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‘UN AMOR DE VERANO’

Pasión a contracorriente

La directora gala Catherine Corsini refleja las luchas individuales y colectivas de la mujer

DOS JÓVENES FRANCESAS, DELPHINE Y CAROLE, VIVEN UNA HISTORIA DE AMOR AL TIEMPO QUE PARTICIPAN EN EL MOVIMIENTO FEMINISTA DE LOS AÑOS 70

Un reportaje de Julen Urmanol - Viernes, 1 de Julio de 2016 - Actualizado a las 06:12h

Izïa Higelin y Cécile de France protagonizan ‘Un amor de verano’.

Izïa Higelin y Cécile de France protagonizan ‘Un amor de verano’.

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Izïa Higelin y Cécile de France protagonizan ‘Un amor de verano’.

En 2013, Francia vivió un acalorado debate social. En mayo de aquel año la Asamblea Nacional Francesa aprobó el matrimonio homosexual con una fuerte oposición por parte de un sector de la sociedad gala. La corriente de homofobia de aquel momento y la visión del documental de Sébastien Lifshitz Les invisibles (2012), que incluye testimonios de personas homosexuales y bisexuales, impulsaron a la directora Catherine Corsini a poner en marcha Un amor de verano junto a su compañera, la productora Elisabeth Pérez. A juicio de la realizadora, se ha avanzado en el tema de la homosexualidad, pero todavía queda camino por recorrer: “Es verdad que la gente se esconde mucho menos, pero sigue siendo doloroso para algunos vivir y pregonar su homosexualidad”.

La historia de Un amor de verano comienza en París, en 1971. Delphine (Izïa Higelin), hija de campesinos, se muda a la capital para escapar del yugo familiar, emanciparse económicamente y tomar las riendas de su vida. En París conoce a Carole (Cécile de France), que vive con Manuel y participa en el movimiento feminista de la época. Entre las dos jóvenes surge una historia de amor que cambia sus vidas y que debe enfrentarse a la realidad del momento.

Corsini ha querido homenajear con esta película al movimiento feminista de los 70: “Aquellas mujeres feministas a menudo fueron vilipendiadas y tachadas de “mal folladas”. Yo tampoco fui muy feminista durante años y casi llegué a pensar lo mismo de ellas, pero me di cuenta de que muchas cosas que hoy damos por hechas se las debo a esas mujeres comprometidas y luchadoras. Muchas de ellas eran lesbianas. Por fin, gracias a su movimiento, podían hablar en voz alta. Es más, las mujeres homosexuales hicieron mucho por la emancipación de la mujer en general. La vitalidad, la insolencia del movimiento feminista me sedujo. Hoy en día no hay nada que se le pueda comparar. Entendí que el feminismo colocaba lo humano en el centro, y ese fue el inicio del guion de la película”.

Para documentarse, Corsini entrevistó a varias feministas, leyó publicaciones como Le torchon brûle (La bayeta arde) y se inspiró en las películas militantes de la documentalista Carole Roussopoulos y la actriz Delphine Seyrig, en homenaje a las cuales puso nombre a las protagonistas.

En una de las escenas de la película se recoge una reunión política de mujeres en el anfiteatro de la Sorbona. “La energía que desprende el grupo es bella, alegre, iconoclasta -afirma Corsini-. Para mí, lo más importante era transmitir la vitalidad de la época”. Aunque la historia se sitúe en los setenta, la cineasta se esforzó por no hacer una película “demasiado de época”, y evitar las eternas patas de elefante, las túnicas floreadas y otros elementos, buscando cierta neutralidad. Tampoco la música es únicamente la que se escuchaba en los 70. Junto a temas de Janis Joplin, Colette Magny o Joe Dassin, se incluye música de The Rapture, un grupo actual que expresa la modernidad que Carole lleva al campo, y la música original de Grégoire Hetzel, que aporta lirismo y comunica los sentimientos íntimos de Delphine y Carole.

Historia de amor La cinta es ante todo una historia de amor entre dos personas con un alma bella, generosa y abierta a los demás. Ellas son mujeres capaces de comprometerse políticamente, que tienen, sin embargo, dificultades para defender su propia causa, y en especial Delphine, que tiene el valor de liberar a un gay internado o de tirar bofe a la cara de un médico antiaborto, pero no se atreve a enfrentarse a su madre (Noémie Lvovsky) o afirmar su deseo.

Kévin Azaïs interpreta a Antoine, el joven rechazado por Delphine, y Benjamin Bellecour es Manuel, que se siente herido y, sin embargo, trata de razonar con Carole en lugar de mostrarse celoso. “No quería hombres mezquinos en todo esto. Quería que ellos se preocupasen por las mujeres y que no se limitasen a ser antagonistas. Como dice Carole al principio, no estamos en contra de los hombres, estamos por las mujeres”, apunta la directora.

La crítica francesa ha alabado la fuerza de esta historia de amor a contracorriente, así como la interpretación de las actrices. Carole de France fue nominada por su trabajo en la categoría de mejor actriz en los Premios Cesar 2015 y Noémie Lvovsky, a mejor actriz secundaria.


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