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Desde la Avenida de Tolosa

El corazón de un niño

Por Adolfo Roldán - Domingo, 19 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Antes de empezar a leer cierren un momento los ojos y detengan su imaginación en los pintores que dedicaron su obra al Mediterráneo. Me refiero a los artistas cretenses, hititas, egipcios, fenicios, cartagineses, griegos, romanos, francos, árabes, iberos y tantos más. Sus pinceles destilaban vida. En 1914, Ortega publicó Meditaciones del Quijote, en el que asociaba el Mediterráneo al idealismo, la sensualidad, el culto a la imagen, el impresionismo y sobre todo a la luz, tan copiosa en los pinceles de Sorolla, Picasso o Dalí. Ya pueden abrir los ojos, porque voy a hablarles de una muestra pictórica menos colorista, realizada por un centenar de niños sirios de 3 a 10 años y que está expuesta en la Estación Central de Milán. Ha sido cedida por la oenegé Save The Children, y en ella no aparecen los nombres de sus autores, pero ha quedado allí grabado el horror vivido. He visto once de esas ilustraciones y les juro que tardaré en olvidarlas. El primero es un barco enorme, con una multitud de hormigas humanas, tanto en la cubierta como en la bodega de la embarcación. Llevan dos pancartas, en una piden ayuda y en la otra, socorro. Nadie les responde, solo el mar. En el segundo, hay una ola enorme que engulle una patera diminuta. El mar está poblado de niños y en el cielo, nubes negras en forma de mal augurio. En el tercero, un pequeño corre hacia el único salvavidas que hay en la cubierta de un barco escorado. En el vientre de la nave, muchos niños y dos madres con sus bebés, desesperando su muerte. Los siguientes, describen aviones, helicópteros, tanques, ambulancias y bombas por doquier que aniquilan casas y a sus moradores. En uno de ellos, cuatro obuses siembran el cuadro de sangre, mientras en un rincón una rosa roja agoniza alcanzada por un disparo. En otro, el cielo y la tierra están cubiertos ¿de lluvia? No, de metralla, porque deja a su paso un surco de muerte. El que más me ha impresionado ha sido un gran campo yermo y en medio, un gigante que mantiene en alto el corazón de un niño, muerto a sus pies. ¡Maldito Mediterráneo!


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