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Tribuna abierta

Herrigintza al servicio de la convivencia democrática

Por Enrique Ayerbe Etxebarria - Domingo, 19 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:10h

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Herrigintza. Esta cuestión es la que ha centrado la reflexión en el Seminario de la Fundación Oreki, que lleva el nombre de Pako Garmendia en recuerdo al que fuera uno de los más relevantes politólogos de nuestro tiempo. En la sede de la Fundación Orona, los asistentes, vascos de todos los territorios, hemos querido abordar la pregunta que le interesó hasta su repentina muerte. ¿Qué valores del herrigintza (o acción comunitaria) tradicional, que nos sean posible recuperar, pueden tener utilidad a la hora de abordar las cuestiones más candentes (sociales y económicas, culturales y políticas) que se plantean como retos del vivir y convivir en democracia?

Porque, junto con experiencias trágicas, nuestra historia nos ofrece motivos de inspiración que pueden sernos útiles para mejorar nuestro auzogintza o convivencia en vecindad. Pero no queda ahí el objetivo del seminario. Al interpretar la cultura tradicional no se ha buscado imitar las formas en las que se ha expresado en el pasado ni se trata de realizar un ejercicio de nostalgia.

Hemos querido plantear si, en el contexto de una realidad social dinámica y plural, puede apelarse a que nuestra cultura contiene una reserva de sentido histórico a la que podríamos recurrir. Como uno de los puntos de vista que pueden tenerse en cuenta ante los desafíos del futuro. Buscando que sea útil en la proximidad de las relaciones sociales y económicas cotidianas, en la transmisión del legado cultural, en el cuidado del entorno natural y en la búsqueda de salidas a los conflictos políticos o sociales. Siendo conscientes de que la dignidad de las personas puede ser quebrantada por circunstancias conflictivas que se puedan producir en cualquiera de esos ámbitos.

Las intervenciones de los cuatro ponentes del seminario (Patxi Juaristi, Pako Etxebeste, Ion Muñoa y Goio Monreal) nos han planteado una serie de orientaciones que, recogiendo el sentido de la experiencia histórica, son muy valiosas. He aquí las conclusiones que el grupo ha sacado de una jornada que ha resultado sumamente provechosa.

“Milaka urtez, Pirinio mendietan eta bere inguruetan, bideratu izan diren auzogintza ereduen baitan egin izan dute aurrera euskalerriek eta, beraz, iraun izan du Euskalerriak. Eredu horiek zer ote duten baliozkoa, orainaldian herrigintza demokratikoari

Por comenzar desde la consideración de los modos del lenguaje como “esquemas tipificadores de la experiencia” (Patxi Juaristi), cabe decir que necesitamos lenguajes y experiencias que ayuden a integrar constructivamente y no que sean el principio de incomprensiones y antagonismos que nos debiliten. José Miguel Barandiaran define el lenguaje como “un rasgo de las tradiciones mentales que caracterizan la conducta de los seres humanos”. Pues bien, el euskera abunda en significados que realzan lo común, el sentido de la responsabilidad y el cumplimiento de las obligaciones sociales. Podría beneficiarnos comenzar a vivir de acuerdo con esas concepciones reflejadas en el idioma común.

Hemos de reconocer que nuestro sistema y cultura propios se han debilitado como consecuencia de un proceso de institucionalización que ha llevado a que muchas de las funciones que cubría la acción comunitaria (herrigintza) se hayan dejado exclusivamente en manos de los partidos políticos y la administración pública (Ion Muñoa). Conviene preguntarse el para qué de la sociedad civil. De recuperar e innovar la capacidad de acción de la misma para la mejora de la convivencia. Con un enfoque comunitario, nuestra cultura podría aportar a esa labor elementos de fortalecimiento del capital social que nos ayudarían al objetivo de lograr una mayor eficacia en la respuesta a las necesidades sociales: el auzolan o trabajo en vecindad, las obligaciones sociales compartidas, la reciprocidad en la vida en común, los modos de participación directa desde la base,…

De la cultura que reflejan las locuciones y refranes tradicionales analizados, podemos quedarnos con valores que son de plena actualidad. “La identidad de las personas deviene de su lugar de residencia” (Patxi Juaristi). Es la identificación estrecha entre humanidad y medio, a través del vínculo de la persona con el entorno concreto en el que está enraizada. Puede sernos muy útil recuperar la interrelación intergeneracional que subyace en el fondo de ese corpus de expresiones tradicionales, si queremos garantizar la sostenibilidad de los bienes raíces y de la casa común. Y también que la consideración de los bienes económicos esté más asociada a los factores de trabajo y servicio que proporcionan al común que a la titularidad de la propiedad.

“Conjuguemos el trabajo y la cultura, mantengámoslas vinculadas al servicio de una comunidad”, dijo Arizmendiarrieta. Desde la concreta experiencia cooperativa, se nos propone a la persona como centro del modo de producción que se inaugura en Mondragón. Una persona que actúa vinculada con una “cadena de compromisos” en los diferentes ámbitos en los que se desarrolla la vida humana, desde lo más local hasta lo más universal (Pako Etxebeste). La “revolución diaria” de Arizmendiarrieta es el conjunto de pasos, por pequeños que estos sean, que podemos dar en cada uno de esos ámbitos donde convivimos. Son muchos pequeños compromisos que están al alcance de todos. Y que se pueden emprender en el ámbito de la educación, de la cooperación empresarial, del barrio o del municipio, de las instituciones sociales o políticas…

En el terreno político-institucional, hay necesidad de claridad. A menudo, las mismas expresiones sirven para encarnar significados rivales. Una falta de entendimiento que se manifiesta en la discusión permanente sobre las vías más adecuadas para desarrollar las libertades vascas. Por un lado, el “proceso lento de construcción nacional”. Por otro, el “autodeterminismo puro y duro”. La tradición política, entre nosotros, no ha sido ajena al principio de realidad (Goyo Monreal). Se ha actuado teniendo en cuenta las relaciones de fuerzas y las exigencias de coyuntura. Con la prudencia que exige el tamaño del desafío, pero buscando la construcción progresiva del sujeto nacional.

Difícilmente se pueden acelerar los procesos políticos de forma unilateral sin que se ponga de manifiesto una desvertebración nacional y una fractura social. La vía más lenta ha buscado ser expresión de la bilateralidad pactista de la filosofía política vasca, cuyo ejemplo más exitoso se ha logrado en la negociación de Concierto Económico (Goyo Monreal). Es cierto que esta vía ha sido atacada por las recentralizaciones y no ha colmado el proceso de construcción de la nación vasca. Aunque, la cláusula de reserva de los derechos históricos es el mejor testimonio público de la no aceptación del expolio foral, y opera definitivamente como un muro que impide la asimilación política.


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