a ser igual en las relaciones con España”, explica el corresponsal de La Vanguardia en Euskadi, Joan Rusiñol. Y la salida (más que una solución) no se antoja fácil, aunque la situación termina por ser incierta de lo clara que parece.

El cuadro, que conviene mirar desde cierta distancia para intentar entenderlo, se compone de muchas pinceladas breves y rápidas. Las instituciones del Estado pierden popularidad a marchas forzadas entre buena parte de la sociedad catalana desde julio de 2010. El 76% de la encuesta que publicó a comienzos de año La Vanguardia exigen al Estado que pacte un referéndum. Hace casi dos semanas arrancó una cascada de vistas orales por causas vinculadas con el procés contra dirigentes como Artur Mas, Irene Rigao, Joana Ortega, Francesc Homs y Carme Forcadell. El cuadro también está compuesto por la cúpula de la antigua Convergència, juzgada por presunta corrupción. Y un detalle más: el president, Carles Puigdemont, anuncia que no seguirá en el cargo a comienzos de 2018.

La fase actual tiene fecha de caducidad. Se da por hecho que Catalunya está llamada a un referéndum antes de que concluya 2017: en septiembre, según la hoja de ruta que pactaron los partidos que sustentan al Govern. Ahí acaban las certezas. Incluso sin que el propio referéndum lo sea.

“Estamos ante un callejón sin salida”, afirma el catedrático de Comunicación de la Universitat Pompeu Fabra Javier Díaz Noci. “El Gobierno catalán sabe que si plantea un referéndum que no sea legal, es probable que la participación sea muy baja, que la mayoría no participe”, describe por un lado el profesor nacido en Vitoria. Por otro lado, expone la hipótesis de que el Estado plantee la tercera vía. Una opción de la que, según publicó El País, habló el jueves Mas ante 60 estudiantes en Madrid: “Creo que el Gobierno español espera negociar con el futuro presidente de la Generalitat en minoría, que será Oriol Junqueras. De hecho, ya lo están haciendo”.

¿Tercera vía?“Es una impresión personal, no tengo ningún dato y quisiera recalcarlo, pero me cuesta mucho pensar que no se esté negociando nada. Me cuesta mucho pensar que Soraya Sáenz de Santamaría y Oriol Junqueras no están negociando nada, cuando además la economía catalana es absolutamente dependiente del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA)”, afirma Díaz Noci, que percibe a la sociedad catalana expectante: “Un eventual referéndum no acordado y una eventual declaración de independencia con una previsible abstención que podría llegar a los límites de los del 9-N dejaría esto en un callejón sin salida. Habría que ver hasta qué punto la gente, que se manifiesta porque es lúdico y no cuesta nada, sería capaz de mantener una insurrección, insumisión o desobediencia que afecte al bolsillo”. Algo hastiada, la sociedad espera una resolución. La fecha del referéndum es el gran caballo de batalla que esconde en realidad la pugna por el día después al referéndum.

A la mesa se sientan Puigdemont, Junqueras, Neus Munté, Raül Romeva -los cuatro, miembros del Govern- y la cupaire Anna Gabriel. Calendario en mano, Munté explica que en el caso de que la justicia española inhabilite a Carme Forcadell, el referéndum podría ser en julio. Y arranca un debate de objeciones y fechas idóneas que llevan a Puigdemont a marzo “y no se hable más”, antes de encontrarse una nueva negativa: arranca el juicio por el caso Palau. La mejor fecha, concluye la portavoz del Govern, sería noviembre... pero noviembre de 2014.

Esta reunión no es real. Es un sketch de Polònia, el programa de sátira política de TV3 que muchos jueves es líder de audiencia en Catalunya. Que desde 2006 retrata a los políticos y a la política catalana. Y a sus fantasmas. Como el personaje que, con sábana blanca y una urna en la cabeza, ha irrumpido en el plató hace escasas semanas: el Fantasma del 9-N.

“En uno de los gags recurrentes de Polònia estas semanas se ve a Puigdemont y a Junqueras a ver quién firma el decreto de convocatoria del supuesto de referéndum”, explica Díaz Noci, quien comparte que “un referéndum no acordado tiene el Fantasma del 9-N. Van a votar solo los convencidos y no se miden cosas, sino las fuerzas, porque en un referéndum al día siguiente pasan cosas, cosas económicas, como en Québec o en Escocia. Votar un 9-N, en cambio, sale gratis”. Salvo para Junqueras, que si quisiera presentarse después, podría ser inhabilitado por esa firma.

También busca calibrar su papel la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que ya tiene en marcha el proyecto de partido que los comunes aspiran a tener listo de cara a esas elecciones. Colau apoyó a los encausados del 9-N, pero no se sumó a la manifestación.

“En el procés hay demasiados frentes como para decir que la disputa se limita a la confrontación entre el Estado y el Govern-Parlament”, analiza el investigador en la Universitat de Barcelona y doctorando en la Pompeu Fabra, Ander Errasti. A las incertidumbres explícitas como el futuro judicial de los encausados o la fecha del referéndum Errasti suma las “tácitas: “¿qué garantías tiene el Govern de que un referéndum no pactado vaya a cumplir con las garantías? En caso de que las cumpla, ¿qué escenario jurídico, político e incluso social se plantean desde el Govern?”.

En la ubicación contraria de estos tres vascos residentes en Barcelona se halla Rusiñol, aunque coincide en la expectación y la “incertidumbre”. “La agenda pública gira alrededor del referéndum, pero en la esfera privada hay una convicción bastante extendida de que la salida a la situación actual pasa por unas elecciones este año”, reconoce Rusiñol, de cuyo análisis tampoco escapa el Fantasma del 9-N.

Considera que el Govern, con el apoyo de la mayoría del Parlament, “probablemente convoque la consulta. Otra cosa distinta es que, en las condiciones actuales, sin pacto con el Estado, se pueda llevar a cabo con las garantías necesarias. El reto del soberanismo es no repetir un 9-N y el papel de Europa es fundamental”.


Cae la ‘vasquitis’ Mientras llega el día de esa convocatoria, Ibarretxe y Mas se citan en Donostia en un acto organizado por Agirre Lehendakaria Center y Gure Esku Dago. Que ya ha agotado las entradas. Que en Catalunya, de momento, no ha levantado tanta expectación. “Hay prensa que lo enfoca como una visita importante y otra, más de corte antiindependentista, que trata de minimizarlo”, reconoce Knörr desde Catalunya. Díaz Noci explica que “se habla poco;supongo que se hablará cuando ocurra, como la del jueves en Madrid”.

Puede que el descenso de vasquitis del que él mismo habla tenga influencia: “Es muy difícil generalizar y no represento a nadie más allá de mí mismo, pero tengo la impresión de cierta decepción con los vascos, en concreto con las instituciones vascas y, en concreto, con el PNV. El independentismo, sobre todo en las primeras manifestaciones del 11-S, pensaba que las instituciones vascas iban a secundar de alguna manera todo esto y se han encontrado con lo contrario. No sé lo que está haciendo el Gobierno Vasco, pero dos titulares muy seguidos en la primera de La Vanguardia diciendo que esto es imposible… La vasquitis se ha enfriado bastante”.

“Es un hecho relevante, como demuestra la asistencia prevista. Servirá para poner sobre la mesa la idea compartida del derecho a decidir como un logro en términos de ampliación democrática y contrastar las experiencias de Ibarretxe y Mas ante Madrid”, reconoce Rusiñol, que añade una derivada al análisis a la vistia de Mas el jeuves a Sabin Etxea: “La importancia radica en saber si hay margen para que, a pesar de tener caminos distintos, el PNV y el Partit Demòcrata (exCDC) pueden ir de la mano a la hora de buscar el reconocimiento de Euskadi y Catalunya como naciones. Si se lograra, una parte del nuevo independentismo, el que viene de la tradición federal, seguramente se repensaría su posición”.

El Kursaal se llenará el miércoles. Catalunya interesa y la incertidumbre vende. Más como cuando en Catalunya, con cuyo pueblo y causa parte de la sociedad vasca ha tenido histórica simpatía, la temperatura política va a subir en los próximos meses. Las próximas semanas.

Entre el ‘procés’ y el plan ibarretxe


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