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Uxue Barkos Berruezo presidenta del gobierno de navarra

“Quizás nos falte un relato, pero este año no ha pasado en balde ”

Después de un aciago 26-J para Geroa Bai, la prensa le ha buscado esta semana con dardos y ella no se escabulle, pero se siente orgullosa de este primer año del cambio.

Una entrevista de Julio Iturri Fotografía Javier Bergasa - Sábado, 2 de Julio de 2016 - Actualizado a las 06:12h

Uxue Barkos

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Uxue Barkos

pamplona- Es muy rápida en las respuestas y habla de seguido, sin pausas, con brío. Sin papeles y ayudada únicamente por un vaso de agua, una botella del grifo de la Mancomunidad de Pamplona y un móvil blanco que deja en silencio a un lado porque le molesta para gesticular con las manos mientras habla. Uxue Barkos Berruezo (Pamplona, 1964) deja de esta manera muy clara la impresión de que se lo cree, de que el cambio en Navarra es su pasión. Pero no elude la autocrítica y la reflexión para corregir lo que haga falta. Tampoco esquiva los malos resultados que Geroa Bai acaba de cosechar en las elecciones generales, pero relativiza las críticas políticas y mediáticas que le han caído aprovechando las circunstancias. Le parece mucho más importante que su Gobierno haya sacado adelante esta semana las leyes de Vivienda o de Renta Garantizada. Esa es la política que se palpa, dice.

¿Se ha recuperado del traspié electoral de Geroa Bai?

-El resultado fue malo y obviarlo sería una insensatez. Hay que analizar y reflexionar las citas electorales cuando los resultados son buenos y cuando no son buenos. Dicen mucho sobre cuál es la percepción y hay que leerlos con seriedad y saber reaccionar ante aquello en lo que se haya podido fallar. Pero la recuperación, desde luego, no tiene nada que ver con el impulso en el trabajo del Gobierno, que nunca ha fallado. Hay que distinguir bien los planos, leer con serenidad, pero no dejarse llevar en la obligación que uno tiene por mor de otros resultados diferentes a las elecciones forales, que dijeron que Geroa Bai sí es herramienta de cambio en la Comunidad Foral. Y yo no soy presidenta con el 4% de los votos, como se ha dicho, sino con 26 escaños que apoyan a este Gobierno.

¿Pueden interpretarse estos resultados como un cierto desapego social hacia el Gobierno del cambio, como se ha leído desde la oposición?

-No, si fuera así, Unidos Podemos no habría tenido los resultados que ha tenido claramente como segunda fuerza en Navarra, por lo tanto de ninguna manera puede entenderse así. Las razones están más en una lectura inteligente de la ciudadanía sobre cuál es en cada momento su apuesta con su voto como su herramienta más capaz. Lo hemos visto en Navarra, pero también en la CAV y en Catalunya.

¿Es recuperable la tensión electoral que hubo en Navarra hace un año?

-No tengo ninguna duda, por eso hablaba de escenarios electorales, momentos o necesidades diferentes de la ciudadanía. Si alguien pretende que los resultados del domingo invalidaran las elecciones forales estaría cometiendo un grave error, independientemente de que a Geroa Bai le compete hacer una lectura severa.

¿El liderazgo de Uxue Barkos sigue siendo el principal activo electoral del cambio?

-Este es un proyecto muy complejo que se conforma con el apoyo sólido de 26 parlamentarios y parlamentarias que provienen de cuatro coaliciones. Y hay muchos activos. Para empezar, la capacidad de entendimiento que a lo largo de este año hemos sabido compaginar las cuatro formaciones para resolver las diferencias y, a pesar de ellas, seguir trabajando donde sí hay acuerdo para responder a las necesidades de la ciudadanía. Es un activo importante. Es mucho más complejo y más completo que la focalización sobre un liderazgo concreto que, en cualquier caso, si me correspondiera lo asumo orgullosísima.

¿Le resulta frustrante el panorama político español que nos ha dejado el 26-J?

-Me resulta frustrante el recorrido que hemos hecho hasta aquí, haber tenido que responder con una convocatoria de nuevas elecciones y la incapacidad de las fuerzas progresistas para encontrar un acuerdo para un Gobierno de cambio también en Madrid. En Navarra se hizo un esfuerzo enorme. Las dimensiones quizás sean otras, pero la responsabilidad es la misma. Aquí asumimos el compromiso de dar respuesta a la ciudadanía que pidió claramente un gobierno de cambio entre diferentes, que se hacen compañeros en la gestión parlamentaria. Y ante los resultados del 26-J, francamente yo habría visto con más simpatía una mayor potencia de la mancha progresista en las nuevas Cortes. Pero ahora urge dar una respuesta de estabilidad desde una posición progresista, porque los números dan.

Un año después de su toma de posesión como presidenta, ¿es un buen momento para la reflexión?

-Es el momento de la reflexión. Y ahora estamos inmersos en ello, a unas semanas de cumplir el primer año de gobierno. Lo está haciendo el cuatripartito sobre el grado de cumplimiento del acuerdo programático y, sobre todo, el dibujo de lo que la legislatura debe ir acometiendo en los próximos tres años. Y lo estamos haciendo en el seno del Gobierno, con un análisis muy sereno pero riguroso, ahora que podemos tener una visión más completa de cómo estaban las cosas cuando llegamos y las soluciones que hemos propuesto allá donde hemos tenido tiempo o las que estamos gestando en estos momentos. Es una reflexión sobre la dirección del equipo que puede ser mejorada o encauzada si hubiera que hacer algún cambio. Pese a las urgencias, los aniversarios suelen ser un buen momento para hacerse una composición de lugar y del momento y para elevar la mirada hacia el horizonte del resto de la legislatura.

¿Qué pondría en el haber del Gobierno este primer año?

-Una apuesta por una fórmula que pocos compartían pero que ha funcionado. Son unas relaciones bien engrasadas entre el Gobierno y la mayoría parlamentaria que lo sustenta. Es una fórmula que permite que se escenifiquen y se expresen con normalidad las diferencias entre el cuatripartito y que eso, sin embargo, no interfiera en la gestión del día a día que tiene que llevar a cabo el Gobierno, que se formó sin cuotas de partidos políticos y con personas que conocen el ámbito en el que desarrollan su responsabilidad. Porque, ya se nos ha olvidado en un año, porque aquí hemos visto cosas muy sorprendentes de gente dirigendo departamentos que parecía una osadía por su desconocimiento. Y un año después, cuando algunos pensaban que este Gobierno iba a mostrar debilidad política, ha demostrado con su experiencia de trabajo que responde al Parlamento con soltura, solvencia y seriedad.

¿Y en el debe?

-Nosotros llegamos aquí a hacernos cargo de la gestión del acuerdo programático, pero con un cuerpo administrativo que llevaba 20 años -o incluso 40- trabajando de determinada manera, sobre la que ahora queremos reflexionar. Queremos ajustar la estructura para hacerla más eficaz y es algo que vamos a acometer ahora.

¿A la política del cambio no le falta un relato global o una música de fondo?

-Quizás no hemos sabido explicar bien algunas medidas que han generado incertidumbre, más allá del ruido partidario interesantísimo. Es verdad que han generado malestar en ámbitos muy sensibles, por ejemplo en las comunidades de padres y madres en relación a la educación de sus hijos. Quizás falte un relato, pero este año no ha pasado en balde. Había que tramitar urgencias como la necesidad de solucionar la falta de asistencia social, de resolver desde una perspectiva intachablemente profesional los problemas de la sanidad pública, de generar planes industriales y sectoriales, de activar las políticas de empleo y formación continua... En fin, había muchos temas de enorme calado que dan soluciones al conjunto de la ciudadanía, pero que quizás sí necesiten en estos momentos un relato, que desde luego este Gobierno tiene muy claro.

¿Con qué prólogo?

-Navarra pasó de ser una sociedad básicamente de sector primario y agrícola a una sociedad industrial en los años 60 y ahora, cuando encaramos el veinte-veinte (2020), tiene el reto de hacer una transición hacia la llamada sociedad 4.0.Y desde luego, en ese relato estamos, sin ningún tipo de duda. Estamos poniendo las bases de una de las grandes oportunidades de Navarra. El frontis lo tenemos;vayamos ahora relatando, pero no desde enunciados vacuos y sin realidades, sino generando contenidos que nos permitan comunicar ese discurso político, pero ya con piedras sólidas después de más de 40 años con otra forma de trabajar.

¿La modificación de la Ley de Símbolos llega tarde? ¿le preocupa que la ‘guerra de las banderas’ le traiga problemas este verano?

-No. Confío plenamente en que los ayuntamientos que decidan por mayoría que hay símbolos que representan a otra parte de los navarros, se puedan expresar con normalidad y naturalidad, aunque no sea en un lugar oficial porque así lo ha establecido una sentencia, tan oportunamente traída en el tiempo, si se me permite la ironía. Es verdad que la modificación de esta ley no ha sido una de las urgencias en la acción de gobierno, pero quizás, efectivamente, no debía haber pasado un año para acometerla.

El PSN parece ahora alineado con la oposición de UPN, ¿pero puede ser un aliado de futuro para ensanchar la mayoría del cambio?

-El PSN hizo un primer gesto, apostando por la abstención en la investidura, que yo siempre he tenido muy en cuenta. Yo tendía la mano al PSN y me habría gustado que hubiera participado en las negociaciones que dieron lugar al acuerdo programático cuatripartito. No lo hizo porque en esa mesa había determinadas formaciones políticas, pero eso lo vamos a ir viendo superado. Mi vocación es que el Gobierno y el acuerdo programático a 26 pudiera ser en algún momento a 33, como lo ha sido en algunas leyes de envergadura. Seguramente todas las partes debemos implicarnos.


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