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Colaboración

El acento electoral

Por Gabriel Mª Otalora - Sábado, 2 de Julio de 2016 - Actualizado a las 06:12h

Una de las cosas más chocantes de estas elecciones ha sido el nulo acierto de las encuestas electorales por las muchas variables que dificultan el trabajo de campo de los sociólogos. Afortunadamente, su campo estadístico se completa con el estudio de las sociedades y sus cambios, cada vez más rápidos, que nos descentra de lo esencial para ser una sociedad con futuro. En este sentido, el nonagenario Zygmunt Bauman sigue siendo un referente social que debería ser tenido más en cuenta. Es una persona que tiene cosas que decir y nosotros que escuchar en medio de la desorientación actual sobre lo que debiera ser esencial, política incluida.

Su capacidad logra decir en pocas palabras lo que otros solo barruntamos: “Diariamente contemplamos cómo se hace el mal, cómo se sufre el dolor, pero el desafío que ello representa para nuestros sentimientos morales queda en gran medida sin respuesta. Entre lo que sabemos y lo que podemos hacer hay una brecha que no sabemos superar”.

Nos hemos refugiado en la impotencia de creer que, hagamos lo que hagamos, no va a servir de nada: pero hacer o dejar de hacer importa, y mucho, aunque no alcancemos a valorar las consecuencias de asumir una responsabilidad y lo que ello supone para mí y para los otros. E incluso cuando sabemos exactamente qué hacer en clave de valores éticos, nos perdemos en las responsabilidades de quién debe realizar esa tarea, a poder ser que lo haga otro;y algunos de los que tienen la encomienda democrática, miran más a los mercados que a los votantes. Son los poderes institucionales los primeros que debieran demostrar su compromiso con estándares éticos globales;su ausencia solo invita a más desorden, al desafecto de la política y los políticos porque parece que nadie es capaz de romper este círculo vicioso.

Sin valores éticos en la práctica política no puede haber comunidad solidaria de ningún tipo, ni justicia, empeñados en contraponer la individualización y la comunidad

Al final, la corrupción no ha pasado factura electoral, al contrario, ganando el PP en los feudos con más corruptelas. Sin valores éticos en la práctica política no puede haber comunidad solidaria de ningún tipo, ni justicia, empeñados en contraponer la individualización y la comunidad, piensa Bauman. Es la mediocridad moral la que acaba por olvidar que la solidaridad se mide por el bienestar de sus miembros más débiles. Hace tan solo 20 años, la crisis humanitaria de los exilados no hubiese podido dar el espectáculo vergonzoso actual simplemente porque la sociedad se hubiese echado encima;hoy, en cambio, el rechazo no tiene consecuencias electorales.

Algunos como Bauman hacen de profeta cuando claman por la construcción de actitudes personales y políticas, aquí y ahora, porque lo que hagamos o dejemos de hacer es enormemente trascendente incluso si no alcanzamos a verlo ni a conocer las consecuencias. Esto me recuerda la utopía de Ghandi cuando no se hablaba del “efecto mariposa” y él basaba su modelo de paz en las personas, una a una, no como masa, apoyado en que el daño a un semejante significa dañarnos a todos, y el bien que uno haga nos hace bien a todos.

Los sociólogos también saben opinar sobre la asombrosa realidad electoral española, que ha roto todas las previsiones seguramente por el miedo individualista que mueve muchas voluntades hasta el punto de que solo sube electoralmente el partido que más corrupción lleva encima, seguramente más que todos los demás juntos, en casos y personas. Qué pena da que los buenos gestores políticos con resultados testados y amor a los colores apenas salen diferenciados del barullo colectivo.

Mientras tanto, el ciudadano de a pie mira insensible el desprestigio de la política que nos persuade con soluciones individuales a problemas compartidos, alejando un reparto más justo de la riqueza. Esta realidad, constata Bauman, significa que el progreso ha dejado de ser un discurso que habla de mejorar la vida de todos para convertirse en un discurso de supervivencia personal. Y estoy seguro que esto no va a salirnos gratis.



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